
Don Miguel en su pedestal vigila con la mirada el vuelo lento y tedioso de las gaviotas disecadas. Con el horizonte limpio, copian la serenidad del viento. Metáfora en bronce del lado oscuro del alma, recorta del azul el peso de sus dudas. El pecho corvo, abrumado en su reverso, como perseguido por los setenta y cinco años desde que él nos dejó.
Pedro Guerra y Ángel González cantan a más gaviotas:

