domingo, 16 de octubre de 2011

Peces de entorno rural























BREVES CONSIDERACIONES BIOGRÁFICAS Y LITERARIAS



Don Ramón María del Valle - Inclán , (1866 – 36) vivió setenta años para contar, a caballo de los dos siglos, dividió su vida casi a partes iguales entre el S XIX y el XX. Procedente de una familia de hidalgos campesinos, pronto cambió su nombre de Registro Civil: Ramón Valle y Peña, por el primero más sonoro, más ajustado a su personalidad y a su eterna búsqueda literaria.

Cuando Valle – Inclán nace, Bécquer tiene ya treinta años y está próximo a morir. Pardo Bazán es una jovencita adolescente de quince; Galdós, un joven tímido de 23 que ya trabaja de periodista en Madrid y Zorrilla se ha establecido en la capital después de su estancia en Méjico. De sus compañeros, contemporáneos de profesión, los que más se aproximan a su edad son Unamuno (1864) y Rubén Darío (1867); el resto, como Azorín, Machado, Maeztu, Gómez de la Serna, Marañón, Castelao, Bagaría, Pérez de Ayala, Ortega, Juan Ramón o Azaña son bastante más jóvenes. Quizá sea esa la razón del respeto y ascendiente que todos le tuvieron, con la excepción de Unamuno del que se cuenta la anécdota que una vez que los presentaron en una calle de Madrid no tardaron ni cien metros en salir dándose voces uno al otro.




Paradójico y contradictorio, sus filias oscilan entre el carlismo y el comunismo estalinista. Ideas siempre sometidas a su independencia y singularidad, porque su entrega a cualquier cosa que emprendiera no tenía doblez. Su subjetividad, su ingenio y sus ocurrencias eran tan grandes que no se concebía sometido a la disciplina de ningún molde. Se cuenta que cuando su amigo, el presidente
Manuel Azaña, le inventó un cargo, nombrándole Conservador General del Patrimonio no paró de incordiar hasta que le nombraron otra cosa en Roma, para tenerle lejos.

La multitud de anécdotas que aún circulan sobre él, han contribuido a desvirtuar su imagen y presentarlo de manera fragmentada y superficial, cuando la lectura de su extensa producción literaria, a pesar de empezar a escribir tarde, nos habla de su laboriosidad, categoría y calidad.

Valle Inclán. Retrato de Zuloaga

De bien joven viajó a Méjico (1892). Allí hizo amistad con Rubén Darío con el que coincidió en la necesidad de renovación de la literatura hispánica y trabajó de periodista. La publicación de Las Sonatas le colocan entre los renovadores literarios del momento. La defensa a ultranza de sus creencias, casi siempre a contrapié de lo socialmente aceptable y aceptado, le llevan a la desmesura en sus opiniones, a la discusión y al insulto. Como consecuencia de un rifirrafe con su amigo periodista, Manuel Bueno, pierde un brazo. Vivió años de bohemia y extrema pobreza, aceptada por él como pago a su insumisión, tanto política como literaria.

Siguiendo los pasos de Galdós y Pio Baroja cultiva la novela histórica, tan realista como permite su subjetividad apasionada en la forma de tratar los hechos históricos y escribe y publica la trilogía carlista.

Su retorno a Méjico en 1922, inspira Tirano Banderas, su mejor novela. Su transfiguración literaria está en marcha. Su mirada a ras de tierra le permite descubrir el realismo despiadado y penetrar en los estratos más profundos de la realidad.


Caricatura de Luis Bagaría.


SONATA DE OTOÑO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN


Hay muchas novelas que comienzan con una carta. La originalidad del comienzo de Sonata de Otoño radica en que se trata de una que ya no existe, del recuerdo nostálgico de tres pliegos blasonados ya perdidos hace mucho tiempo. Y”Aquellas manos pálidas, olorosas, ideales, las manos que yo había amado tanto, volvían a escribirme como otras veces” ejemplo de sinestesia y metonimia que tanto gustan al autor y que a mí me recuerdan a aquellas otras manos de la primera página de Pedro Páramo, tantas veces leído: “Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo”. Las manos nobles de las hermanas monjas de Concha: “A través de las rejas me alargaron sus manos nobles y abaciales de esposas vírgenes”. También “se tapaba los ojos con la manos”. “En las manos pálidas de la que guiaba, distinguía el rosario: Era de azabaches y la luz y las medallas de lucientes oros. Y sus dedos apéndices de las manos: “[…] las cuentas del rosario pasaban con lentitud devota entre sus dedos pálidos”.

Si la prosa es ritmo, he aquí una muestra inmejorable: “Era una esperanza indecisa y nostálgica que llenaba mi vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera dormida en el fondo de los lagos azules, donde se reflejan las estrellas del destino."
Los espacios se nos construyen con las breves pinceladas imprecisas de los brumosos días gallegos y la jornada de nueve leguas que los separa: Viana del Prior y Palacio de Brandeso. El resto corresponde a la imaginación del lector.

Gran modernidad en este modernista de estilo en la extensión de los capítulos. Son textos de excelente factura, sacados de las narraciones que se publicaban en los periódicos a principios de siglo XX y ajustados al espacio reservado para el folletín, en semejanza a la actual fragmentariedad de lo publicado en internet, cuya extensión ideal no debiera exceder de lo que ocupan una pantalla o dos, a menos que quieras abusar de la confianza del lector y a riesgo del insulto (figurado) en un medio en el que hay tanto y tan variado a la vista.

Tampoco le desagrada al autor mostrarnos el hecho de hincar las rodillas como gesto de sumisión por excelencia. Así lo hacen Bradomín ante dios, a la sombra de una columna y lo repite Concha en señal de humillación antes de la entrega sin reservas, cuando se llora por amor con los labios helados y los temblores del que se siente cercado por la muerte.

Amor, religión y muerte fuertemente entrelazados como eje por el que se desliza la narración: amor de Concha que se muere atormentada por los prejuicios de una relación pecaminosa.

Este primer tramo de la historia está narrado principalmente en pretérito imperfecto de indicativo. Aparece el pretérito perfecto simple para marcar el avance narrativo en dos momentos: la visita al convento de las hermanas de Concha y la vuelta a casa: salí, lo penetré, me arrodillé y llamaron, me incorporé y abrí. Paradójicamente abre el relato en presente, con una declaración: “Mi amor, estoy muriéndome y sólo deseo verte”, que parece abarcar el relato en toda su amplitud. Expresión tranquila del que es consciente de que todo se acaba, y como Don Quijote, se acuesta para morir.

"En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver. "
J. Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 13 de octubre de 2011

Ojeras malvas y mala vida


"Desde el suelo vio cómo el otro individuo sacaba una pistola, le quitaba el seguro y le apuntaba".



RIÑA DE GATOS.
EDUARDO MENDOZA. (5)
El aire helador de la sierra despeja al inglés de las consecuencias de los excesos de la noche anterior. Comprueba que esta vez sus pertenencias no han sufrido mermas, sombrero y guantes incluidos. Otro hombre con sombrero se identifica como Capitán Coscolluela. Con la retranca que dan los años y el oficio que concede la rutina se dirige a él como Antonio Vitelas (humor mendociano que saca un apellido del cruce de lenguas) al llegar a recepción. Lo coge del brazo, lo introduce en un coche y le dejan en una habitación de la Dirección General de Seguridad en la que destaca un plano de Madrid pegado a la pared con chinches y una mesa o caos de papeles que tienen que despejar para hacer sitio al café con churros que, Gumersindo Marranón, – en su papel de poli bueno - ha hecho subir para Mister Vitolas. El Capitán cuelga la gabardina y el sombrero en su perchero habitual, lo que índica que la estancia no va a ser breve. Le presentan una foto del Marqués de Estella que el detenido niega conocer. Entre los dos le explican de quién se trata. Así se entera y nos enteramos los lectores de que el referido es el fundador de la falange, de la misma edad del protagonista y rival de amores, unos días antes de su detención y posterior traslado unas semanas más tarde a Alicante donde va a ser fusilado. Le dejan marchar, no sin antes advertirle de que esté localizado.




"Su presencia aquí es totalmente voluntaria y, por decirlo de algún modo, amistosa"

Al salir de la DGS, había parado el aire y caían los primeros copos sobre el empedrado de las calles de Madrid. Sus pensamientos se debaten entre abandonar Madrid y evitarse follones en un país que camina hacia el caos o permanecer hasta dejar resuelto el asunto del Velázquez que le dará prestancia internacional y que además es la verdadera razón de su venida a la capital.

En recepción le entregan al inglés una nota de
Paquita. Inquieta por la tardanza, le apremia a que llame al número de teléfono. Conciertan una cita en la iglesia del Cristo de Medinaceli y el autor aprovecha para hablarnos del diferente sentido de la religiosidad mediterránea: superficial, preciosista y para afuera, en contraste con la seriedad, introspección y compromiso de las iglesias cristianas del norte de Europa, cuyos edificios conservan aún restos de las guerras de religión del S. XVI. En la escena de la iglesia el autor nos regala una muestra de su peculiar forma de ver el erotismo. Sólo una frase es necesaria para poner de manifiesto su refinamiento y arte de la insinuación: “Sintiendo en el costado el contacto de la joven”, que iba de luto riguroso; el rostro cubierto por un espeso velo de encaje, mano enguantada y rosario de cuentas de azabache. Y le propone que diga a su padre que el cuadro de Velázquez es falso a cambio de todo: “No hay nada que yo no esté dispuesta a hacer para resarcirle de su sacrificio”. “Y salió con paso lánguido, dejando a Anthony sumido en un mar de confusiones”. Saliendo de la iglesia con garbo y sin prisas. El autor utiliza
la brevedad de la escena para decir más, desmarcándose del uso del sexo a morro o a granel de otros. Como si quisiera dejar claro que las malas novelas se parecen mucho unas a otras y las buenas se distinguen porque resaltan entre sí las diferencias.

Una nevada sobre las calles de Madrid sirve de fondo para el capítulo quince, clave para el desarrollo y desenlace del relato. Mendoza la describe como si fuera una batalla entre la blancura y la negritud, que es la misma lucha entre contrarios que se libra en el interior del ánimo del protagonista, fuertemente atraído, y confuso a la vez, por la carga erótica del ofrecimiento sin reservas de Paquita, pero que su razón y profesionalidad le impiden aceptar, de momento. El autor no se recrea en la descripción del manto blanco, sino en el contraste de los surcos negruzcos que dejan las roderas de los coches al aplastarla contra el asfalto y los chapatales que se forman en los bordillos al deshelar. Los estragos de la noche anterior, junto a la inquietud y desazón que le han provocado la cita en la iglesia y la nieve que le blanquea, le dirigen al hotel, no sin antes haber dado buena cuenta de un almuerzo de callos, calamares y jamón con dos vasos de vino, para ayudar, que le reconfortan y le asientan el estómago alborotado por el abuso de las tabernas.


"Uno de los individuos, sin previo aviso, le dio un puñetazo en la mandíbula"

La tarde se junta con la noche al despertar. Decide dejarse guiar por sus impulsos que le llevan al caserón de la Castellana donde nadie le recibe porque nadie le espera. Sólo Lilí, que parece haber pasado la adolescencia, le provoca y le sonroja. El mayordomo, como recién salido de una zarzuela de éxito, relaja la tensión con una nota del amo en la que le pide disculpas por no poder recibirle. Más dudas y nuevos temas de debate aumentan la confusión de su interior. Y le echan a la calle cuajada de nieve que amortigua el golpe de un puñetazo en la mandíbula que le desploma. La pistola que le encañona le hace volver a la realidad, cada vez más zozobrante, y a un futuro más incierto.


El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Joaquín Sabina






Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

Los dibujos son de esta maravilla de página.

martes, 11 de octubre de 2011

Habla popular de Lumbrales (98)

Corriendo el encierro en la plazuela de la Frontera, cuando se tapaban las calles con carros.


Ahora


Miar: Port. Mayar, aullido del gato. "¿Qué le pasará a este gato que mía tanto?".
DRAE: 1. intr. p. us. maullar.
No está en el DCT.


Micifuz: Forma familiar de llamar al gato. Muchas veces le oí a mi padre recitar la fábula de Samaniego:


¡Qué dolor! por un descuido
Micifuz y Zapirón,
se comieron un capón,
en un asador metido.
Después de haberse lamido
trataron en conferencia
si obrarían con prudencia
en comerse el asador.
¿Lo comieron? -¡No, señor!
Era caso de conciencia.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.


Mico: Persona pequeña pero que suele ser respondona. “Ser mico y mona” es estar sólos. “Desde que se fueron a la emigración somos mico y mona en la calle”.
DRAE: 2. m. coloq. Persona pequeña y muy fea.
No está en el DCT.

BDE: “Mono de cola larga”, 1565. Probablemente del Caribe de Tierra Firme, lengua en que este animal se conoce por meku o miKo.


Mide (juego del): Juego tradicional. Los muchachos saltan por encima de otro que se queda y que está encorvado. El que no salta con limpieza, pierde y tiene que quedarse de burro. Si todos saltan correctamente, sigue quedándose el mismo, pero más alejado de la raya; exactamente lo que miden un pie perpendicular y el otro paralelo. El que pisa, no llega al burro, se cae o hace caer a éste, pierde y tiene que quedarse.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.



Migá:
Migada. Mezcla de leche con pan. Los rebojos de pan duro se solían aprovechar para hacer la migá o sopas de ajo.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

BDE: Miga: 1495. Del latín MICA “partícula, migaja, especialmente la de pan” “grano de sal”, etc. Por vía culta mica “mineral compuesto de partículas brillantes”, 1884.


Migar (las sopas): Cortar el pan para hacer las sopas de ajo o leche migada.
DRAE: 1. tr. Desmenuzar o partir el pan en pedazos muy pequeños para hacer migas u otra cosa semejante.
DCT: mismo significado.



Mijón: La miga de pan. En lugar de "migajón", parte blanda del pan. Hacer mijones es desmenuzar el pan para echárselo a los pollos.
No está en el DRAE.
DCT: mismo significado.


Millo: Maíz. En Lumbrales se recoge como forraje para el ganado; no se deja para secar, para recogerle la mazaroca de maíz.
DRAE: 3. m. Can. y Sal. maíz.
No está en el DCT.

Mísere: Tierra pobre, poco fértil. Modo aún actual de decirlo. "Es un terreno mísere. Aquí sólo se puede sembrar centeno”.
No está en el DRAE. No está en el DCT.

Miserere: Canto litúrgico en latín que se canta en los funerales. Es especialmente emocionante el miserere que cantan un grupo de varones de voz grave en la procesión del Santo Entierro celebrado el Viernes Santo en Lumbrales.
DRAE: 1. m. Salmo 50, que, en la traducción de la Vulgata, empieza con esta palabra. 2. m. Canto solemne que se hace de este salmo en las tinieblas de la Semana Santa.
No está en el DCT.
BDE: 1734. Del latín MISERERE “apiádate” (imperativo de miserari “apiadarse”), palabra con que comienza un salmo famoso.


Mocho: Res a la que le falta un cuerno o no los tiene en puntas.
DRAE: 1. adj. Dicho especialmente de un animal cornudo, de un árbol o de una torre: Que carece de punta o de la debida terminación.
DCT: Animal sin cuernos.

BDE: 1170. Origen incierto. En vista de las muchas variantes divergentes que se hallan en otras lenguas romances y en otras varias (vasco motz, catalán, mus, esmussat, portugués y leonés mouco, etc. ) parece ser palabra de creación expresiva.



Modorra: Oveja que padece una enfermedad peculiar de la que muere pronto.
DRAE: 9. f. Veter. Aturdimiento patológico del ganado lanar, producido por los cisticercos de los cenuros que se alojan en el cerebro y que pueden alcanzar gran tamaño.
DCT: Enfermedad del ganado lanar que le hace parecer como adormecido y con movimientos descoordinados.
BDE: “letargo”. Hacia 1495.

El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007.

Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.






Las fotos en color son de Jaime Grandes, excepto la de las ovejas que es de Jose María Torrecilla. La de B/N de la Frontera es de la página de Ricardo. La de los niños saltando es de internet, no recuerdo de dónde.

domingo, 9 de octubre de 2011

San Martín de Tours

Ayer. 1991


Anteayer


Hoy


Entrada del mediodía, de estilo Renacentista, a la iglesia de San Martín. Nada parece haber cambiado con el paso del tiempo en los alrededores de la iglesia en esta instantánea del mismo espacio en tres momentos distintos. La mezcla de estilos de la iglesia no desentona con la naturaleza diferente de las gentes que la miran de cara o le dan la espalda. Ni las cigüeñas que viven en la espadaña parecen tener necesidad de marchar.

Puerta del Norte. Románica.


Puerta de poniente tapada por el añadido del camerín de la capilla.

jueves, 6 de octubre de 2011

Haciendo eses

"Al cabo de un rato reapareció la Toñina con una escudilla de barro llena de un potaje aceitoso, una cuchara de madera y un vaso de agua".

Jesús en casa de Marta y María. Velazquez

National Gallery, London


RIÑA DE GATOS.
EDUARDO MENDOZA. (4)

Con la única excepción de Guillermo, ya enterado del fracaso de la tasación, todos quieren agradecer, a su manera, el trabajo de AW que supuestamente va a permitirles abandonar el país.

El Marqués de Estella interviene para confesar su inclinación hacia la poesía, precisamente por tener a Velázquez tan a mano, al lado de casa en el Museo del Prado, como algo habitual que no se valora. Oyendo hablar al inglés, se da cuenta de lo que se ha perdido. El diálogo que se establece da pie al progresivo descubrimiento del personaje, el Marqués de Estella, y de las ideas políticas que acompañan su porte de señorito culto y educado. Había sido diputado de las cortes republicanas; pero consciente de la esterilidad de la apuesta, se postula como la única fuerza capaz de detener el totalitarismo soviético que avanza con la connivencia del gobierno. La marcha del marqués deja tal vacío en la sobremesa que lo que queda se asemeja a un velatorio.

“El marqués era guapo, distinguido, brillante y sin duda de temperamento ardiente. En Cambridge haría estragos” piensa el inglés. Y pienso como lector que el tratamiento del
personaje es demasiado benevolente, aunque el autor todavía no nos haya hecho saber que se trata del fundador de la falange, un partido minoritario de extrema derecha que se puso a las órdenes de los militares en el golpe de estado del 36, ejecutores y responsables del trabajo sucio de la retaguardia. Hablan de lealtad. El se ha metido en política por fidelidad a su padre, el general Miguel Primo de Rivera, de la misma forma que Velázquez fue leal y fiel a su patrón, el Rey. No hay como comer del mismo pesebre para ganar adeptos, hacer amigos y crear afinidades. Un razonamiento que puede parecer simple, pero que se ajusta a la realidad observable, como el tigre que respeta al domador porque le da de comer. Y afirma: “No tiene mérito ser leal en tiempos de prosperidad y bienestar social”. Y salir corriendo como las ratas cuando el barco se hunde - añado-.

AW se descubre sumergido en un marasmo de dudas: su estancia en Madrid ya no tiene sentido, frustrado por el doble fracaso: el profesional y el sentimental con Paquita. Al día siguiente estará en el tren de vuelta a su país. No caben más aventuras amorosas que valgan tras la ruptura epistolar con Catherine. Se despide de todos los de la casa con una cita para arreglar asuntos a la mañana siguiente y se adentra en la bohemia de la noche madrileña, dispuesto a recuperar la documentación y terminar en la casa de citas donde le dan de cenar porque “aquí el que no paga, no moja, pero un trozo de pan no se le niega a un cristiano", que le recuerda a Velázquez en: Jesús en casa de Marta y María.

Era una mañana de aire frío. A primera hora se dirige a la embajada donde le devuelven los documentos que Higinio Zamora Zamorano, de Navalcarnero, había dejado para devolver a su dueño. AW calcula que aún le queda tiempo para volver al hotel, hacer las maletas y coger el tren. “La gente se apresuraba por las calles con las manos en los bolsillos, la gorra calada y la solapa levantada”. En recepción le entregan una carta de Paquita que hace girar el rumbo de la novela. De nuevo una carta representa un punto álgido. Cambia su voluntad de abandonar Madrid. En ella Paquita le cita en la parte trasera de su casa para pasar inadvertidos. Allí le esperan: ella misma, su padre y la sorpresa de un cuadro bien guardado en un sótano.

La visión del cuadro le conmociona. Como si entrara en trance porque representa la realización del sueño de su vida, la novela que todo novelista ha soñado en escribir o la conjunción en un
instante y espacio de todas las circunstancias soñadas que llevan al éxtasis de la faena perfecta. Nosotros, los lectores digo, descubrimos la verdadera razón de la venida a Madrid del inglés. Dos whiskys en la barra del bar del hotel Ritz mientras espera conexión telefónica con Harry Parker de la embajada. Otro más mientras espera y un cuarto que el funcionario le invita le ponen a tono y le quitan las telarañas de su corrección y buenas formas. Harry tiene la solución a la lucha de clases: un salario bajo que permita al producto competir, completado con una buena propina allana las dificultades, al tiempo que somete la voluntad del asalariado al patrón. Una diabólica y retorcida visión que fomenta la corrupción y acentúa la diferencia de clases sociales. La caridad como paliativo de la desigualdad, que al mismo tiempo la perpetúa. Es lo que tienen los bares; el lugar ideal para enterarse de cosas.

AW le hace venir al Ritz para que entregue una carta a Edwin Garrigaw- Violet para los enemigos- . Sólo en caso de que le pase algo de carácter luctuoso. De nuevo el género epistolar
como recurso. En ella da cuenta del descubrimiento de un Velázquez en el sótano de la casa del Duque de la Igualada. “Sea como sea, el cuadro ha de acabar en Inglaterra” (expresión no muy usual en castellano en lugar de “debe acabar”, copia de la estructura normal del catalán para expresar la obligación). AW pretende, por un lado, que el cuadro termine en Inglaterra y algún tipo de reconocimiento profesional por el descubrimiento, por otro. Y un quinto vaso de escocés le pone en tono sentimental. Le da llorona. Harry le aconseja que se vaya a su hotel a dormir la mona.

Higinio Zamora Zamorano se levanta el ala del sombrero que le oscurece el rostro al pasar bajo una farola que arroja una escuálida luz sobre la acera. Se dirige a AW que va camino de su hotel haciendo eses. Le advierte de que hay follón en la calle y le convence para volver a casa de La Justa. Su condición, incompatible con la verticalidad, no le deja más alternativa que quedarse allí a pasar la noche, junto a la Toñina y el bebé. Higinio se nos descubre como un proletario concienciado a favor de la disciplina para ganar su revolución porque en ese entonces todos querían hacer y ganar la suya propia. Por eso nos resulta atractiva la visión desde fuera de este inglés que afirma animado por los vapores de los whiskys: “Es preferible que no haya revolución aunque sea por desidia”. La tercera vía, ya sin hueco ni viabilidad en aquella España que se despeña en el abismo de la intolerancia.

Voy haciendo eses donde me llevan los pieses
en la dirección de mi corazón.
Paco Ortega






Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 4 de octubre de 2011

Habla popular de Lumbrales (97)

La carne de los animales era parte importante de la dieta e imprescindibles para el trabajo en el campo, por eso las cuadras estaban tan al lado de la casa y el pajar arriba.


Media: Recipiente de madera, en forma de cajón trapezoidal con uno de los lados rebajados para facilitar el embrocarla en el saco, usado para medir cereales. Capacidad: media fanega.
DRAE: 30. f. Medida para áridos de capacidad de seis celemines.
DCT: Medida de trigo equivalente a seis celemines o a unos 21.5 kgs.
BDE: Mediados del S. XVII. Del latín MEDIUS (con influjo culto de la forma latina sobre la castellana, aceptado quizá para evitar una semejanza malsonante con el verbo mear.



Mediafuente:
Fuente para servir la mesa."Trae la mediafuente de garbanzos."
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.

Medianía: Pared medianera entre dos casas.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.
BDE: 1490.




Medio (echar al): Similar a terciar. En un trato es ceder en la mitad de la diferencia entre lo que se pide y lo que se oferta para que el trato siga palante.
No está en el DRAE.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: 1140. Del latín MEDIUS (con influjo culto de la forma latina sobre la castellana, aceptado quizá para evitar una semejanza malsonante con el verbo mear.




Medras:
Se dice de los granos que le salen a los niños y jóvenes cuando engordan o crecen. “Eso no es nada, son medras del crecimiento”.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.
BDE: 1495.

Melapio: Membrillo. También se usa como insulto: bruto, torpe.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Mentación: Recuerdo, memoria. “Sacó a mentación el hecho aunque nadie le había dicho que lo hiciera”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.





Mestranzos: Malas yerbas que embozan el arado.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.




Meyodía:
Mediodía.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Mezucón, mezuca, meticón: Que se mete en todo. Entrometido, curioso, fisgón, husmeador.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Mezuconear, mezuquear: Meter las narices donde no llaman a uno. "Deja de mezuconear en mis cosas".
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Miaja, miajina: Un poco, un poquito, hablando de sólidos. De líquidos, una pinta, una gota. "Se me cayó una miaja".
DRAE: 2. f. migaja (‖ porción pequeña de algo).
DCT: Cantidad mínima de una cosa.


Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.

domingo, 2 de octubre de 2011

Calaíto, me salen los cubatas por el sombrero


















Menipo y Esopo. Diego de Silva y Velazquez
"Al final del camino hacia la cumbre no nos espera la gloria, sino el desencanto".



RIÑA DE GATOS.

EDUARDO MENDOZA. (3)
Al llegar a la recepción del hotel, el conserje le informa de que un extranjero con un español aprendido en los libros de texto, tan correcto como el suyo, ha preguntado por él. En la habitación intenta leer, pero no se concentra. Cierra el libro y regresa al frío de la calle. Callejea un rato y entra en una taberna atestada de gente. Se abre paso entre la clientela ruidosa, se acoda en la barra y pide una de gambas y un chato de vino. El bar resulta ser la sede de una peña taurina. Aquí no hay anti taurinos exterminadores de toros bravos. Los toreros son ídolos y se respeta al animal recio y en puntas. AW nos resulta un inglés atípico porque recuerda haber visto en el local a Ignacio Sánchez Mejías poco antes de su muerte en la plaza de Manzanares en 1934. Maduro, intelectual y distinguido, su muerte le había conmovido. Incluso tradujo al inglés uno de los poemas que Federico le dedicó y tampoco sería de extrañar que leyera la crónica de Gregorio Corrochano del día 18 de agosto en el ABC: «Luto en la capa negra de los negros toros de lidia. Luto, con trasparencia de gasa, en la chaquetilla de los toreros. Luto en el negro pelo de las mujeres que van a los toros. Luto en los capotes de los lidiadores [...] Luto en la tinta más negra al trazar la aventura desventurada de Sánchez Mejías». Ni que decir tiene que este inglés se hace querer. (Lo raro es que la fiesta de los toros haya llegado hasta hoy con columnas tan contundentes como la de Wenceslao Fernández Flores). Ojalá vivamos para ver su desaparición, significaría que viviríamos una larga vida.

La densidad del aire en el interior de la taberna no ayuda a templar el ambiente tenso que se respira, como ocurre siempre que la política es el tema de debate, porque cuando las diferencias ya no se pueden acortar con un abrazo y unos vasos de vino; la situación, definitivamente, está regular. Dos grupos de parroquianos se enzarzan, se quitan la palabra unos a otros, a gritos, para tratar de explicar la situación política del momento al extranjero. Con el mismo apasionamiento que si fueran seguidores de Cagancho o Gitanillo de Triana. José Tomás embarcando el astado por terrenos imposibles o Morante de la Puebla esculpiendo amapolas de oro y fuego (en sangre a veces, por supuesto, porque el duelo es a vida o muerte) en el envés del aire de los vuelos del capote. La insinuación por su parte de que toda disparidad de criterio se puede resolver a través del diálogo, les pone a todos en su contra. Las medias tintas ya no sirven: o a favor o en contra. En vista del sesgo que toman los acontecimientos, su vecino de barra le coge por el brazo, lo saca del bar y una vez en el exterior, lo acompaña a una casa de citas. Con buen criterio, dando por terminada una de las escenas mejor logradas del libro, metáfora perfecta de la situación española en la que cordura y acercamiento quedan fuera de lugar. La tragedia está servida.

El inglés, a instancias de su compañero de taberna, termina la noche con la Toñina. A la mañana siguiente, los excesos de la noche anterior no le impiden hacerse una idea cabal de su situación dramática: solo en un país extranjero, sin documentación y supuestamente desplumado por el compañero de aventuras nocturnas. A AW se le hace, otra vez, la noche por la mañana. No le queda más alternativa que recurrir a la embajada y confiar en que algún funcionario culto sepa algo de pintura barroca española y lo identifique o recurrir al amigo que acaba de traicionar con su mujer.

Una vez en la calle el agua mojababos apresura sus pasos hacia el Museo del Prado que actúa como el bálsamo fierabrás: sale reconfortado del museo. A la entrada agradece que la funcionaria de la puerta le franquee la entrada sin pedirle unos papeles de los que carece. Quiere ver Las Hilanderas pero se detiene en Menipo y Esopo, dos personajes menores de la cultura griega. ¿Por qué Velázquez joven los elige para competir con Tiziano por el favor del rey?

Cuando AW sale del museo, el sol se abre paso entre las nubes y ya no llueve en las calles de Madrid. Fiel a su esquema de combinar las anotaciones sobre Velázquez y la situación política del momento, ahora es un grupo de obreros que se dirige a un mitin el que ocupa la calle y algunos falangistas los que observan desafiantes en la Gran Vía. El ambiente le hace reflexionar sobre su intención de largarse de vuelta a Inglaterra o quedarse: “la sensación de violencia y peligro le producía una excitación del todo insólita en un hombre que siempre se había tenido a sí mismo por metódico, previsor y pusilánime”. No se pierde el tiempo esta vez en casa del aristócrata. El duque tiene preparados una docena de cuadros de pintores españoles del S. XIX que AW encuentra de difícil salida en el mercado extranjero a pesar de su valía. Cuando el duque se retira a devolver los cuadros a su posición original en las paredes, Guillermo, el hijo fanatizado y radical falangista, le confiesa a AW la decepción que siente por el fracaso de la venta porque al quedarse la familia, sus correligionarios ya no valorarán de la misma forma su firme decisión de permanecer en España, independientemente de la opinión de sus padres. Nos puede dar una idea del desarraigo y marginación que supuso la emigración de los que conformaban la tercera vía; intelectuales que pudieron dejar el país porque no quisieron tomar partido por ninguno de los bandos. A ellos se unieron en el extranjero los que después perdieron la guerra; entre todos formaron la España del exilio, pero no dentro de la misma categoría.

En la sala de música, el Marqués de Estella y Paquita recitan una tonadilla con Lilí al piano. Entre medias el inglés, perejil de todas las salsas, que siempre encuentra la excusa para que sepamos todo cuánto sabe de Velázquez. Lo dibuja como el típico español que sólo quiere alcanzar una posición y echarse a dormir, que es lo que hizo según él: dejó de pintar cuando alcanzó un alto cargo de funcionario en la corte. Y ante una sugerencia acerca de la posible doble vida del pintor por parte de Paquita, AW le aclara que precisamente por ser miembro de la corte, existe documentación exhaustiva sobre la obra de Velázquez, pero nadie puede desvelar el misterio, la verdad última del pintor. Por eso – afirma - su trabajo es tan apasionante: “En el fondo, estoy más de acuerdo con lo que usted dice que con lo que usted sugiere que yo he dicho”. ¡Qué bien habla español este inglés!


"Siempre que busco fortuna me luce el pelo
me salen los cubatas por el sombrero
y me buscaba la vida como un obrero
y por tu indiferencia, quiero y no puedo"
Paco Ortega




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.