martes, 27 de octubre de 2015

Novelas Ejemplares (5) El casamiento engañoso. Miguel de Cervantes. Lenguaje de manos.





"Sacó la señora una blanca mano, con muy buenas sortijas"

Novelas Ejemplares (5) 
El casamiento engañoso 
Miguel de Cervantes 

El casamiento engañoso es un diálogo entre el alférez Campuzano y el licenciado Peralta en la posada de Valladolid en la que éste se aloja (“Pucela se desvela despeinada”). El alférez le cuenta al viejo amigo los avatares de la última parte de su vida. Representantes de las armas y las letras en buena armonía. 

 A primera vista, pudiera parecer que la estructura narrativa es clara, que no presenta mayores dificultades a la hora de ser identificada. Sin embargo, avisados por el profesor Ojeda, sabemos que hay truco. La segunda lectura requiere atención para descubrir dónde está el misterio y tomar alguna nota para después tener algo que escribir en la entrada. Ahí radica una de las mayores habilidades de Cervantes; hacer fácil lo complicado, la maestría que consigue para mezclar planos narrativos y formas de narrar sin que se note mucho, haciendo literatura del propio empeño, cientos de años antes que otros que pasan por el no va más de la innovación narrativa. Emprendemos la relectura con la idea de descubrir los entresijos; cómo está hecha la narración, su recorrido: cómo la personalidad acusada del autor trata con mimo los mimbres de la materia narrativa para tramar el armazón del relato y desembocar en un cartapacio escrito con lo recogido de un diálogo nocturno entre dos perros durante la convalecencia de unas purgaciones. Si hay quien dé más, que levante el dedo. 




"Estaba yo entonces bizarrísimo, con aquella grande cadena que vuesa merced debió de conocerme, el sombrero con plumas y cintillo"


 En efecto, el hospital de la Misericordia se encuentra a las afueras de la ciudad de Valladolid, más allá de la Puerta del Campo, entrada y salida de la parte más noble de la Villa y Corte. El alférez Campuzano ha pasado interno veinte días sudando catorce cargas de bubas que le pegó una mujer quizás en sólo una hora. Se encuentra con su amigo el licenciado Peralta que lo ve desmejorado, con palidez de muerte en el semblante, malo todavía, le suelta socarrón a modo de bienvenida: “Le hacía en Flandes, antes terciando allá la pica que arrastrando aquí la espada!” Le ofrece cama en su posada y el hospedado le cuenta con todo lujo detalles cómo conoce a Estefanía en la posada en la que vivía con Pedro de Herrera, ahora en Flandes. Mozo bizarro aquellos días, tocado de sombrero con penacho de plumas y cintilla. Las podía matar en el aire (su apostura las llevaba de calle) con su porte de pavo real recién llegado de servir en los tercios invencibles. “Queda abrasado con las manos de nieve,” atrapado por la dama aún joven, a la vez madura y vivida, medio embozada. Ella accede a que la vea más despacio en casa a cambio de promesas de montones de oro que el soldado le ofrece. "Accede a que la vea," qué manera de dar el visto bueno a las maniobras amatorias. 

Una vez en casa de la dama, Campuzano corteja, blasona, hende, raja, ofrece y promete todo lo habido y por haber para llevarla al huerto, pero la fortaleza resiste el sitio, todo el florilegio y palabras pomposas, más de cuatro días, “acostumbrada a oír mayores ofrecimientos y razones sin que llegase a coger el fruto que deseaba.” Ella se sincera con él a solas. Se confiesa pecadora, de baja cuna. Todo lo que tiene, lo tuvo que buscar sabe Dios dónde, siempre ganado con sus manos. Su hacienda asciende a dos mil quinientos ducados, son para el hombre al que entregarse, obedecer, regalar y servir. Afirma ser buena cocinera entre pucheros; mayordoma en casa; moza en la cocina y señora en la sala. Reutiliza las cosas, no tira nada y su real cunde más cuando es ella la que ordena el gasto. La perfecta casada, un tratado de buenas costumbres femeninas. Por si no fuera poco, busca mando que la ampare, la mande y la honre. Tanta sumisión y desinterés levanta sospechas del más ingenuo, aquí hay gato encerrado. 





"Seis días gocé del pan de la boda, espaciándome en casa como el yerno ruin en la casa del suegro rico."

 Campuzano, que según propia confesión tenía en esos años el juicio en los carcañales, hace números. Los dos mil quinientos del ala más los dos mil que calcula que valen sus cosas menores de joyería, son suficientes para retirarse a su aldea y sobrevivir entre los algodones de  una vida alegre y descansada. Allí mismo se concierta el desposorio. Los tres días que marca la ley de amonestaciones y al cuarto uncidos para siempre, enganchados a la yunta de Miguel Hernández. 

 Seis días como seis toros seis, seis días de feria, la magia de los seis días que dura el pan de la boda. Durante los cuales pisa ricas alfombras, aja sábanas de Flandes, se alumbra con candelabros de plata. Su mujer y la criada le bailan el agua alante. Aranjuez de flores parecen sus camisas, cuellos y pañuelos. Pero todo lo bueno se acaba “como se acaban los años que están debajo de la jurisdicción del tiempo.”


Deja que practique con tu cuerpo 
el lenguaje de las manos 
no le tengas miedo al frío 
planta cara al invierno 
y súbete a mi barca desnuda 
que en mi cuerpo es verano
El Barrio



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


Las ilustraciones son de la edición de Las Novelas Ejemplares de Ramón Sopena


2 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

¡Lo que da de sí la lectura detallada de lo que ocurre en apenas unos pocos días!

Como bien dices ¿hay quien dé más?

Paco Cuesta dijo...

La introducción al "Coloquio"no podía hacerse de mejor manera la verosimilitud asegurada por las consecuencias de la enfermedad y la llamada contundente a las consecuencias de la avaricia.
Un abrazo