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domingo, 28 de junio de 2009

The show must go on

No hay forma de detenerla. Sigue con su trabajo, impertérrita, inexorable, segando la hierba que pisan los vivos. Siempre al acecho, disfrazada, camuflada de formas diferentes, agazapada para dar el zarpazo definitivo, de improviso o avisando elige y sacrifica; intentando saciar la sed del que nunca se sacia.

Ahora eligió a Michael Jackson. Su marcha invade los mismos medios que durante años, machaconamente, han intentado desprestigiarle, dándole más palos que a una estera. Al unísono, sin desafinar, lo entronizan y coronan como Rey del Pop.

Revisando los resúmenes del Adelanto de los Felices años veinte (la felicidad sería por otras tierras, no en España) me encontré con esta noticia del 17 de mayo de 1920. La muerte tiñó de rojo la arena de la plaza de Talavera. Sucedió una conmoción comparable a la desatada con la desaparición del cantante americano. Un año después, en verano, también eligió a la gente de este país para el sacrificio.