Cuatro surcos ya sembrados, en espera
Ayer, domingo, por la mañana bien temprano, tenía faena en el huertito. Unos amigos agricultores, que además de otras cosas, siembran también patatas, me habían dado unas cuantas para plantarlas. Este año hemos decidido sembrarlas, porque es uno de los cultivos más fáciles y que menos trabajo dan a la hora de cultivarlas. Sólo hay que sembrar, verlas crecer y recogerlas en verano. Si la primavera y verano vienen secos hay que regarlas un poco. No mucho, pues dicen que las de secano son mejores. Para que germinen es necesario que la tierra tenga humedad; como ocurre con cualquier planta.
Desde hace unos años, uno de mis hobbies es la jardinería, junto a la huerta, que vino como un efecto secundario. Puedo asegurar que no he visto nada más relajante y que reporte más satisfacción que ver crecer las plantas que tú plantaste y recoger los frutos de algo de lo que has observado su evolución desde el principio. No hay ser vivo más agradecido y que recompense más y mejor que las plantas. Lo único que te piden es que no las maltrates. Si las tratas bien, ellas no te decepcionan. Además nunca protestan por nada. Muy a tener en cuenta este último aspecto.
Intentaré dar cuenta de la evolución de mi pequeño huerto aquí, en el cuento que no es cuento, donde uno cuenta lo que le ocupa.