domingo, 1 de octubre de 2017

La saga/fuga de J.B. (38) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Dejar atrás.




"Tralalá instituido y democráticamente aceptado"


La saga/fuga de J.B. (38) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Bastida sueña con un mundo en el que la gente renuncie al ruido. Le hubiera gustado inventar un sistema de silencio. Escandir el silencio, organizarlo en ritmos, medir el ruido de los animales pequeños al moverse y de las cosas que apenas escuchamos, ponerle acentos. Pero ya es tarde, porque cuando uno llega a una convicción, renunciando al ruido, la edad te impide darle la vuelta al alma como a un calcetín. 

Crisanto, natural de Castroforte y sereno de Madrid, era un buen hombre habitante de la noche. Bastida lo apreciaba porque cuando él malvivía en la capital, Crisanto lo invitaba a un chato de blanco y a un pincho de tortilla aquellas noches de hambre negra. Había resuelto el misterio de la Santísima Trinidad y sus problemas políticos aceptando toda clase de contradicciones. Equidistancia en todo. No cree en Dios, pero sí en los curas. Es republicano, pero le gusta el rey porque hace bonito. “Cuando venga el comunismo, los curas nos ayuden desde los púlpitos, porque, para eso de llevar a la gente por donde hace falta, no hay como ellos.” Socialista con dinero, casado, pero se le va la vista detrás de todas. Esto a Bastida le incumbía poco, porque ¿para qué un comunismo de mujeres si él no le gustaba a ninguna? Lo de Julia no es amor. Si le concede cita,  es sólo porque siempre será algo mejor que entregarse a un viajante catalán que si te he visto no me acuerdo. “Las mujeres son así. Razonan de otro modo, y es tonto empeñarse en entenderlas o que nos entiendan.” 




"¿De qué hubiera vivido desde que me echaron de la carcel?"



No dejar ningún tema para después parece uno de los objetivos de don Gonzalo en el relato, aquí aborda sin complejos la relación sexual entre hermanos en un nuevo salto repentino de Jota Be. Los hermanos Barallobre, Jacinto y Clotilde. Ella es la hermana mayor, diecinueve años la adornaban la noche de tormenta en que se desliza en el cuarto del hermano pequeño porque tiene miedo. Se abraza a sus quince años temblorosos y se deja hacer. Él no dijo que no. Lo mete dentro de ella porque lo quiere mucho. A la noche siguiente no hay tormenta y ella no va al cuarto. Ella tiene en su cuerpo el dominio de su voluntad, esclavo de su cuerpo. Tenía que buscar la libertad fuera de ella y ella lo dejaba irse con Lilaila por el día, pero al llegar la noche lo extenuaba, le exigía que le contase todo de la otra. Le aconsejaba que le dijese que la quería para que no lo tomase por tonto. En la intimidad cambiaron el nombre para dejar de ser hermanos. Se llamaban Cuqui y Cuco y Cuqui llamaba a Lilaila cuando la nombraba y mordía a gritos creyendo que así engañaba a Clotilde. Consigue que Jesualdo se la robe con las maquinaciones y palabrería que le hacían sentirse atado y sumiso, sin redención, algo castrado. La castración le hace volver a Abelardo que vive atosigado por el Abad del Claro Valle. Decide viajar a Roma cuando comprende que sólo la intervención del Papa será capaz de librarle del Abad del Claro Valle. Como el Santo Padre únicamente podrá recibirle dos o tres años más tarde por la agenda tan apretada, se convierte en jilguero, el Papa en gato dispuesto a zamparlo de no ser porque se posa en el techo lejos del alcance del felino. Ante el hecho incontrolable de un animal civilizado, surge el diálogo y del diálogo, el acuerdo cuando ambos se ponen al mismo nivel y pueden hablar de tú a tú sin estorbos. 

Como consecuencia del entendimiento, el Papa escribe una carta al Abad del Claro Valle para que deje en paz a Abelardo y él mismo se beneficia porque puede acceder a la prelatura de Tuy. Durante el viaje de fin de carrera no se les ocurre visitar la tumba de Abelardo porque aquello los haría parecer una pareja de turistas vulgares que caminan en manada detrás de la banderita de un guía. A Clotilde la vulgaridad le parece horrorosa. Le hace interesarse en las costumbres de los faraones y de los incas porque los hijos de sus dioses sólo se pueden casar entre hermanos y los Barallobre son hijos de dioses. 

La evolución poética de Jota Be sufre una mutación una tarde de cielo cárdeno, poblado de nubes de desarrollo vertical y caballitos del diablo en el aire. Descubre las contradicciones del Universo debido a una experiencia dolorosa. Lo que a algunos poetas conduce al suicidio, a él le lleva al abandono de las estrofas clásicas, a adoptar la desarmonía, las disonancias rabiosas, salidas de pie de banco y a empantanarse en temas profundos y oscuros. ¿Qué más da que no le entiendan si nadie va a comprender ni compartir su idea de que el mundo es un desbarajuste? Aboga por la utilidad de los idiomas privados, piensa que la incomunicación actual de gente que habla la misma lengua siempre será mayor que en la torre de Babel. No cree que en Babel se entendieran menos que ahora. 




"El silencio me hacía feliz y me parecía la mejor cosa del mundo."


El poema titulado: “La piedra se desprende de su dermatoesqueleto” está inspirado en el desenlace de la historia de Coralina en Heidelberg. Los estudiantes y los tenderos, inflamados de independencia los corazones, se echan a la calle al grito de “Viva la libertad.” Grito revolucionario similar al “A por ellos oé, oé” de los campos de fútbol, que se oía por primera vez a orillas del río Neckar. Los amotinados ganan la batalla al caer la tarde. Asaltan el castillo con la ayuda del crepúsculo, al tiempo que el Príncipe Elector y la Gran Duquesa huyen en carroza. Mientras tanto,  el mejor mozo, el más revolucionario y más gallardo de todos abre las rejas de la prisión de Coralina y le hacen pasillo haciendo bóveda con los sables desenvainados y le acompañan al hotel entre canciones viejas de bebedores de cerveza. 

Coralina quiere agradecerle la liberación como mejor sabe: se le echa al cuello, pero el mozo no asiente a despojarse de la importancia del uniforme emplumado. A cambio le ofrece una intervención en la función teatral del día siguiente. Ella canta la Marsellesa y un bolero andaluz inflamado de una rara efervescencia de rebeldía popular. Allí mismo la proclaman Musa y Alegoría de la revolución triunfante. Pero todo resulta ser un ardid del representante francés de Coralina para recuperarla. Al terminar la función la sube a un coche cuando ya los ulanos entran por la Puerta del Norte para restituir en el trono al rey de Wutemberg. París la nuit no puede permitirse el lujo de prescindir de una de sus más hermosas atracciones.

If you ever change your mind 
About leaving, leaving me behind a 
Bring it to me 
Bring your sweet loving home 
Bring it on, bring it on, bring it on, bring it on 
Home to me
Van Morrison




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 18 de septiembre de 2017

La saga/fuga de J.B. (37) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Un solo corazón.







"El rey Artús abrió la puerta con solemnidad de puerta de bronce"


La saga/fuga de J.B. (37) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Ifigenia lo atormenta con sus celos, le propone irse juntos, dejarlo todo, al marido, al hijo, la reputación. A la negativa responde con un disparo a la desesperada que le roza las costillas. De la herida superficial mana sangre abundante que le sobresalta. La detonación alarma al vecindario y a la Tabla Redonda en pleno. La herida le duele, pero más le duele la traición de Coralina que ni se inmuta cuando le cuentan la agresión, se encuentra ocupada con la jaqueca de Baliño. A Jota Be le reconcome la idea de que Coralina pase la noche con el escultor Baliño, algo que él nunca ha conseguido, pues los encuentros terminan a la hora de la cena y la posterior presidencia de la Tabla Redonda. 

El mundo sigue su rumbo, indiferente a los éxitos y fracasos cumplidos, ajeno al corazón y costado sangrantes de un Jota Be cuando Coralina le devuelve el soneto que con tanto esfuerzo le ha escrito y una nota: “Esta bobada ofende a cualquier mujer. No vuelvas a verme.” Relee el poema escrito con el alma dolorida en un momento febril de temblor creativo. No le encuentra el sentido, pero el ritmo es suyo. Alguien desde el exterior, como el duende que empuja la inspiración, ha encajado las palabras en el molde musical y lo ha deslizado de rondón hasta los umbrales del misterio. Reconoce las vocales como suyas, pero se le resiste la emoción de las palabras. La impotencia ante algo tan sobrenatural le arranca un grito del alma, un aullido incomprensible, sordo y seco, que no espera respuesta. La respuesta le llega del habla humana, con palabras cabales desde la mitad de su cerebro que acoge a Jota Be. Un Jota Be itinerante y supernumerario que marchará porque Julia está a punto de llamar a la puerta. El Jota Be poeta que escribe los versos pensados por la otra mitad del cerebro. Pero también se identifica con el alter ego, y lo explica porque recibe el tiro al salir de casa, sufre el dolor posterior, rabia de los celos y siente deseos de expresarse en verso. Es decir, son uno y no dos. Dos identificados en uno. Como el que sorprende a uno en su intimidad y la destruye.




"El mundo seguía su curso mientras sangraban mi corazón y mi costado" 

Parecía imposible, pero el autor complica un poco más si cabe la trama de la novela con esta meditación sin barnices sobre el tiempo. La doble ubicación de las personas o personajes de la narración, la perfección espacial, parecía más o menos resuelta. Ya parece más difícil poder estar en dos fechas distintas al mismo tiempo. Leer estas páginas produce vértigo al comprobar el trabajo del autor por cuadrar el círculo, trascender el tiempo. 

Estamos en 1873 y en 1930 al mismo tiempo. La narración ha estado en tres Jota Bes y camina al encuentro de otros dos antes de que la trashumancia termine. Oportunidad de volver a morir. Vuelo entre espacios vacíos, entre el abismo que hay de una estrella a otra. Bastida cuenta su futuro, cómo las muchachas llevan flores a la estatua y leen los versos del vate cuando están enamoradas. Se siente poderoso, a tiempo de cambiar el futuro. Su muerte será hoy, el mismo día, como coinciden la historia y la leyenda. Siente "el silencio del alma, algo así como la oquedad de un espacio que no existe, como el vacío del que ha huido de todo, hasta la Nada.” La vida se le acaba y el cuerpo será pasto de las lampreas. Si es hábil a la hora de pegarse el tiro, su muerte no será suicidio sino sacrificio por la patria. Como las bajas de los adoctrinados de mente tatuada de supremacía. Además la muerte no es el final. Ni él mismo que los ha habitado a todos, puede asegurar que los Jota Bes que esperan más Allá de las Islas estén muertos. 

 Ojalá su nombre de pila hubiera sido Carlos o Roque, habría sido funcionario de Ayuntamiento y escena del sofá. Pero lo pusieron Joaquín y eso imprime carácter de poeta y cantautor desde antiguo a la busca del poema en el revoltijo de las palabras desordenadas. En la palma de la mano lleva escrito que se va a morir joven como es imperativo de poetas y cantantes de rock, elegidos por los dioses y ramos de flores perpetuos en la estatua. 

Jota Be no quiere líos, decide inhibirse cuando la algarabía, los gritos y voces de las tropas del Gobierno Central llenan de ruido el hotel. El Rey Artús abre la puerta con solemnidad de bronce y anuncia el Consejo de Guerra histórico con voz temblorosa. 

Bélica, lo que se dice bélica, Castroforte nunca lo ha sido. Las tres ocasiones en que la gente combatió fue arengada por alguien que prefería la muerte a la derrota, como cuando el almirante Ballantyne burla las fragatas inglesas que le persiguen desde la Martinica porque tienen más calado (como en “La española inglesa” de Cervantes). En la mirada de las gentes dirigidas por Lilaila Barallobre centelleaba una ira militar aquella noche que vestía sus mejores galas para la guerra. Sabe por el Lieutenant Rochefoucauld que aquella noche había conjunción de astros y los de su clan mueren con un cielo ordenado. Umbral de eternidad. 




"Me metí en ti cuando salías de casa"


El obispo Jerónimo Bermúdez no puede presumir de castidad. Justifica su cohabitación con Lilaila Barallobre en el hecho de que su unión ya estaba decretada desde antes de los siglos (La independencia de las naciones, también). Difícil resistirse a razones tan hondas y trascendentes aunque ello les equipare al amancebamiento de Ramírez y a la Infanta de Castilla. Siempre con la diferencia de que él se casa con ella en público y como señal de su estima por las mujeres la ordenará diaconisa o presbítera si lo quiere. Los espías le van a Ramírez con el cuento de las audacias canónicas y le echa encima anatemas y tropas. Quiere desobisparle y quemarlo con sambenito de brujo en la plaza de Villasanta. Luego se entera de que sus verdaderas intenciones pasan por robarle la mujer, pues la Infanta se le va quedando fondona con la edad. Intenciones que a él no le desagradan pues sus prejuicios y formación de seminarista le dan a su relación con Julia un matiz sacrílego que le incomoda ya que según le han enseñado si un sacerdote resucita, conserva el carácter impreso de un pastor de almas. ¿No puede ser entonces un razonamiento de Jerónimo Bermúdez? El argumento le mete miedo pues le instala en la sede de Tuy como Jerónimo Bermúdez, ente del pasado y no como José Bastida, presente.

Si a cualquiera le duele 
perder hijos o hermanos 
si a nadie le apetece 
 que le aten las manos 
si llueve cuando llueve 
sobre enfermos y sanos 
si a ninguno la muerte 
 nos dejara olvidados 
Un planeta y un sol 
para toda la gente 
si me falta razón 
quizás sea un demente 
Un solo corazón 
 para toda la gente 
Diego Cruz



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 11 de septiembre de 2017

La saga/fuga de J.B. (36) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester.Tan sol y tan luna.






"Comparecerás ante el Tribunal de Dios cuando los siete astros se junten en columna"

La saga/fuga de J.B. (36) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Hay niebla en Castroforte esta mañana, como casi todas las mañanas. El mariscal Bendaña y don Asclepiadeo se presentan ante el Canónigo, los presbíteros, diáconos y diaconisas. Su presencia descomunal, alzados en caballos poderosos subiendo por la Rúa Sacra hace temblar a las gentes de Castroforte que observan con miedo desde las ventanas. Las pisadas del mariscal al descabalgar resuenan a hierro y a blasfemia. Las de don Asclepiadeo son ligereza alada. Trae consigo el rabel que los obispos escuchan en los recesos de los concilios. Su presencia amansa la fiera, dulcifica la figura del mariscal que quiere tirar por la calle de en medio y acabar a sablazos con aquello. 

Don Asclepiadeo lee las conclusiones conciliares que le condenan por hereje, panteísta, fornicario e “introductor de novedades peligrosas, como lo eran la introducción de impuestos obligatorios y la declaración de que en mi diócesis no había siervos.” El Canónigo responde que a él lo eligió el obispo de Roma y sólo a él debe obediencia. No reconoce ninguna autoridad sobrevenida de tono menor, sólo al obispo de Roma




"Los suponía estrellas de una constelación remota de la que nos llegaban destellos" 

El vientre del mariscal tiembla de risa y rabia debajo de la cota de malla como el anca de un caballo picado por las moscas. “Roma queda muy lejos, y la herejía es una peste que hay que extirpar antes de que se propague.” El anatema lo coloca fuera de la ley y pasa a jurisdicción civil. El verdugo está libre de culpa porque quien mata en nombre de Dios, no asesina, ejecuta. El mismo mariscal jurará ante la cruz que Dios le manda matar. El Canónigo le dice que Dios le tomará cuenta del juramento. Le amenaza que si un solo hombre, mujer o niño de Castroforte cae, comparecerá ante el tribunal de Dios cuando los siete astros se junten en columna. Como las tropas invasoras mataran a muchos, se cumple la maldición al día siguiente: el mariscal dobla la cabeza en un estertor súbito y muere. Pero eso no lo sabía el día anterior porque nunca sabemos el día ni la hora en que viene la parca a llamar a la puerta para llevarte. Amenaza con hacer uso del derecho de victoria, refocilarse con alguna diaconisa al día siguiente. Don Asclepiadeo le riñe al oído por el exabrupto y pasa a las burlas del Canónigo por tener a varias diaconisas preñadas y pregunta qué pensaría si otra papisa Juana reinase en Roma. A ello responde con otra pregunta (Y tu más de los políticos). También la Infanta Doña Mayor le da un hijo anual al Arzobispo y a todos los monjes, abades y clérigos en franco concubinato público. ¡Y qué!, responde, lo importante es que las mujeres no manden en las sacristías. Como la suya que ordena y manda. Como nadie da un paso atrás, dan duro con tieso, el ataque comenzará al amanecer, pero para nada porque el Cuerpo Santo está bien escondido, acogido a sagrado; los límites, escriturados en Roma y nadie salvo los autorizados por el obispo de Tuy podrá pescar lampreas en el río Mendo. 

No fue la única vez que las huestes victoriosas de Villasanta buscaron el Santo Cuerpo Iluminado sin hallarlo, pero sí fue la primera. ¿Será don Acisclo el siguiente en buscarlo? Veremos, pues el futuro no está escrito. 

¿Podrá creer las razones de Coralina para venir a Castroforte? Vino por una promesa que hizo en un momento de apuro. Prometió subir al santuario y entregarle las joyas a los pobres si la libraba de la policía de Napoleón III y de los celos de la emperatriz. Porque ella podía tenerlo todo, pero no sus amantes. Estaba en la cresta de la ola, se movía en un planeta de ensueño de una constelación remota del que llegaban destellos a través de La Vie Parisienne. La pintaba Manet y Offenbach le componía las canciones. 




"Estaban dispuestos a hacer una revolución por darme la libertad."

Se libra de la policía francesa gracias a la intervención de Bismarck que necesita de espía a una mujer fatal, una Matahari que averigüe si en caso de guerra entre Francia y Alemania el Zar de Rusia atacaría por el este. Así es como llega a San Petersburgo y el Zar la lleva al huerto de tablas sicalípticas la segunda noche. Alrededor de su cama se llegan a celebrar consejos del Imperio, pues una vez conocida su condición de espía, le entregan informes falsos para que los remita al embajador de Prusia. Cuando ya no les es útil, la suben en un trineo y ¡hala!, para Austria con la criada y las joyas. ¡Ay, Viena! Allí todos los hombres son húsares de algo “y saben hacer el amor con tanta delicadeza como si bailásemos un vals delante del Emperador.” 

Cuando regresa a Alemania la guerra ha terminado, la ha ganado Bismarck gracias a los informes falsos del Zar. En lugar de alguna medalla recibe disgustos. El Príncipe Electo del Palatinado la confina en el castillo de Heidelberg donde dos ulanos grandes como tilos la guardan permanentemente. Coralina cuenta la historia con ligeras variantes porque a veces el amante es el Rey de Baden-Baden, y otras un semental desaforado vestido de general y en lugar de ulanos grandes como tilos la guardan ulanos de la muerte. Una orquesta de cámara le ameniza las tardes desde un celador. La princesa entonces, rendida al encanto de la música, deja de llamarla puta en alemán. De las cuerdas salen notas ligeras de Bach y Haendel cuando a ella lo que le gusta son los acrobáticos cancanes de Offenbach. Como una cosa lleva a la otra, se ponen a bailar y a cantar en mitad del comedor, los huéspedes y clientes del café le hacen corro, entusiasmados por las puntillas de las bragas que asomaban por la parte de atrás de la bailarina. El paso final enseñando el trasero provoca la sonrisa de don Torcuato que señala a Merlín el lugar secreto en el que guarda los siete lunares proféticos de su destino. Una neblina clara de melancolía invade su calma, los versos dedicados a Coralina están impregnados de ella. Ni la alegría de riachuelo limpio devuelve la alegría a sus ojos.


No puedo dormir. 
No puedo dormir. 
Atravesada entre los párpados 
 tengo una mujer, 
secreta mujer 
tan sol y tan luna 
que abre mis ojos y me obliga a ver 
mi desventura y mi fortuna. 
Y no me deja dormir 
esa mujer, 
esa secreta mujer.
Eduardo Galeano/ Joan Manuel Serrat


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

A la espera de las instrucciones de Pedro sobre las novelas amorosas de María de Zayas, seguimos con la batalla de La saga/ fuga de Torrente Ballester.  

sábado, 1 de julio de 2017

La saga/fuga de J.B. (35) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Créeme





"El Santo Cuerpo se desmorona"


La saga/fuga de J.B. (35) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

El vate no deja de ser niño hasta aquella tarde con Coralina. A la mesa le cuenta cómo el Príncipe Elector del Palatinado la tuvo encerrada en el castillo de Heidelberg. La historia dura todo el tiempo de una comida copiosa que Coralina engulle con una voracidad solo comparable a la de Clotilde cuando invita a Jesualdo (Nótese el salto de JB) a comer el día de la encerrona de las oposiciones de su hermano Jacinto. Jesualdo y Jacinto se han conjurado para sacar y repartirse el número uno y el dos en las oposiciones. Sobre todo por el peligro que, entre pitos y flautas, de fuera venga alguien a enseñar que Núñez de Arce y Pereda son grandes escritores. Ella apuesta por Jesualdo, pero en el tribunal está Unamuno que anda entusiasmado con los ejercicios de su hermano Jacinto. Entre Jesualdo y Clotilde fingen no encontrar la biografía de Luis de Góngora escrita por Miguel Artigas, sin el libro, la exposición perderá brillantez, pues Jacinto sabe poco de la vida de Góngora. Todo lo hacen por la felicidad de Lilaila que ya estaba un poco harta de las extravagancias de Jacinto. Si alejaban a Jacinto de Castroforte, él tenía vía libre con Lilaila y los tres serían más felices porque a Jacinto se le pasaría el berrinche enseguida. Además, a santo de qué decir nada si “en las guerras de amor todos los ardides son válidos.” 

El error fue irse de Castroforte cuando Jacinto y Clotilde volvían de vacaciones. Fue una humana cobardía no quedarse y coger el toro por los cuernos. No lo hizo por delicadeza. Se marcha a Madrid donde le pilla la guerra y emigra después, como hizo toda la vida y como emigración se puede considerar el paso de un JB a otro,  aunque para denominar eso tengamos los neologismos que a su modo de ver debieran estar sujetos a leyes rigurosas, más que nada por evitar la colaboración de aficionados. Para definir con exactitud la emigración de personalidad no existe palabra en castellano, pero sí en su idioma particular. Así, estarabicaliosis sería perfecta porque lleva implícito el sentido de paso de una personalidad a otra y,  además,  la presión en todas las direcciones llevaría al significado de “zotes tarabi calicosis,” es decir, vale más que lo tiren al río. Que es exactamente lo que el Canónigo Balseyro piensa cuando el Corregidor le dice que el Cuerpo Santo se desmorona después de ocho siglos de momia. ¿Qué van a hacer si pierden la protección en el cielo y se desvían los peregrinos en la tierra que es el único negocio que florece desde el bloqueo de la flota y la ruina de los mercaderes? 




"Polvo eres y en polvo te convertirás"

El Corregidor y el Deán le muestran al Canónigo el cuerpo en salmuera, cubierto por una sábana, de una mujer bellísima. De la observación ocular deduce que la mujer ha sido torturada antes de morir. Don Asterisco la acusó de hereje, bruja o cristiana nueva, adelantada a su tiempo por persistir en la costumbre pagana de bañarse todos los días por higiene. Las costumbres de los moros no se pueden permitir. Los llevará al potro si se entera que conservan el cuerpo de la joven en salmuera. El Deán y el Corregidor salen escopetados a buscar los útiles que necesitan para componer los restos del Santo Cuerpo: “Aguja y torcal de seda, aceite de oliva y yerbabuena, cuchillos bien afilados y goma arábiga.” Se queda a solas con Lilaila Armesto y su propia sombra que se inquieta y envuelve el cuerpo de la dama y un extremo se mete por los oídos como la lengua de un ofidio. La sombra le advierte de que ella ha puesto en el espíritu sanador del Canónigo la esperanza irracional de la resurrección del cuerpo suicidado de una antena y comido por los peces chicos y éstos por los grandes. Resultaba imposible reunir aquella carne tan químicamente transformada y triturada. 

Es la sombra la que se ofrece a ayudar. Emite sonidos de alegría que alternan el sol con el fa. Lilaila no soporta la soledad, algo que le recuerda a Julia a la que espera a las once cuando termine de trabajar. Los dos casos guardan similitud porque una piltrafa de hombre puede ser remedio para la soledad sexual de Lilaila y Julia aunque no esté metido en una frasca de aguardiente. Una frasca de vidrio verdoso con un líquido viscoso en el que flota la piltrafa informe. El orgullo del hombre que regresa al polvo de los orígenes, al rudimento del barro antes del soplo divino. 

La luz de los velones deja ver la pujanza juvenil de los pechos de Lilaila y él estaba allí para poner remedio. Frente a frente, de poder a poder la frasca y el dominio de las energías dispersas del Universo. El Canónigo Balseyro ha estudiado medicina y por sus manos han pasado muchas piltrafas, pero ninguna de un culto conyugal tan encendido. Es una privilegiada porque a ver a qué viuda se le permite “conservar en un frasco de aguardiente el miembro viril de su marido.” A la luz de la razón puede asegurar que la teoría por la cuál las reliquias pueden extraerse del sistema en el que se engendra la soledad de viuda para que se sienta un poco más acompañada es brillante. 


"La gente prefiere los caminos trillados y se atiene a los textos de la ley"

A continuación, le enseña las palabras mágicas de los sacerdotes de Osiris: “Seraf, lezet, enam.” Ella las repite delante del frasco. El contenido, un fragmento despreciable de la creación con forma de pájaro avergonzado,  empieza a levantar las alas y a recobrar el brillo, llega a levantar la cabeza como un milagro y crece y crece y oscila como una brújula buscando el norte. Lilaila entusiasmada pide que la dejen sola, el Canónigo y su sombra se retiran y desde la puerta le dice: “Después del uso, se recomienda mudar el aguardiente.” 

Bien sabe el Canónigo que en aquel momento habla como hombre de ciencia, no como mago y que únicamente media docena de colegas lo comprenden. Por eso lo apresan en una mazmorra oscura de Valladolid y el Abad de los Claros Valles persigue a Pedro Abelardo porque cree que el modo de pensar de Pedro Abelardo zapa los cimientos de la casa donde uno vive. Como tirar piedras sobre el propio tejado. Este Abad esclarecido protestaba por todo, claro precedente de los que escriben a la sección de Cartas al Director protestando de esto y de lo otro, pero como entonces aún no había diarios de papel ni digitales escribe en latín al Papa, al Emperador o al Rey. Mal enemigo era el Abad, pero Abelardo ni repara en las malas intenciones del Abad de tan herido de amor que está por Heloísa. Sólo acierta a escribirle un poema que resumido viene a decir: “Podéis robármelo todo, menos la luz de los ojos de mi amada.” Ella escucha con gozo la sentencia cuando el embarazo comienza a desdibujar su cintura esbelta. El Canónigo les aconseja que se casen para no dar que hablar, pero no lo hacen porque hacerlo sería lo mismo que claudicar a los mandatos de sus progenitores que ya descansan en dos tumbas olvidadas. Qué solos se quedan los muertos en la paz de los cementerios. Para Dios ya están casados. Lo malo es convencer a los demás (el poderoso Canónigo de Nôtre Dame y la caterva de primos de Heloísa) de la licitud de lo extraordinario, la gente es conservadora por naturaleza, da pereza salirse de los caminos trillados. No comprenden que en los artículos de una ley no cabe la infinita variedad de la existencia. Ahí está él para corroborarlo, excomulgado en el Concilio de Braga, arrojado a la voracidad del brazo secular cuando encargaron a Bendaña su captura.


But just believe in me baby and I'll take you away
From out of this darkness and into the day 
From these rivers of headlights, these rivers of rain 
From the anger that lives on the streets with these names 
'Cause I've run every red light on memory lane 
I've seen desperation explode into flames 
And I don't wanna see it again
Dire Straits


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


jueves, 22 de junio de 2017

La saga/fuga de J.B. (34) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. La sensatez del desvarío.





"Se hubieran curado por el amor de haberles dado tiempo"

La saga/fuga de J.B. (34) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Heloísa siente la necesidad de filosofar sobre la condición de las hembras desde la infancia. Desde que a los ocho años descubre que su primo Guy tiene una cosa de la que ella carece. Necesidad reforzada cuando una mañana descubre la periódica realidad sanguinolenta de las mujeres referida en la Biblia como “renuevos” y que en romance se denomina “la regla.” Sale de la depresión al descubrir que el odio a la madre abre la puerta a la esperanza. Porque en la complementariedad de deficiencias y en la cohabitación con Abelardo, que odia a su padre por dejarle en herencia la figura esmirriada y el ojo disidente, curan ambos sus melancolías y asesinan simbólicamente al padre y a la madre. De propina, Abelardo se olvida de su ojo virojo. 

Abelardo también filosofa. Un día que las acacias resplandecen por el agua reciente y muestran el verde más tierno, le confiesa a JB que el remedio a las desventuras humanas llegará el día en que los hombres maten al padre y las mujeres a la madre de manera simbólica. Más tarde llegará el momento de meterse en honduras, el turno de la Teología que se encargará de la eliminación del Padre de la Trinidad porque el padre es un concepto alienante. Huelo a heteropatriarcado en franco retroceso. Pero qué hacer con Jerónimo que no siente ningún deseo de matar al padre porque su madre quedó viuda al dar a luz a su hermano Manolo. Su carencia le llevó a valorar la presencia de un hombre en el hogar. Y tampoco es cuestión de universalizar su caso particular porque, a pesar de las similitudes físicas con Abelardo, él no ha sentido el desequilibrio y asimetría que es la base de la personalidad de los virojos. Algo así le pasaba a Coralina cuando se ponía cachonda. Además de desviársele el ojo izquierdo, la mirada se le volvía honda y oscura hasta dar miedo. Pero eso él no lo advierte de tan intensos y agarrados a las entrañas que tiene los sentimientos. 




"Estoy seguro de que me habría salido una preciosa construcción teórica acerca de sus dos personalidades"

Cuando don Torcuato exclama: “Yo he besado esos labios,” piensa en Lilaila Souto Colmeiro. Vigila que la rodrigona no esté con el ama para presentarse en el hotel y que no le den con la puerta en las narices. Pero Coralina es Coralina Soto y no hay más que hablar. Don Torcuato lanza un guante que don Jerónimo no puede rechazar. A él le van a contar que Lilaila tiene siete lunares rubios encima del anca izquierda, el mayor con cinco pelillos y seis desiertos y que acariciados con “la punta de la lengua se advierte que también son de bulto.” Don Torcuato es un rival y el honor exige un acto de desagravio. Don Torcuato debe saber que Lanzarote siempre engaña al rey Artus. Escriturado está en el sílex. Coralina ha sido proclamada como la reina Ginebra por la Tabla Redonda y don Torcuato debe cesar de tomarle el pelo, tildándole de conquistador a escondidas de la estrella de la canción europea. Le recuerda la maldición de los JBEn esos lunares está escrito el destino. Todos los JB han muerto y seguirán muriendo el día de la conjunción astral para la que apenas queda una semana. Reconoce la derrota, pero el rival nunca poseerá a Coralina por vez primera. Que quede claro que Lilaila Souto Colmeiro pasó antes por la cama de Torcuato. La tiene más larga y lo nombra su sucesor. 

Seguidamente, manda labrar al arquitecto de cabecera los siete círculos como siete planetas debajo de la figura de un hombre que lleva un cuerpo en brazos. El porqué aparece en la parte superior del anca de Coralina Soto es algo “que humilla la soberbia de nuestro entendimiento.” El Destino nunca actúa a traición, la llegada a Castroforte significa la Introducción en la Claridad. Así al día siguiente repite lo que Artus había hecho antes, se presenta en el hotel a preguntar si ella es Lilaila Souto. La respuesta afirmativa le duele porque corrobora que Torcuato le ha precedido en el uso de los encantos femeninos de Lilaila, pero qué importa quién sea si le hace un rato compañía. No se hace ilusiones de que su sola presencia la haya seducido, sino que son ya las siete menos cuarto y corre el peligro de pasar la noche a solas. Ella jamás se rindió a los encantos varoniles. Entra temblando a los aposentos mientras ella despide en francés a su rodrigona. La doble personalidad de la dama, a veces Lilaila y otras Coralina en el mismo cuerpo le tiene hecho un lío. (Imagínense a los lectores) 





"¡Chico, chico, calla, calla! ¿Qué más dará, si Coralina y Lilaila son la misma persona?"

Ella asegura que no es mentirosa, a pesar de ser Coralina para el rey Artus y Lilaila para él. JB le dice lo que dicen todos: “Que la estaba esperando desde antes de nacer y que había buscado en vano en las demás mujeres lo que ahora encontraba en ella.” Su carácter de leyenda abunda porque su llegada se espera desde la antigüedad, desde dos mil años antes de Cristo, coincidiendo con la fundación de Castroforte por Argimiro de Efesio. La aparición del Santo Cuerpo fue el heraldo de su llegada. 

Pasan a la suite Royale. Ella comienza las maniobras amorosas que llevan al revolcón, por más que envuelva el momento en lamentos por no ser mar que la abrace en un naufragio o viento que empuje su barco. A ella le gusta hacerlos sufrir y sólo cuando les ve el sufrimiento en el rostro, avanzan en los trámites amorosos. Ella, la institutriz domadora que da y quita, cierra la puerta y nada nos deja saber sobre lo que pasa dentro. Porque lo que pasó entonces es inverosímil y renuncia a contarlo. 

La puerta se entreabre a la hora de la cena, por la abertura vemos al poeta que quiere guardar los recuerdos para tejer un poema largo y lento de amor. Un poema perezoso en el abrazo cálido de Coralina.


Devuélveme el mes de abril 
Se llamaban Abelardo y Eloísa 
Arcángeles bastardos de la prisa 
Alumbraron el amanecer muertos de frío 
Se arroparon con la sensatez del desvarío 
 Tuyo y mío de vuelta al hogar 
Qué vacío deja la ansiedad 
Qué vergüenza tendrán sus papás

Joaquín Sabina





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



miércoles, 7 de junio de 2017

La saga/fuga de J.B. (33) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Mujer, mujer mujer...




"El movimiento automático que provocaba era de tocar madera, uno, dos, tres, fuera gafes."

La saga/fuga de J.B. (33)
Scherzo y fuga
Capítulo 3
Gonzalo Torrente Ballester

Las bulas papales que avalan al obispo Bermúdez molestan al arzobispo Ramírez porque chocan con las ansias imperiales de obispo anexionista. Los límites de la diócesis están congelados en el tiempo, son intocables y ni rey ni roque ni nada los puede cambiar. Las bulas del Papa le desbaratan los planes que tiene de dejar en herencia la diócesis de Tuy a su hijo de tres años, adosados a ella van las pesquerías de lampreas y los derechos exclusivos de custodia del Cuerpo Santo Iluminado. La procedencia cátara de los habitantes de Castroforte es la excusa perfecta esgrimida por el enemigo para entrar a mano armada en la población. El obispo Bermúdez y el Papa charlan sobre la política a desplegar con los nuevos súbditos durante la estancia en Roma de aquél. El Papa no quiere baños de sangre, sobre todo le interesa que la gente vuelva a creer en el sacramento del matrimonio. Un día recibe a diez mujeres, todas solteras porque los hombres no quieren casarse y tampoco es que abunden curas para oficiar. Vienen al mando de una que dice ser la dueña del Cuerpo Santo, bella y triste, que guarda un parecido en los ojos a Heloísa, la mujer de Abelardo, a la sazón estudiante en la Sorbona, respetada por todos aunque nunca falte alguien que precie más su culipotencia. A ver quién puede evitar que haya algunos de mirada baja. Ella es una buena moza, gallarda y hermosa; él, feo y pequeñajo. El ojo derecho goza de autonomía de movimientos. Ojo disidente. A pesar de los esfuerzos que hace por “mantenerlos simétricos en relación al eje corporal de Heloísa.”

Este asunto de la bizquera no es nuevo, le persigue como una obsesión. Conocido es que la caída de la pintura del busto de Coralina Soto contribuye al carácter turbador de la mirada, pero es la bizquera de los pechos lo que causa impacto en los miembros de la Tabla Redonda desde que el escultor Baliño trabaja en la talla de madera. El día en el que la modelo Coralina tiene que descubrirse los pechos lo pasa mal porque se hace público lo que siempre ha creído de contemplación particular. A Merlín le parecen dos quesos colocados encima de una berza. Lo dice por las hojas de higuera que le colocan debajo para que sirvan de inspiración al artista a la hora de tallar los nenúfares que sirven de adorno a la peana de la escultura. Como desagravio de la vulgaridad, tiene que poner las musas a trabajar en metáforas compensatorias que combinen el verde primavera con lo blanco invernizo: esmeralda y nieve; la leche de oveja y el césped: la dureza del mármol y la suavidad del terciopelo. El siseo de los presentes se torna en silencio sólido combinado con el ruido de la gubia de Baliño al sacar redondeces a la madera. El silencio adormece a Coralina y Baliño perpetúa esa sonrisa de orgasmo eterno en la escultura. El pezón derecho mira hacia fuera como si quisiera escabullirse de la jaula. Los comentarios en voz alta despiertan a la modelo “con una risa de cristales escogidos,” que comenta la similitud con las explicaciones del Emperador de Austria el día que la vio desnuda. Su corazón se desangra entre puñaladas imperiales.





"En sus bordes, la secuencia, siempre deshilachada, se mezcla con el comienzo de otra, sin límites precisos"


También extraviado a la derecha, con una desviación más pronunciada que el pezón de Coralina, miraba el ojo derecho de Abelardo. Desde la primera entrevista con Heloísa se produce una dulcificación doctrinal admitiendo que el hombre pueda ser una pasión relativamente útil. Abelardo no contempla que el atractivo físico de Heloísa influya en su satisfacción sino sus cualidades intelectuales y algo su biografía que la convierten en el reflejo femenino de Abelardo; su mente razona a través de silogismos concluyentes.

Qué distinto todo de la primera vez que vio a Coralina el día de la proclamación del Cantón Independiente desde el balcón de Castroforte. Porque hay que salir al balcón a proclamar el divorcio a los cuatro vientos, la liberación del yugo opresor, las bondades de lo single. Lanzar al aire azulado y húmedo la vertiente poética de la imaginación. La utopía desarmada por el veneno de la libertad. Las más encendidas metáforas que cantan el privilegio del libre albedrío. “La convicción de hallarse en posesión de la verdad y su propósito de imponerla a los demás por narices.”

La misma tarde de la proclamación del club de los corazones solitarios, las entretelas inflamadas de banderas, arengas patrióticas y nuevas leyes, llega un cura excomulgado entre el barullo de cascabeles y restallidos de látigos de la diligencia. Desciende al barro de la calle una señora que resbala al bajar y que habría caído si no llega a ser por Merlín que le ofrece la mano y que, de paso, aprovecha para catarle las carnes. También lo hace otra señora enguantada de negro. El sombrero y la capa rendidos para librarla del lodo, antes de que la espalda se doble ante la dama. Ella lo agradece y saluda con un “Caballeros, gracias” dejando aroma de París a medida que se aleja del brazo de su rodrigona camino del hotel. Torcuato se olvida de calarse la chistera y a su paso exclama: “Yo he besado esa boca.” Lo cual supone un golpe bajo para él, un relámpago de desventura y muerte, la misma revelación que experimenta al recibir al grupo de muchachas y que una de ellas le bese el anillo. La vida y la muerte juntas. Porque aquella mujer que toma la palabra en nombre de las demás habrá de ser la legítima y sacramentada esposa del Obispo de la Sede. Igual que Coralina fue la amante del Vate Barrantes o llegó a conocer la intimidad espiritual de Heloísa gracias a la cercanía con el filósofo Abelardo. Igualmente, ayudó a la viuda de Barallobre en cierto trance y llegó a defender Castroforte donde fue testigo de los escarceos de Lilaila Barallobre con el ayudante Rouchefoucauld. Es decir, cinco historias de amor que pueden parecer las mismas para los observadores con prejuicios, incapaces de comprender que cada vez que se inician las maniobras amorosas que acaban en la cama, “lo que acontece es una historia de amor irrepetible y única.” Su esposa era silenciosa en el acto del amor; Clotilde, se espatarraba y emitía largos sollozos entrecortados; Heloísa, amaba con citas de los Santos Padres. Y seguro que doña Lilaila Armesto y doña Lilaila Barallobre tendrían sus particularidades.





"El perfume que deja en el aire es de París."


Después están los motivos. Para su esposa el amor era parte de un proceso de santidad. Coralina necesitaba un hombre cada tarde de seis a ocho; en caso de no tenerlo a mano, se aliviaba con su señorita de compañía. Clotilde era parte de una trama de intereses, el vicio llega más tarde. Lilaila Armesto reconstruía un marido muerto partiendo de una piltrafa de carne. Lo de Lilaila consistió en el estallido pasional de una mujer serena. Para Heloísa y Abelardo todo fue un hallazgo inesperado.

I said woman, woman, woman, woman, woman 
Make me feel so good Woman, woman, woman, woman, woman, woman , woman 
Make me feel alright Alright, alright, alright, alright, alright, alright, alright 
Alright, alright, alright, alright, alright, alright, alright
Van Morrison



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.