martes, 25 de octubre de 2016

La saga/fuga de J.B. (25) Gonzalo Torrente Ballester. Algo estúpido.





"Detrás saldría la temerosa cadena excogitativa como sale el cuerpo estirado de una tenia."


La saga/fuga de J.B. (25) 
Gonzalo Torrente Ballester 

La historia de don Asclepiadeo olvidadizo e infiel, san Brandao mediador y la sirena entristecida por el abandono, pone a trabajar la mente de don Acisclo. La mezcla de leyendas escandinavas y portuguesas revoluciona los  terminales nerviosos del cerebro del clérigo a un violín pegado. Hoy estaría desfasado si la adherencia no fuera un móvil de la séptima generación.  

Uno no sabe cómo definir las páginas que hoy abrimos en canal, sé que son fascinantes, pero puede que algo estúpidas también. El caso es que el genio del escritor gallego y un poco salmantino penetra a empujones en la mente revuelta de don Acisclo para ordenar los pensamientos que revolotean atolondrados, los clasifica y los escribe en el código común. Busca la colaboración del lector más que su comprensión que sabe casi imposible de lograr. Busca la complicidad del lector con el desaguisado que allí se perpetra. La misión es implantar el diálogo y el arma de combate es el catecismo en la mano que ayuda a deshacer el revoltijo de ideas de este monólogo de confusión. Opta por la presentación de pregunta – respuesta como hacían los catecismos primeros y que han vuelto a poner de moda las presentaciones de power point, esquemas universales  que valen para todo: 
 - ¿Qué es fe? 
- Creer lo que no vemos (y todo así) 

 “¡¡Es el destino!!":  Una proposición sin sujeto visible cuya contemplación le parece a don Acisclo fascinante y estúpida a la vez. Empieza a desenredar la madeja que le lleva a “conclusiones: Razones, pasiones, melones.” Que ponen a prueba la supremacía de la razón a través de la mente, propensa a la cuadrícula, del clérigo pegado como una lapa a un violín del S.XVIII fabricado a mano por Guarnieri





"El azar por su naturaleza, excluye la sistematización, la simetría."


El sistema de hechos que tiene ante sí cojea, está afectado de una cierta condición legendaria que no puede convencer a don Acisclo, escéptico por naturaleza, aunque seduzca al resto de la humanidad. Lo que le ronda por la mente son pasiones a montones, verdades como melones. A ver si ahora resulta que él no tuvo que salir por piernas de Puebla, donde ejercía de canónigo, cuando la revolución de Calles, protegido por una mujer que le amaba y a la que después abandona con la promesa de volver. Ahí están el loro, el guarnieri y las nueve esmeraldas a buen recaudo en un banco de Londres, que piensa devolver en cuanto haya un gobierno en Méjico: católico, apostólico y más difícil que sea romano porque no rima. 

Choca en el asunto de las “sirenas. Penas, patenas, melenas.” Lo suyo fue cierto y vete tú a saber en qué parará lo de las sirenas, criaturas mixtas. Habrá que esperar las conclusiones de la investigación de Bendaña en las baladas nórdicas. Pero dejémoslo en que las sirenas puedan existir en hipótesis. Y una vez admitida la existencia de las sirenas, no repugnará a la razón la veracidad y admisión de los demás casos. No acaba de ver las “consecuencias. Esencias, paciencias, conciencias.” Porque si las historias de los cuatro canónigos son admisibles ¿Por qué lo van a ser las de los cuatro JB? Desde ahora mismo rectifica en sus convicciones, obligado por su honestidad mental. Y si los cuatro canónigos predecesores participaron en las historias de los JB, desde ahora mismo intervendrá en los presentes que bien pueden ser don Jacinto Barallobre, Jesualdo Bendaña o José Bastida. El tiempo dirá quién es el verdadero de los tres. Desdecirse es su destino. Los JB dejarán de ser paparruchas desde este momento. Comienzan a ver la luz algunos acontecimientos ininteligibles hasta ahora como la salvación de Barallobre o su propia expulsión de Villasanta. Son el planteamiento y nudo de una comedia bien pensada cuyo desenlace es ya inminente, cuando lleguemos al fondo secreto de la novela, claro. 

Ahora la discusión se encamina a otras “metas. Tetas, cuartetas, puñetas.” Aunque mueran Sansón y todos los que con él son. Si a “¡es el destino!,” le quitamos las admiraciones nos queda una proposición copulativa con sujeto explícito que claramente es la situación. Y el que piensa es el sujeto del sujeto porque sin esa referencia nada ocurriría. Ni lo estarían pensando siquiera. No pasaría de ser un mero azar si no se repitiera porque: “Si el mismo azar se repite cuatro veces, deja de ser azar y se convierte en Destino.” 







"Si estos dedos no temblasen encima de las cuerdas."


Si seguimos con la transformación y tomamos ahora EL DESTINO ES parece que nos está pidiendo a gritos un predicado, algo que complete el significado; como por ejemplo: “El destino es cruel.” Pero quiá, no, no, no en este caso. EL DESTINO ES, aquí el predicado está en el verbo: “El predicado afirma la existencia del sujeto: “El destino existe.” Así caen por su base ciertas nociones antiguas, por ejemplo la de “Dios. ¡Amós, koljós, lanzós.” Con lo cual “Dios existe como garantía de mi libertad; el Destino la niega. Dios y el Destino son incompatibles.” 

Puestas así las cosas, no podrá casarse con Guadalupe. Su muerte en la cárcel es irresponsable. Él ha perdido la libertad. Su vida es destino. Lo que no sabe es si los antepasados tuvieron “conciencia de su condición de destinados. Amados, cuitados, colgados.” No hará nada. Atado al sofá y al destino se vive mejor. Sólo la falta de la música le haría despeñarse por el abismo de la desesperación abajo. Qué vacío tan grande si los oídos se cerraran al sonido y los dedos dejaran de temblar al contacto con unas cuerdas de violín. No hará nada, salvo no dar la absolución a la señora de Benítez de Araujo. Los dos son una pareja de estúpidos, como lo son todos los que viven pendientes de la eyaculación y del orgasmo. La humanidad entera lo es.


Then afterwards 
We drop into 
A quiet little place 
And have a drink or two 

And then I go 
And spoil it all 
By saying something stupid 
Like I love you 

I can see it in your eyes 
That you despise 
The same old lines 
You heard the night before
Frank Sinatra



El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


miércoles, 19 de octubre de 2016

La saga/fuga de J.B. (24) Gonzalo Torrente Ballester. Criatura mixta.






"Una sirena rubia se asomaba a sus playas en los atardeceres."


La saga/fuga de J.B. (24) 
Gonzalo Torrente Ballester 

La publicación de la respuesta del vate Barrantes a Bendaña es un éxito rotundo para el periódico local. Los lectores hacen cola en los quioscos esperando la salida de las sucesivas ediciones del día. Barallobre está contento por la repercusión en la prensa de su intervención: una plana completa con cinco fotos incluidas para que se fastidie el docto profesor Bendaña. Al fin y al cabo él hace de un muerto y los muertos pueden hacer y decir lo que quieran. Bastida y Barallobre celebran la victoria sobre el profesor a primera hora de la mañana con un desayuno suculento de arenques en mantequilla “con sabor a té Suchón, a tocino ahumado y a tabaco de los Balcanes.” 

Mientras tanto en casa de los Aguiar, Bendaña, indiferente al revuelo, cree que todo el mundo tiene derecho al pataleo. Considera que los argumentos expuestos carecen de valor, si acaso salva la identificación de Coralina y Lilaila por novedosa. Don Acisclo siente una profunda admiración por Bendaña desde la publicación de su teoría del derrumbe de los ídolos de Castroforte. El ya sospechaba desde antiguo que todo lo de los JB era una fábula, pero le faltaban pruebas para demostrarlo. Se aferra a la certeza de que el Santo Cuerpo Iluminado es apócrifo. Él ya llevaba años afirmándolo, pero nadie le hacía caso. Será apócrifo o lo que quiera ser, pero para la buena gente santa Lilaila es la santa particular, la suya y de nadie más, y ahora no hay manera de no creer a Jesualdo Bendaña. Se ha creado un cisma en las familias, se ha generado un conflicto que no existía. Clotilde despotrica contra su hermano por disfrazarse de vate como si fuera carnaval. Por ella como si se va a vivir con José Bastida, esa especie de mono que tiene de secretario. 

A don Acisclo la deriva al cotilleo de la conversación le aburre. No quiere ser el candil de la calle. Èl lo que quiere es oír del profesor Bendaña una explicación científica del método aplicado para el desmantelamiento de los JB y la destrucción de los símbolos, pues la “aplicación del método a ciertas figuras tambaleantes del santoral podrían dejarlo en cuadro.” Y así se lo plantea en un aparte. La explicación que Bendaña hace a continuación del método científico usado es una digresión en toda regla de cinco páginas (bien cumplidas y apelmazadas como todas las de la novela), una novela intercalada con entidad propia y materia narrativa que merece ser contada por su importancia para el devenir de Castroforte, suficiente para escribir otra saga/fuga paralela. Al menos acomodable al misterio de los JB. Agárrense bien, la imaginación haciendo horas extras. 







"El derecho al pataleo es natural e inalienable."


Bendaña le dice con la sonrisa irónica de un fino estilista adicto al trabajo de investigación, que según ha podido constatar en sus pesquisas siempre aparece un canónigo extraño como elemento determinante en las cuatro historias que ha investigado. Sus nombres son don Asclepiadeo, don Asterisco, don Amerio y don Apapucio. El Codex Magdelianensis, ese centón de leyendas conservado en Braga, dedica un capítulo al joven canónigo que vive con san Brandao en la isla. Don Asclepiadeo está dotado de voz hermosa y es tañedor de vihuela. Cuenta con sitial en el coro cerca del obispo. San Bradao lo escucha en las tardes de bruma espesa cuando el corazón se enmorriña de fado y nostalgia portuguesa. Pero Aline, una hermosa sirena rubia que se asoma a las playas al atardecer atraída por la música y la voz del joven canónigo también se enamora de él, a pesar de pertenecer al Señor. Quiere llevárselo no al huerto sino a vivir a una cueva en el fondo del mar. Ella lo enseñará a no morir bajo el agua. El obispo va penetrando en la fuerza imbatible del amor entre hombres y mujeres de tanto escuchar el cantar triste y sin esperanza de la sirena lacerada de tristeza. Quizás el Señor desee que por amor la sirena, criatura mixta, adquiera alma y pueda salvarse. San Brandao propone al canónigo joven renunciar al celibato y casarse con Aline. Ahí está él para eximirle de los votos y autorizarle al matrimonio. Asclepiadeo dice que no, es no; el olor a pescado le levanta dolor de cabeza. Los cánticos doloridos de la sirena rechazada se tornan amenazantes con el pretendido, san Brandao, las islas y sus cimientos. San Brandao sabe que los fundamentos de la isla no son seguros, te sale un día de viento fuerte y el fin está cerca. También sabe que el único que escapará a la maldición del naufragio será Asclepiadeo. La ayuda de Aline le convertirá en el último superviviente, así que le pide que cuando la mar se embravezca y los cimientos crujan, meta los Vasos sagrados en un saco de cuero impermeable y los lleve a la diócesis más próxima una vez en  tierra firme. 

La ola gigante que sepulta la isla para siempre pilla a san Brandao dirigiéndose a los fieles congregados. Les habla de la muerte y del paraíso con palabras tranquilas. El canónigo, en lugar de rezar por la salvación de su alma, lucha por su vida. "La tierra en violentos vaivenes de un temblor se estremecía." Aline le ayuda a mantenerse a flote. Le lleva a las playas de Malpica en la diócesis de Villasanta de la Estrella. Allí promete matrimonio a la criatura mixta, pero sólo después de la entrega de la carga sagrada. Se encuentra tan a gusto en tierra firme que se olvida de la promesa y de que los Vasos pertenecen a la Iglesia. Los empeña para comprarse ropas decentes. Este es el don Asclepiadeo que acompaña al mariscal de campo, Bendaña, en la conquista de Castroforte. Cuenta la historia de un tirón, como si el buen obrero de la investigación la tuviera aprendida de memoria. Advierte que si nos fijamos, la misma historia se repite en todas las leyendas posteriores: “Un canónigo aficionado a la música huye con un tesoro ayudado por la mujer que le ama.” En todas las leyendas el canónigo la abandona. Don Jesualdo Bendaña anuncia que seguirá profundizando en el estudio del origen de las sirenas, sospecha que en las colecciones de baladas nórdicas hallará que los primeros ejemplares de estas criaturas mixtas proceden de Irlanda. No resulta desconocida la relación de los marineros de Castroforte con la Isla Esmeralda, más verde que la albahaca. (Eire en gaélico). 

A don Acisclo unas se le van y otras se le vienen, aquejado de una prisa grosera, pilla el guarnieri y se escabulle. Ya en su guarida arrastra una pizarra y resume el relato de Jesualdo Bendaña. Anota: 



El secreto se esconde entre las cuatro columnas. Conoce la clave, pero no se atreve a usarla de momento. En el maremágnum del pensamiento desordenado del clérigo bulle con brío una proposición sin sujeto visible. ¡¡¡ES EL DESTINO!!!


Pedazo de mi vida 
 narraba esta canción 
 de donde me conoce 
 qué extraño pensé yo 
 qué estilo aquel qué suerte
 pude reconocerme... 

Strumming my pain with his fingers, 
Singing my life with his words, 
 Killing me softly with his song, 
 Killing me softly with his song, 
 Telling my whole life with his words, 
 Killing me softly with his song.
Pitingo



El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

viernes, 14 de octubre de 2016

La saga/fuga de J.B. (23) Gonzalo Torrente Ballester. Abrir bien los ojos.








"No se si soy espíritu o carne, de modo que no respondo de que esa fotografía sea más que la de un ectoplasma."


La saga/fuga de J.B. (23) 
Gonzalo Torrente Ballester

“Señor, los ojos de los hombres no fueron hechos para los milagros.” El rey Artús muestra su sorpresa por la presencia milagrera, una revelación de las alturas con misión redentora, justo cuando tantas dudas sobre el pasado y origen de las creencias se ciernen sobre Castroforte. Lanzarote pide permiso para publicar en el periódico las manifestaciones del vate Barrantes, les dará forma de entrevista para dotar al monólogo ensimismado de algo de ritmo narrativo en un intento de subrayar la importancia del periodismo como género literario. El entrevistado confiesa que no sabe si es espíritu o carne, pero sí memoria. En su memoria particular guarda la grandeza de los poetas únicos. Si su producción poética sólo hubiera sido buena, no habría pasado de ser un escalón para que otros subieran a las alturas. Según él, su excelencia de poeta surge de la soledad y la hondura. Ni maestros ni discípulos que valgan, sino una isla en sí mismo. También se considera un poeta desgraciado porque los críticos y profesores que explican la poesía no han caído en la comparación, la correspondencia, los procedimientos similares, el preludio, la coincidencia con los grandes poetas franceses como Rimbaud en la Estación del infierno o Mallarmé en Coup de dès. Qué decir de sus deudores, los poetas que escriben en la misma lengua: Rubén Darío y los alejandrinos rítmicos y poderosos. Las coincidencias temáticas con Antonio Machado. La Entrada en la madera de Pablo Neruda: el misterio de la blandura del gusano que, sin embargo, - dale que te pego-penetra hasta el corazón del árbol. Y el hilo de la poesía social tejida después de él por Celaya y Blas de Otero. 

Después de la sesión de fotos en distintas posturas y posiciones de manos, a veces elocuentes, a veces quietas, la entrevista gira a los terrenos pantanosos de Coralina. Es él mismo quien le aconseja que escriba las memorias para conservar todas las cosas extraordinarias que cuenta, con la esperanza de ser el amanuense. Pero de nada le sirve el sacrificio de la torre, el elegido es un saltatumbas francés que prescinde de reyes y emperadores para darle voz a arribistas, chulos y millonarios americanos. 






"No soy grande porque soy desconocido"

Mientras José Bastida y los miembros de la Tabla Redonda escuchan atentamente y sin pestañear, el vate Barrantes afirma que fueron razones de propaganda las que llevaron a inventar que Coralina Soto nació Lilaila Souto, hija de un griego y una bailaora gitana, y vino al mundo en Cádiz (la Habana con más salero) no en Gudériz de Castroforte que no figura en el mapa. No habla de su vida privada porque a nadie le interesa si un poeta olvidado amó o no amó a una mujer. Como no hay testigos, creerle o no es un acto de fe. Asegura que a él le disparó un hombre cuando se dirigía a casa de Coralina, una mujer no puede con el pistolón, arma del delito, por razones puramente biológicas. La bala le rozó las costillas aunque la cantidad de sangre que manaba escandalosa de la herida pareciera que le había llegado al corazón. Si buscó la muerte y no la curación se debió al dolor del corazón desengañado. Como aquel forastero de Borges que vino a buscar la muerte y que Carmen Linares nos eriza la piel con su cante y su  voz de diestra valiente: 

No vale ser el más diestro, 
No vale ser el más fuerte; 
Siempre el que muere es aquél 
Que vino a buscar la muerte.
Borges/Carmen Linares



Este lamento llega al alma de Bastida que tras un cruce tenso de miradas, sale del café como si una sanguijuela le hubiera chupado la sangre, con la sensación de que “la calle estaba pavimentada de cuerpos vivos, encajados unos en otros como sardinas en la banasta, de modo que no quedaba hueco donde poner los pies sin aplastar la cabeza de un niño, que se escachizaba y crujía como un huevo, o el vientre de una mujer preñada, que daba un grito y le llamaba asesino, o el pecho escueto de un anciano, cuyas costillas quebradizas rompían como vidrios, y él no sabía qué hacer, y él no tenía más remedio que pisar.” 





"Bastida se mantenía en su penumbra de donde no sacaba ni las manos"

De frente ve llegar a don Benito Valenzuela, godo activo y singular, subido a una apisonadora mixta que echa asfalto sobre los cuerpos por delante y a la vez los aplasta por detrás, desapareciendo así los cuerpos enlatados bajo el olor a chapapote (Nunca mais) y el pesazo del rodillo. 

Bastida se libra de milagro del afán aplastador de don Benito Valenzuela, nunca la luz fue tan temprana como aquella jornada en que evita pasar a formar parte del cimiento. Al llegar a la fonda se quita los zapatos para no despertar a los viajantes catalanes, hay que vender el producto en el mercado de los empobrecidos para dar trabajo y crear riqueza en Cataluña. Al entrar en su cuarto, aquello es Sodoma y Gomorra de perversión. Negros y negras de macumba ante el busto de Coralina Soto. Se abre paso entre culazos enormes que lo aplastan, se tumba en el catre y un pie de una temblorosa en trance le cierra los ojos. Ya solo oye los cánticos en portugués divino. Aquello termina “como el rosario de la aurora, negros y negras apareados alcanzaban contactos esenciales con el misterio y lo manifestaban con gritos y ayes” hasta el agotamiento. Inflamados de misticismo laico, se marchan entre cánticos de tristeza portuguesa. Cae dormido entre hombres que le roban, le quitan el sueño, lo dejan en cueros y lo entregan a un artefacto del que salen personas como adoquines de pez endurecida. 

Al salir a la calle compra el periódico, en la última página destaca el titular: EL VATE BARRANTES CONTESTA AL PROFESOR BENDAÑA.


Come writers and critics 
Who prophesize with your pen 
 And keep your eyes wide 
 The chance won’t come again 
 And don’t speak too soon 
 For the wheel’s still in spin 
 And there’s no tellin’ who that it’s namin’ 
 For the loser now will be later to win 
 For the times they are a-changin’
Bob Dylan



El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



miércoles, 5 de octubre de 2016

Cartas Marruecas (6) José Cadalso. Soñar con androides.





"Todo lo dicho es poco en comparación de la vanidad de un hidalgo de aldea."


Cartas Marruecas (6)
José Cadalso

Ben-Beley entrega una reflexión sobre la necesidad que sienten algunas personas, enfermas de importancia y obsesionadas por el más allá, de abrazarse a la eternidad, sobrevivir a la muerte: la fama póstuma que nace de un exceso de amor propio por querer perdurarse a sí mismo, afán que no será necio si puede servir de ejemplo y estímulo a los que aún quedan vivos tirando piedras a una casa blanca, como el eterno James Dean hace en la canción de Aute de "Las cuatro y diez."

Sólo la fama del hombre de bien es apreciable. ¿Qué puede trasmitir de positivo a la posteridad la fama de un guerrero que deja tras de sí ciudades asaltadas, campos desbaratados y despoblación? Si acaso más desolación en caso de que a algún joven príncipe se le llene la cabeza de ambición y abandonando el buen gobierno del pueblo y la ciega administración de justicia se lance con un ejército a esparcir el llanto y el terror por los pueblos cercanos. Tampoco la humanidad sacará mucho provecho de la veneración a los preclaros y doctos hombres de ciencia que descubran algo nuevo y que “se envanezcan de lo poco que saben, sin considerar lo mucho que ignoran” porque pronto se descubrirá el engaño. Sólo la fama póstuma del justo y bueno será provechosa para el género humano. Si nos hubiéramos dedicado a cultivar la virtud tanto como las armas, las letras y las ideologías de ocasión y si, en lugar de ensalzar las historias de guerreros y maestros, hubiésemos escrito las vidas de hombres buenos, la gente habría aumentado su propia virtud y habría desarraigado la maldad parásita de ambición con la misma mano.






"Uno de los defectos de la nación española es el orgullo."


Ben-Beley estima que su corazón se estremecería y nada lisonjearía su oído en caso de haber sido uno de los hombres insignes que acompañaron a Tarik en el cruce del estrecho y derrotaron a las huestes cristianas a orillas del Guadalete, dejando a los godos tristes como mustios quedan los prados después de pasar la guadaña, el mortal abrazo de las hoces de Claudio Rodríguez en “El don de la ebriedad.” Las aguas del río embriagadas de rojo de la sangre de los infieles. Como consecuencia de la victoria, miles de españoles prisioneros cultivaron para ellos las tierras de labor, sometidos al derecho de conquista. Otras miles de españolas elegidas por su belleza se ocuparon del servicio. Los nietos de aquellos orgullosos conquistadores pioneros llevaron los pendones hasta las faldas de los montes Pirineos. Sin embargo, los pobres y los magnates le querían: unos porque les aliviaba de la miseria y otros porque no competía con ellos. Los extraños le amaban porque les ofrecía alojamiento, los cercanos le lloraban porque gastó su vida haciendo el bien; el glorioso y resplandeciente sol se oscureció a su muerte. Serán años de vida concedidos a su vejez.

En la carta veintinueve Gazel describe a los franceses en un intento de desmarcarse de los afrancesados. Da cuenta de un viaje a Francia, sobre todo la zona lindera con los Pirineos. Conoce los ataques que sufren los franceses por parte de los españoles religiosos, de los italianos políticos, ingleses soberbios y alemanes ásperos. Lo achaca a la envidia que sienten por el lujo que exhiben sus jóvenes, la prosperidad francesa que proviene de la etapa gloriosa de la nación, igual que los españoles eran odiados en el siglo anterior. Constata que a pesar de los defectos, tienen en el fondo un no sé qué que los hace amables. Afirma que quiere más a un francés que diga haber leído catorce mil comedias españolas sin haber hallado una escena regular en ninguna de ellas, que a otro que enumere primores de nuestros caminos, posadas y espectáculos y dé por perdidos los días gastados fuera de España. Los jóvenes franceses, a pesar del lujo persa que ostentan, tienen el valor de los macedonios como demostraron con creces en la batalla de Fontenoy derrotando a ejércitos duros de la coalición de naciones, bregados en cien batallas.






"Y dando gracias a la providencia divina de haberle hecho don Fulano de Tal."

En su empeño de parecer imparcial indaga en el verdadero carácter de las cosas sin dejarse arrastrar por las apariencias, engañosas la mayor parte de las veces.

El orgullo español se muestra como defecto, a menudo presente de manera inversa a la extracción social del individuo que se cree destinado a una misión redentora, hecho singular del cojonudismo hispano (“¡A mí Gabino que los arrollo!”). Sentencia que “el alemán pide limosna cantando, el francés llorando y el español regañando.” Exigiendo la restitución de un patrimonio robado.

Qué decir de la vanidad de un hidalgo de aldea que se pasea majestuosamente por la plaza triste de su lugar pobre, embozado en su capa de mala calidad, pero arrebatado de pertenencia, repinta el escudo de armas de su casa caída. Todo ello contrasta con el Rey lavando los pies de una docena de pobres ciertos días al año. O los magnates familiarizando con los criados más ínfimos sin mentar blasones, entronques, reatas o enlaces de conveniencia ni matrimonios desiguales que subrayan la diversidad.


Hay quien sueña con el trueno 
de la caja de Pandora 
hay quien sueña con el rayo 
redentor del Santo Grial 
Hay quien sueña con Olimpos 
donde no entre el mal de Aurora 
y quien sueña con androides 
más allá del Bien y el Mal.
Luis Eduardo Aute






El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Cartas Marruecas (5) José Cadalso. Calor en mi nido.






"Por la última tuya veo cuán extraña te ha parecido la diversidad de las provincias que componen esta monarquía."


Cartas Marruecas (5) 
José Cadalso 


Gazel constata una diferencia clara en el tratamiento que en España se le da al trabajo y en otros países europeos, lo refleja en la carta veinticuatro. Sospecha que uno de los motivos del mínimo aprecio que se le tiene en España al trajín diario pueda proceder de que los padres no quieran que un hijo les siga los pasos en el negocio familiar, ya sea en la industria, el comercio o la labranza. Sostiene que la aspiración máxima de los padres es colocar a los hijos en lo más alto de la aristocracia, pero no para descansar y vivir felices, sino para trabajar más después de ennoblecerse, despreciando así la producción de riqueza. Por el contrario, en Londres es normal que una zapatería haya ido pasando de padres a hijos durante cinco o seis generaciones, permitiendo a sus regidores vivir del comercio decente, de la manufactura del zapato y crear riqueza; al mismo tiempo pagando a los mozos de tienda salarios dignos que dejan llegar a fin de mes. 




 "Me ha comunicado su plan de operaciones para toda su vida aunque cumpla doscientos años."

Cuenta el caso de un indiano rico que al volver como un lunfardo “descolado mueble viejo,” en lugar de disfrutar de lo ganado lo que le reste por vivir, viene a “pretender un hábito; luego, un título de Castilla; después, un empleo en la corte; con esto buscaré una boda ventajosa para mi hija; pondré un hijo en tal parte, otro en cual parte; casaré una hija con un marqués, otra con un conde. Luego pondré pleito a un primo mío sobre cuatro casas que se están cayendo en Vizcaya.” Regresa resentido y con afán de revancha, pegado como una lapa al capital: “Como yo lo he ganado, que lo ganen otros.” Decidido a defraudar a los ricos como Curro Jiménez (Qué buena serie de un español de raza), pero no para repartir sino para apoderarse de la miseria de alguna familia venida a menos y hacer casa. A machihembrar muebles a medio hacer del interminable catálogo de  Ikea. Cuadrillas de escribanos, procuradores y de agentes dispuestos a sacar tajada de la desesperanza y la necedad hacen cola a la puerta de su oficina. 

Cadalso no esquiva el asunto de la unidad y diversidad de gentes, comunidades y lenguas de la península. Plasma en la carta veintiséis lo que su curiosidad ha percibido durante los viajes por la geografía nacional y en el comportamiento en los ejércitos, que es lo que más conoce. Considera que la diversidad es positiva en el ejército por el deseo de los soldados de no quedar por debajo del vecino: “Un regimiento todo aragonés no miraría con frialdad la gloria adquirida por una tropa toda castellana, y un navío tripulado de vizcaínos no se rendiría al enemigo mientras se defienda uno lleno de catalanes.” Pero resulta negativa en periodos de paz por el desapego de unas provincias con las lejanas, un impedimento para el encaje del puzle. 




"Fueron los primeros marineros de Europa, y han mantenido siempre la fama de excelentes hombres de mar."



Enumera los tópicos más característicos que han llegado hasta hoy de las gentes que pueblan las distintas regiones y comarcas del panorama nacional. Los lazos de unión, el paisaje abrupto que hermana a los cántabros y a los que hablan vizcaíno en el extranjero, unidos todos por un vínculo indeleble creado en la cuna. Apego al campanario. Los primeros marineros de Europa, hombres de la mar. Orgullo asturiano por haber iniciado la Reconquista y la expulsión de los invasores. Gallegos robustos, curtidos por la dureza del terreno, excelentes soldados de infantería, obedientes y bien mandados. Castellanos leales y honrados. Conquistadores extremeños, poco afectos a las letras. Andaluces arrogantes que miran “con desprecio la pobreza de Galicia, la aspereza de Vizcaya y la sencillez de Castilla;” mujeres de bandera. Murcianos mestizos, mezcla de andaluz y valenciano. ¿Qué hay de los catalanes? Los pueblos más industriosos de España: “Los campos se cultivan, la población se aumenta, los caudales crecen y, en suma, parece estar aquella nación a mil leguas de la gallega, andaluza y castellana.” Pero con el egoísmo por bandera colgada bien alta en los campanarios. “Dedicados a su propia ganancia e interés.” La hierba huele distinto en cada lugar y está más verde al otro lado de la pared. Aragón de valor y espíritu, hombres honrados y tenaces, amantes de su provincia.



Rechiflao en mi tristeza, te evoco y veo que has sido 
De mi pobre vida paria sólo una buena mujer 
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido 
Fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido 
Como no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Flores/Gardel/Calamaro


El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 20 de septiembre de 2016

Cartas Marruecas (4) José Cadalso. Soñar para contarlo.







 "Yo no hallo voz en castellano que exprese la idea que me inspira."


Cartas Marruecas (4) 
José Cadalso 

La carta número nueve es una defensa de la actuación de los primeros conquistadores en América, motivada por los ataques que ha sufrido de los enemigos del imperio español a lo largo de la historia. El texto, estructurado en veinte puntos, es el traslado a las cartas de un papel leído por Nuño acerca de la conquista de Méjico, sustanciado en el liderazgo de Hernán Cortés. El intento de imparcialidad de Nuño parte de la – a su parecer- injusta acusación de crueldad a la intervención de los españoles durante la conquista por parte de los humanísimos países que “van a las costas de África a comprar animales racionales de ambos sexos,  a sus padres, hermanos, amigos, guerreros victoriosos, sin más derecho que ser los compradores blancos y los comprados negros; los embarcan como brutos, los llevan millares de leguas desnudos, hambrientos y sedientos; los desembarcan en América; los venden en público mercado como jumentos, a más precio los mozos sanos y robustos, y a mucho más las infelices mujeres que se hallan con otro fruto de miseria dentro de sí mismas; toman el dinero; se lo llevan a sus humanísimos países, y con el producto de esta venta imprimen libros llenos de elegantes inventivas, retóricos insultos y elocuentes injurias contra Hernán Cortés por lo que hizo.” Contrapeso de la leyenda negra. 

A juicio de Nuño, Cortés es un subordinado militar que acata órdenes. Posee carácter de héroe porque pone orden en la tropa que manda, termina con los ídolos que exigen sacrificios humanos y apacigua a los nativos. Maestro y ejemplo en la lucha de pocos contra muchos. Y sobre todas las razones, le parece ejemplo de heroísmo sin igual humillarse ante quienes va a conquistar. Apaga y vámonos si quemar los barcos para impedir la retirada de los suyos, no es humana valentía. La Noche Triste y la batalla de Otumba. Tener la moneda y lanzarla al aire; vencer o morir sin fisuras. Además, si todo lo anterior supiera a poco, Cortés cuenta con la sagacidad suficiente para buscarse aliados entre los nativos y aplicar el castigo a los traidores con rigor. Concluye la reflexión aceptando que se mató mucho y mal sobre todo en el Perú, pero si le dieran a escoger entre morir defendiendo a los suyos y ser llevado con padre, mujer e hijos a miles de leguas hacinado en un navío, comiendo habas y agua podrida para ser vendido como esclavo y después trabajar en trabajos que nadie quiere hacer, habría elegido la suerte de los primeros. Ya pueden, “los continuos mercaderes de carne humana” contarlo en prosa o en verso, en homilías infumables o panfletos sueltos. 





"Deja a la posteridad un ejemplo de valentía, nunca imitado después, y fue quemar y destruir la armada en que había hecho el viaje, para imposibilitar el regreso y poner a los suyos en la formal precisión de vencer o morir: frase que muchos han dicho, y cosa que han hecho pocos." 

La poligamia está mandada por la religión y autorizada por el gobierno en Marruecos. La religión la prohíbe y la costumbre la tolera en Europa. Gazel observa, escucha a unos y a otros y concluye que los musulmanes varones no tratan peor a la mitad hermosa del género humano. En ese momento invade España con rapidez una casta nueva y peligrosa que hará del país una nación de bárbaros si no se ataja a tiempo. Se trata de una colección moderna de petimetres que secan los mares, que tratan a las mujeres con desapego de gallo de corral: usar y tirar. No son moros ni tienen serrallo, pero juran que entre las que asaltan, las que capitulan y las que se entregan sin aguantar el sitio, suman por día más que los moros en toda su vida. Malditos don juanes. 

Observa que a pesar de la relajación de costumbres,  aún quedan matronas dignas de respeto que nunca admitirán un yugo tan duro e ignominioso. Las débiles las respetan. 

En la carta número veinte Ben-Beley agradece a Nuño la ayuda que le presta a Gazel para que comprenda los usos y costumbres de los españoles. De paso le pide opinión sobre el adagio tantas veces repetido de que España es diferente a todo: carece de carácter propio, que es el peor carácter que se puede tener. 

A vuelta de correo Nuño le escribe una carta no muy larga, pero bien estructurada. Le señala que esa apreciación puede corresponder a las costumbres de Madrid, pero España es mucho más. Si viaja a las provincias de interior, comprobará que las cosas están igual que hace tres siglos. Allí persisten el comercio bajo mínimos, los malos caminos y la escasa diversión. Por lo tanto, “los hombres están compuestos de los mismos vicios y las virtudes que sus quintos abuelos.” En medio de la decadencia del carácter nacional, de vez en cuando se descubren señales del espíritu antiguo. Por cada español que muestre tibieza en la fe, siempre habrá un millón que saque la espada para defenderla. Por cada español que dé el callo, que se entregue a su trabajo todo lo que pueda, siempre habrá un sin número que pliegue el chiringuito para ir a las Asturias a buscar ejecutorias y vivir del cuento. 




 "Esta libertad en el trato, que tanto te hechiza, es como la rosa que tiene las espinas muy cerca del capullo."


En general, la idiosincrasia del español tipo tiene un componente de religión, de valor y amor a su soberano. Vanidoso por naturaleza, desprecia la economía y presenta propensión al amor. Todo ello forma un conjunto de virtudes y defectos sobre los que hay que actuar para que éstos disminuyan y aquellas aumenten. “Imposible aniquilar lo que es parte de su constitución.” 

A continuación, da tres ejemplos de cómo lo que a veces se defiende como tradicional tiene corto recorrido histórico. La moda: un traje muy incómodo que se defiende porque es español y bueno cuando en realidad fue introducido y puesto de moda por la casa de Austria. La filosofía de Aristóteles, desterrada en Europa, se sigue defendiendo aquí porque se considera un símbolo de la religión,  cuando en realidad el método nos vino también de fuera. Algo parecido ocurre en el ejército al defender la antigua disciplina española, la sabia disciplina que hizo florecer los tercios en Flandes e Italia, cuando en realidad es una copia de los ejércitos franceses de Luis XIV que eran aliados, como ahora lo son los del emperador prusiano Federico. Y concluye la epístola con una sentencia: “El patriotismo mal entendido, en lugar de ser una virtud, viene a ser un defecto ridículo y muchas veces perjudicial a la misma patria.” Por confundirse con nacionalismo exaltado que impide ver los defectos y llegar al fondo de los problemas, reconocerlos, como primer paso para remediarlos.


Sin prisa pero sin pausa, 
esos carcamales 
organizan sus cruzadas 
contra el hombre libre
 más o menos responsable 
de todos los males 
porque piensan por su cuenta. 
Sueñan y lo dicen.
Joan Manuel Serrat






El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 13 de septiembre de 2016

Cartas marruecas (3) José Cadalso. Tiempos para la chapuza.






" [En el imperio de Marruecos] todos somos plebe, siendo muy accidental la distinción de uno o otro individuo para él mismo, y de ninguna esperanza para sus hijos"

Cartas marruecas (3) 
José Cadalso 

Gazel piensa que el mestizaje de los pueblos europeos ha traído consigo la adquisición de vicios y el rechazo de las virtudes particulares, ello desembocará en el desapego hacia la patria y la formación de una nueva nación separada de las otras. Se pueden imaginar que será una nación dirigida por familias patricias, dispuestas a sacar tajada, en beneficio de los mismos prestidigitadores de siempre, los que quieren salvarnos la vida. Una nación distinta en idioma, traje y religión. Los pueblos seguirán siendo infelices arrastrados por la decadencia de los estados, pues “los unos se mantienen por la flaqueza de los otros y ninguno por fuerza suya o propio vigor.” Si en ese momento desembarcan naciones guerreras mandadas por héroes de ésos que produce un clima a los extremos de Europa, penetrarán hasta el corazón del continente como el cuchillo en la mantequilla blanda, mal protegido por ejércitos lucidos y simétricos, pero compuesto de esclavos debilitados por el peso de sus cadenas, mandados por generales sin patriotismo fruto de la relajación de costumbres, con lo cual no habrá muralla alta ni foso lo suficientemente profundo que los detenga. Ya pasó con sus abuelos, cuando hace siglos pasaron a cuchillo a los godos españoles hasta teñir de rojo las aguas del Guadalete. Después se necesitaron ocho siglos para reparar el daño que la afeminación había causado. 

Remata sus argumentos con la desolación que ha observado durante los meses que lleva en España: la población diezmada; dos tercios de las casas en ruina; no se conoce un sabio que destaque; la gente huye en desbandada de la dureza de las zonas rurales; las fábricas desaparecidas, sale más a cuenta traer las cosas hechas de Francia o Inglaterra. El apologista, sorprendido por el rosario de razones tan bien ensartadas y sofocado porque nadie le eche un capote, dice que ahora se come mejor, los lacayos hablan de religión y los maridos y amantes ya no se desafían. Además, no se ha conocido desde el sitio de Almeida nada tan útil para la sociedad como los polvos “sans pareille” inventados por Monsieur Frivolité. Gazel asiente por no discutir la ridiculez y se retira a sus oraciones. Pide porque el cielo aparte de su padre los efectos de este tipo de cultura. 





"Su nombre era Domingo, su patria Galicia"


La carta siete parece un relato intercalado, en ella se trata de explicar el daño que causa la relajación de costumbres en la cultura, el tipo de cultura que recibe la nobleza. 

Dice el narrador que en Marruecos no existe diversidad de clases sociales. Allí están el emperador y los vasallos despreciables. Y se acabó, no hay más. En Europa conviven varias clases de vasallos. Las alturas de la escala social están ocupadas por los que nadan en la abundancia debido a herencias y gozan del favor del soberano. Les siguen otros nobles menos poderosos, pero que ocupan los empleos del ejército, la armada, los tribunales y las magistraturas que son puestos que no suelen ofrecerse al pueblo llano embaldosado al suelo. 

Añade que mientras que en Marruecos no hay diferencia en el modo de criar a los hijos, en Europa la educación de la juventud es asunto de primera magnitud. Mientras que las clases populares no necesitan estudios para aprender el oficio de los padres, los otros dos escalones de la jerarquía social necesitan educación para desempeñar los empleos que han de ocupar con el tiempo. Sobre todo la clase alta que a los veinticinco han de afrontar serias obligaciones, como disponer de rentas inmensas, mandar ejércitos o reunirse con embajadores. 

A continuación escribe un relato,  claro como un relámpago, de algo que Nuño le contó sobre un asunto que tanto ha leído, oído, hablado y meditado. Resulta que un día, camino de Cádiz para unirse a su regimiento, se pierde en un monte. Como la noche se le echa encima, acepta la invitación de un mozalbete de unos veintidós años. El caballerete va vestido como un pincel, montado en un caballo primoroso, dos pistolas al cinto, pañuelo de seda morada al cuello y tocado de sombrero blanco finísimo. Van al cortijo de su abuelo a media legua de allí. La viveza de su ingenio y la voz agradable hacen de él un orador perfecto, un brasas que diría un castizo. Pronto el medio soliloquio gira en torno a los familiares del anfitrión, un tío comendador que participó en la batalla naval de Tolón, la disposición de los navíos ordenada por Blas de Lezo en la defensa heroica de Cartagena de Indias o la derrota del Princesa ante un velero imponente equipado con noventa cañones. Se agradece el brote de gota que padece, “porque si no, tenía traza de irnos contando de uno en uno todos los lances de mar que ha habido en el mundo desde el arca de Noé.” También cuenta con un primo que sabe todos los pormenores de todas las batallas que se han librado desde que los ángeles buenos derrotaron a los malos. 





¡Ay de aquel que se resistiera! ¡Qué cantarazo llevaría!

Cuando pasan por el río Guadalete, ya desteñido del recuerdo triste, el autor aprovecha para tocar la historia, también tiene un hermano canónigo de Sevilla, biblioteca viva de todas las historias. Tampoco falta el abuelo famoso en la relación de parientes. Su abuelo vivió una larga vida, fue capitán de lanzas de Carlos II. Le cuenta que quedó huérfano muy jovencito, fue educado por un ayo que quiso meterlo en cintura, pero lo que consiguió fue que aprendiera gramática parda, leer romances, tocar seguidillas y cómo se le pone una vara a un toro. El que primero la tomó fue el dómine a los gritos de ¡Viva el señorito! 

El tío Gregorio, carnicero de la ciudad, siempre los acompaña a las fiestas. Al llegar al cortijo, ya se han juntado para ir de cacería al día siguiente (Mezcla de siglos, Paco el Largo y el marqués de Leguineche de Los santos inocentes y La escopeta nacional). El tío Gregorio hace cigarros y se los ofrece encendidos a los caballeritos, atiza velones, es palmero y brinda a la salud de los presentes con medios cántaros de vino. Nuño, descolado en un mar de pensamientos, no pega ojo en toda la noche. Hasta la habitación llega la jarana, el ruido de las castañuelas, el quejío roto de los gitanos, la quimera, el ladrido alborotado de los perros y el desentono de los cantaores. Lamenta la educación de los cachorros de la clase dirigente, la decadencia está servida.


Tiempos como nunca 
para la chapuza, 
el crimen impune 
y la caza de brujas. 

 Corren buenos tiempos, 
buenos tiempos para equilibristas, 
para prestidigitadores 
y para sadomasoquistas.
Joan Manuel Serrat






El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.