lunes, 23 de noviembre de 2015

Novelas Ejemplares (11) El coloquio de los perros. Miguel de Cervantes. Carretera y manta.





"Tu madre,  hijo,  se llamó la Montiela, que después de la Camacha, fue famosa"

Novelas Ejemplares (11) 
El coloquio de los perros 
Miguel de Cervantes 

Cipión aprueba la decisión que Berganza tomó en su día de unirse a un amo nuevo, atambor de una compañía de soldados que se dirige al puerto de Cartagena para embarcar. Sostiene así que no es vano lo que ha oído decir de Ulises que cogió fama de prudente por sus largos viajes y por haber entrado en contacto con gentes diferentes, de distinto tipo y condición. Cervantes incide de nuevo en su idea de que las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos cuando Berganza apostilla: “Quien necio es en su villa, necio es en Castilla", “el andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.” Más cierto que nunca en estos tiempos en que todo lo tenemos en un aparato, a un click de distancia. Cercano como darle a un play, accesible como un “me gusta.” “Je m’accuse.” 

Berganza no está listo para el hambre, aprende con rapidez inusitada todo cuanto su amo le enseña. Aprende a bailar la zarabanda y la chacona al ritmo marcado por el atambor y diversas monerías más que causan admiración por saberlas hacer un perro. No queda persona que no acuda a verle actuar a razón de ocho o cuatro maravedís la actuación, dependiendo si el pueblo es pequeño o de mayor entidad. La ganancia es pronto tan abundante que causa envidia entre tanto goloso, aficionado a la vida regalada. Ganar de comer holgando. “Por esto hay tantos titereros en España, tantos que muestran retablos, tantos que venden alfileres y coplas, que todo su caudal, aunque le vendiesen todo, no llega a poderse sustentar un día.” Un retrato corrosivo de la sociedad española que trasciende los siglos y las épocas. Los que viven del trabajo de los demás, maestros del engaño, cobrar sin trabajar. Profesionales de la estafa, expertos en extorsión del tres por ciento. Peritos en luna oscura. (La colza, las preferentes, los sellos. Las púnicas, los eres, la gurtel. El amiguismo. Quien tiene padrino se bautiza. Corrupción normalizada. El patio de Monipodio). 





"Ella congelaba las nubes cuando quería, cubriendo con ellas la faz del sol"


Llegados un día a la población de Montilla,  se acomodan en el  hospital. Apenas una hora después de llegar,  el patio presenta un lleno hasta el tejado. La gente se amontona para comprobar las proclamadas habilidades del perro sabio. La fama vuela de boca en boca. Sin publicidad pagada que valga, ni en internet ni en ningún otro medio. Todo en vivo y en directo,  sin trampa ni cartón. Allí sucede una de las mejores tardes que recuerda el narrador. 

Convenientemente aliñado todo el material narrativo en el caldero del relato, la labia del amo atambor ha encendido el deseo de los espectadores por ver todo lo que Berganza sabe hacer, incluidos los bailes, beber un azumbre de vino o hacerle la competencia al sacristán cantando un sol, fa, mi re. 

Cuando el amo le pide al perro sabio que deshaga los números de circo y se los brinde a una antigua hechicera del lugar, salta la hospitalera entre la gente como un huracán encendido. Parece un tema recurrente de Cervantes y de los autores del XVII, que las acusadas de hechiceras o brujas barbudas, pongan su grito en el cielo defendiendo con todas sus fuerzas su honradez, culpando a jueces corruptos, a falsos testigos y a la ley del encaje todas sus desventuras. Ella ya pena por faltas de índole diferente, no por hechizos que no realizó. La Camacha ya pagó su pecado. Los expulsa del hospital a cajas destempladas. Se acabó la función entre el alboroto de los que habían pagado su entrada. Aquella tarde cobraron sin trabajar. 




"Yo me llamo la Cañizares, si ya no tan sabia como las dos, a lo menos con tan buenos deseos como cualquiera de ellas"


Berganza continúa con el relato de su vida. Lo que sigue del Coloquio de los perros representa una oportunidad única para el autor de introducirnos en el submundo de la brujería de la época, el underground, una realidad paralela, escondida en el subsuelo y alejada de lo oficial, muchas veces ilegal y perseguida, pero bastante popular y por lo tanto atractiva para el lector actual. Lo que la vieja hospitalera le contó sobre sus orígenes es algo que si lo hubieran comentado desde el principio,  se habrían ahorrado la extrañeza que más tarde les causó el hecho de estar dotados del prodigio del habla. El talento que disfruta le viene de cuna, nada de sobrenatural ni mágica imposición de manos. La Cañizares deshace el misterio, la cita con Berganza significa mucho para ella. Ya puede la parca venir cuando quiera, ya puede la muerte llegar y llevarla de esta pesada vida, ya puede dormir tranquila, la misión está cumplida. 

 Por la noche la hospitalera se dirige a él con misterio en la mirada y lágrimas en los ojos. Le cuenta que la Camacha de Montilla era una avezada hechicera, maga antigua de las de antes. Habilitada para congelar las nubes, serenar los días, atraer a los hombres más alejados e indiferentes y remediar doncellas descuidadas en guardar su entereza. “Por diciembre tenía rosas frescas en su jardín y por enero segaba trigo.” Cómo sería la cosa que tener berros en una artesa era menudeo, cosa sin importancia. Con un punto de malicia en su comportamiento por no querer enseñarle en su día las habilidades mayores. Ni a ella ni a la Montiela, madre de Berganza. Experta en encerrarse con una legión de demonios y conjurarlos. La Cañizares admite su deuda del arte de la Camacha y de la Montiela, pero considera que las aventaja en el arte de la untura que es el único vicio reconocido de bruja que le queda. 


¡Uy, las dos y veinte! 
qué charla te he dao, 
hoy sí me he pasao, 
mañana hablas tú, 
como siempre te callas… 
Ven acá pacá, Borja, la toalla, 
¿qué te has hecho en la frente? 
¿Tú has visto qué cruz? 
Bueno, Ana María 
bésame a Vicente. 
Carretera y manta, 
lo que es otro día 
nos traemos del súper las fantas. 
(Como te digo una “co” te digo la “o”)
Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


3 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Quizá los perros aprendan mejor que algunos hombres de sus experiencias. Qué sabio es Cervantes. No sé si has traído bien o no esta vez a Sabina, pero siempre es oportuno...

María del Carmen Ugarte García dijo...

Berganza se va acomodando a las circunstancias de la vida, es sobre todo un vitalista, y sabe salir airoso de esos mundos de estafa y engaño. A lo mejor porque es perro, los humanos como que lo tenemos peor.

Abejita de la Vega dijo...

Lo que más me gusta de Berganza es su visión de la novela pastoril. Los pastores no pasan el día entre músicas y versos, bien lo sabe él que probó de su cayada. Y para rizar el rizo los reconvierte en pícaros que simulan ataque de lobo para zamparse la oveja.

Esa bruja Camacha no da miedo, se parece a la Befana.

Besos, un placer leerte.