lunes, 21 de abril de 2014

Rosa – Fría, patinadora de la Luna (3) La Tortuga 427. María Teresa León. Verano






"Horma en saco... Y a la entrada de la ciudad, chicharraco."

 
Rosa – Fría, patinadora de la Luna (3) 
La Tortuga 427 
María Teresa León 

Las tortugas son animales peculiares y misteriosos, fáciles de criar, difíciles de domar. Nunca se ponen malas y no te creas que andan perdiendo el tiempo en pensarte, ni en pensarse a sí mismas. Muy desdolidas, jamás las he oído quejarse de nada. Se clavan los puñales del invierno cuando el frío arrecia y se borran de la vida activa durante más de seis meses seguidos. Y así todos los años. Los niños no se arriman a ellas porque dicen que huelen mal. Es el trabajo que dan cuando están despiertas, bien vivitas y coleando: cambiarles el agua a diario y echarles de comer. Mis tortugas por no tener no tienen ni nombre (no están acristianadas, como tampoco lo estaba el burro de Sancho), yo las llamo por su tamaño: la Grande y la Chica e ignoro si son macho o hembra. Se les coge cariño a pesar de su mutismo y su mirada asustadiza dentro de  ojos de besugo. 



 "Le azotaron con sus colas los cometas"

Pues bien, un domador de tortugas no se presenta a una cita a la hora del té. En su lugar aparece una tortuga, la que lleva impreso el número 427 y última que el señor ha amaestrado. Pide 427 servicios de pasteles, de vasos de agua y servilletas, duda si será capaz de imitar y sustituir al dueño con decoro. Una presumida rana cantora imita estupendamente a su dueño de quince y los burritos blancos. 

Pide lechugas y cucarachas al crujir para comer, pero la camarera no la oye. Mete la cabeza en el caparazón y le vienen los recuerdos de lluvia continuada y la humedad del vientre oscuro de una ballena. Noé aparece barbudo y canoso, arrastrando unas barbas alargadas como algas, ralas con olor a cabra recién ordeñada porque se lava poco; escasea el agua. Se le acumula encima el abono que las aves de paso dejan caer desde lo alto. Se muestran sorprendidos por aquella lluvia, era la primera que caía sobre la tierra. De tanto caer, todo lo cubrió. Los pozos, los valles, los huecos completos, todos rebosantes  de agua y más agua. 


 "Por el interior de sus ojos ciegos seguía a sus hijos, a cada hijo suyo andando, andando, multiplicándose."

Noé junta a los animales en lo alto de un monte, los atrae con un canto y de paso selecciona las especies. Los grandes de tamaño no entraban, se quedan para hacer de grandes esqueletos en los museos de Historia Natural: “las casas apagaron las luces, los relámpagos quitaban las crestas de las águilas y se las ponían a los gallos, cortaban trozos de plesiosaurio y dejaban caimanes, cocodrilos y lagartos.” Tanta agua descargaron las nubes que el cielo se fundió con la tierra líquida. Deciden que Noé se encargue de alquilar unas cuantas  ballenas para salvar a los seres vivos con el agua al cuello, pero iban ya repletas de otros náufragos. Por fin, al cabo del tiempo, aparece una libre de inquilinos. Allí entre vísceras se alojan. La tortuga, dotada de su proverbial lentitud solo buena para algunas cosas, se retrasa, pierde la vez y no puede entrar. Se sube con esfuerzo a los lomos del enorme animal marino, “sola bajo el diluvio, presenciando íntegro el descarrilamiento de las nubes y el naufragio de la Tierra. Cabeceando, borracha de agua, presenciando prodigios.” La tortuga es la única que el día veintiuno ve el sol con aros de colores, hace las veces de Rodrigo de Triana del Arca de Noé, el mismo que grita “¡Tierra a la vista!” desde la Pinta cuando el Descubrimiento de América. Al cuadragésimo día dejó de llover. Regresa del cuento a la penosa realidad de una tortuga, a andar entre los hombres, a soportar las pisadas sin querer de mala gana. Sufre patadas, golpes y atropellamiento, como Sancho en la ínsula. Un perro le lame los ojos. La expulsan, la empujan a la calle cuando “el invierno dormía helado en los troncos y en las aceras”. Despeñada por una alcantarilla, desaparece la lenta tortuga de corazón de aceite entre goterones de tinta china, lagrimones de pena negra le empañan las paredes del caparazón. 


Summertime,
Child, your living's easy.
Fish are, fish are jumping out
And the cotton, Lord,
Cotton's high, Lord so high.
Gershwin/Joplin 






 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

miércoles, 16 de abril de 2014

Rosa –Fría, patinadora de la Luna (2), María Teresa León. Vete a tu luna




 "En lo alto de las ramas se fueron enganchando el Humo de las fábricas y de los trenes, el Vaho de los caballos, la Evaporación de los estanques"

Rosa –Fría, patinadora de la Luna (2) 
María Teresa León 

“Rosa-Fría, patinadora de la luna” es el título de un soneto de Rafael Alberti publicado en su poemario de 1924, “Marinero en tierra”, cuando aún no había intimado con MTL. Un poema de despedida definitiva a una novia que deja tras su huida el hueco de la ausencia, la escarcha del silencio, el dolor que desteje la luz en los pañuelos blancos de amargura y la esperanza esculpida de un futuro alegre en los vuelos de la falda que huele a pan tierno, confundida entre caricias de nieve recién caída. Un tema atractivo para los que pisamos el suelo y nos quedamos mirando al cielo con admiración para preguntarnos quién manejará con tanto tino las riendas del universo, quien pondrá orden en el caos para que las estrellas nunca se choquen entre sí ahí arriba. 

Los abetos patinando por la luna helada desatan la imaginación de MTL diez años más tarde. Una vaca mansa, desgastado el orgullo del asta por lo tanto, baja a la tierra en el pico de un gallo con las claras del día, la envían los astros con un recado para transportar a Rosa-Fría sobre los lomos y que participe en una competición de esquí en la luna nevada. Por el humo de una chimenea, el pelo enredado de cuento de hadas, trepan a una nube y de allí alcanzan la ventana helada de una casita pálida de luna. 




"La ventana de la casa de la luna estaba llena de escarcha"
 
Rosa-Fría no es cualquier cosa, es una campeona de esquí que se lo toma en serio. Para entrenarse en verano llena los pasillos de confite blanco mientras espera la llegada del frío y la nieve. Un día los lobos bajan a la luna a hombros para meter miedo en la tierra, pero no asusta a nadie; como solo los espantapájaros reparan en ella, se acabó el cuento del miedo para siempre. Desde entonces se hacen espantapájaros con sombrero en huertos y sembrados para hacer reír a pájaros y niños. 

La luna ha organizado una carrera con participantes volátiles y terriblemente veloces para Rosa-Fría y la Sonrisa de los dinosaurios: El Vaho de los caballos y de los bueyes, el Humo de los trenes y de las fábricas oscureciendo calles, atascando pulmones, los Suspiros de los hombres, el Ladrido de los perros y las Miradas a los globos que se escapan. La Tierra está que arde, la luna se alza como tabla de salvación y reserva. Todo se confabula para el desastre que se avecina, el agua se agota y la luna recoge gota a gota el agua evaporada. “Aquí mueren, se acaban de consumir todos los recursos de la tierra.” “Vienen a morir en mi”, dice la luna mientras mete prisa a Rosa-Fría. Los enjambres de estrellas, las constelaciones de astros están ya esperando, impacientes en el tendido patean y silban, la función tiene que comenzar. La Vía láctea regateando el precio de la entrada, los reventas hacen el agosto. 


 "¿Y qué es eso que se estira, se estira y se inflama?"

A Rosa – Fría le entra el canguelo en el momento de la verdad, la jindama es libre y recurre a todo tipo de excusas para no acudir. Vienen los morsa doctores, las focas, los renos de la estirpe de los cirujanos, sabios todos que hablan en latín. La Aurora Boreal, con aire solemne de verdad absoluta y jefa suprema de los médicos tiene la última palabra y dictamina: “No tiene nada”.  Se queja de vicio, su dolencia es cuento. Rosa- Fría le ruega a la vaquita recadera sin cuernos que baje a la tierra a por ayuda, que recabe la ayuda del Viento Mistral, de los abetos y los aullidos de los lobos del invierno austral. Que no se olvide del pañuelo con el espejo. 

Llegan los lobos que marchan a paso ordinario, como húsares arrastrando los sables. Se colocan al abrigo de los abetos que enredan al humo y al Vaho y amedrentan los ladridos de los perros. La bufanda, la falda, el viento amigo que sopla a favor y el espejo que entretiene a los suspiros de España y Portugal. 


 "Y era ya la madrugada cuando la vaca regresaba hacia la Luna, en el pico de un gallo."

Sube cuestas nevadas, baja a las sombras permanentes de los barrancos más hondos y alcanza la meta en primera posición. Victoria sufrida que vale por dos collares de piedras del rayo que precede la tormenta y entradas para el cine. Antes de romper el día la vaquita regresa a la luna después de dejar a Rosa-Fría muda en su baranda mirando cómo sangra la luna cuando llega el buen tiempo. 



 Y un higo chumbo y una aceituna
tu nuevo mundo yo descubrí con Colón.
Y una aceituna y un higo chumbo,
vete a tu Luna y déjame en mi rincón.

Vainica doble


 


 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 14 de abril de 2014

Dejar las cosas en sus días (11), Laura Castañón. Eternamente tu mano




"Ya adivinaba la silueta"

Dejar las cosas en sus días (11) 
Laura Castañón 

Gustavo comparte el tiempo libre entre la actividad contemplativa de sus películas verdes en el sótano de su casa y el Círculo Católico donde va a leer el periódico. De la contemplación desde lejos con mando a distancia pasa a otra de verdad, también a escondidas, cuando su mujer, Montserrat,  se empeña en talar el ejemplar de fresno que tapaba la ventana por ser demasiado autóctono. Desde el hueco,  el ingeniero vigila con unos prismáticos la habitación de Paloma. La señora quería oler y tocar el exotismo florido de magnolio o de las adelfas en el jardín. Qué señora más pija me parece ¿Dónde va a comparar el porte y la belleza austera de un fresno con el floripondio de un árbol tan extranjero? No me extraña que al señor le salieran demonios dentro que domar con semejante ser en casa. 




 "Con la ventana libre del obstáculo del fresno, podía ver la casa de Montañés"

No se le pasa ni un detalle a la autora. El diario de Claudia nos dice que don Macrino se “dio la vuelta” durante la misa preconciliar para felicitar a dos jovencitas tocadas por la gracia que se van al convento. Quedan en activar el código secreto para comunicarse sin que las monjas se enteren. La marcha de dos trillizas supone un motivo más que añadir a la tristeza que invade la casa. No importan las felicitaciones de los de fuera y que se fueran a rezar por el bienestar de la familia y de todo el género humano. 

Aida se muestra preocupada por la entrevista con Andrés Brañas, decidida a tomarla como una más de la larga lista realizadas durante su vida profesional. Le desagradaba la idea de tener que comprender y mostrar sensibilidad con algo que siempre había odiado. No podía negar que estaba llena de prejuicios. Había dejado de escribir sus memorias porque siempre se quedaba con la sensación de que lo escrito no era más que la punta del iceberg de todo lo que le bullía en su interior. Aida recibe un mail de Ara con tres fotos antiguas. A los lectores nos llegan comentadas por una profesional que sabe leer imágenes porque ha tenido que interpretarlas muchas veces en el trabajo. Otro correo de Bruno en el que le anuncia que se presentará en Gijón después del rodaje. Las sesiones de quimio de Marisa son duras y todo le toca a el, los hijos ni aparecen. 




 "Y también las historias de aparecidos que se contaban en la coicna, principalmente las que tenían que ver con la Güestia"

Se tuercen las cosas en Bustiello con la muerte de Manuel y la puesta al descubierto de la relación de Efrén y Camino. Nos enteramos de que Sidra fue quien indicó a los Baizanes dónde paraba Manuel el día de su asesinato. Camino frecuenta la casa de Pomar después de la separación con la excusa de visitar las trillizas y a Claudia, les lleva recortes de chocolate que coge en la fábrica, a las niñas les parece una delicia. 

“De Pomar nunca salió una novia para casarse.” Afirma Paloma con amargura, por eso le gustaría ver a Aida de esa guisa. En Pomar siempre estuvieron de luto. La Navidad del año veintitrés Paloma está a punto de cumplir catorce años, a ojos de Claudia es la única que sabe qué hacer. Su padre, ido; Sidra, loca de remate; Dorotea es quien evita el colapso total porque Paloma ya solo piensa en Antón y en las vías del tren que lo acercan y lo alejan. 



 "Empezaba a creer que cuando la desgracia entra en una casa, no hay forma de echarla ni a escobazos"

Un oleaje extremo, adivinar la silueta, la dentadura increíble, calcular las horas, el hoyuelo en la mejilla,  cruzar los dedos,  la boca del estomago brincando libre al aleteo de enjambres de mariposas sobresaltadas. Así sienten las piernas de Paloma que no la sostienen de emoción la llamada del primer amor, del único y verdadero: “Y preguntarse si debería mirarlo o no, y responderse que le daba igual, que quería mirar aquel hombre que la había tenido veinticuatro horas poseída por una sensación tan nueva, tan incomprensible, que necesitaba mirarlo, ver cómo era, ver quién era.” Paloma se instala en un estado de “rumor de amapolas, o de nubes, el estado de flotación” cuando Antón la sube a la máquina y la besa en la boca y se confiesan que es el primero para  ambos. Un maquinista de veinticuatro y una adolescente de catorce requiebran el alma. Paloma se pasa las horas muertas contando nubes y paredes de cal, jugando con la turgencia de los fonemas que sustancian el sustantivo Antón, caracola de luz caliente, un sintagma más rotundo que una oración subordinada. Antón como forma de escapar del “panteón portátil que acumulaba muerte, desidia, amargura y devastación.” 

 eternamente tu mano
cuando te vi sabia que era cierto
este temor de hallarme descubierto
tu me desnudas con siete razones
me abres el pecho siempre que me colmas
de amores
de amores
eternamente de amores
  Pablo Milanés



 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 10 de abril de 2014

Rosa – Fría, patinadora de la Luna (1) María Teresa León. Capitana, luchadora





"En la mayor parte de estos cuentos, y contrastando con la desbordada fantasía de algunos,  late siempre una gran preocupación social"


Rosa –Fría, patinadora de la Luna(1) 
María Teresa León 

Rafael Alberti cuenta con ochenta y siete años cuando dibuja la portada de la edición del libro de cuentos escrito por su compañera desde 1929, María Teresa León, que acababa de fallecer en 1988. Alberti regresa a su trazo de niño dibujante que nunca acabó de abandonar del todo para esbozar de azul el bamboleo de la luna en cuarto menguante,   acompasada al cimbreo de una grácil esquiadora, junco por cintura cuerpo de abeto al deslizarse luna abajo esquivando obstáculos, sorteando cipreses lunares. 


 
 En abril de 1936 se reúnen alrededor de Cernuda en el restaurante madrileño, "Los Galayos", - Casa Rojo entonces - como se puede observar: Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, José Bergamín, Manuel Altolaguirre, María Teresa León y Concha Méndez entre otros. 

Una breve reseña de la editora, María Asunción Mateo, (que luego sería la compañera del poeta hasta su muerte) y del propio Rafael Alberti, autor de nueve dibujos que ilustran otros tantos cuentos que nos invitan al prólogo, cuajado de imágenes que jalonan algunos de los momentos más importantes de su vida. A menudo acompañada de sus amigos escritores. La autora de “Rosa-Fría, patinadora de la luna” nace 1903 en Logroño en el seno de una acomodada familia burguesa. Su padre es coronel de un regimiento de húsares y ella tiene que seguirle en sus frecuentes traslados por motivos laborales. 



 "Su prosa fluida, amena y clara es una de las más importantes dentro de la narrativa de la llamada Generación del 27"

Su reseñable rebeldía ya se hace patente en su expulsión del colegio madrileño en el que estudiaba. El Diario de Burgos publica sus primeros relatos a la edad de quince años. Se casa con dieciséis como forma de independizarse, para librarse del control familiar. Fracasado el matrimonio, aprovecha las leyes republicanas para divorciarse. María Teresa fue una mujer de armas tomar y llevar como señala la autora del prólogo: “[…] Su decisión, valentía y arrojo en las circunstancias más peligrosas que le hicieron llevar durante toda la guerra una pequeña pistola pegada al cuerpo.” 

Cuando tu apareciste 
Penaba yo en la entraña más profunda 
De una cueva sin aire y sin salida 

Así expresa el estado anterior al deslumbramiento que el autor de “Marinero en tierra” sufrió en 1929 al conocer a la que sería su compañera durante sesenta años en el compromiso político, pasión a la que ambos entregaron los mejores años de sus vidas, en el exilio y en el regreso casi al final de su camino. La edición llama la atención por el sabor añejo que desprenden sus páginas engalanadas por artísticos ribetes laterales en todas sus páginas e ilustrada con imágenes de la autora,  reflejo de los momentos más importantes de la  vida de María Teresa León, autora de producción literaria abundante, casi desconocida para el gran público y que vivió toda su vida a la sombra de Alberti, como una cola del cometa, según su propia confesión. 








 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 7 de abril de 2014

Dejar las cosas en sus días (10) Laura Castañón. Cómo quieres tu que olvide.




"Aquel mundo en que yo vivía fue el que dejé atrás en París gracias a Corinne"

Dejar las cosas en sus días (10) 
Laura Castañón 

El diario de Claudia es un género literario para “Dejar las cosas en sus días", destaca por la frescura e inocencia que su lectura desprende. Claudia es una niña cuando su hermano Manuel es asesinado en una fonda de Mieres. Los niños se enteran de todo aunque no lo parezca. Ella recoge en su diario la tristeza que embarga a la Casa de Pomar. El narrador es el nexo de unión entre los hechos y los lectores. La introducción del diario es un aspecto positivo más a añadir a la larga lista de activos que la novela oferta. Sobre todo por narrar los hechos luctuosos desde el punto de vista de una niña pequeña, conservando la redacción original y trasladar a la vez la carga emotiva que invade la casa, además de una certera descripción de cómo la locura de Sidra afecta al día a día de la familia. 

Durante los meses de 1924 en los que Claudia está enferma, escribe poco en su diario porque lee mucho. Resulta curioso comprobar cómo va mejorando la redacción; por lo tanto el cuidado que pone la autora en observarlo. Lee hasta la enciclopedia Espasa de su padre,  además de hacer las cuentas y planas que Paloma le pone. A cambio le guarda el secreto de sus salidas para verse con Antón. 

Andrés sigue hablándole a la nada, al disco duro con corazón de silicio del ordenador. Vuelca los recuerdos de sus meses en París con diecisiete años, el olor y la limpieza de las calles de París, el perfume de Corinne (a quién no le gustaría haber contado con una francesita en su biografía para presumir). Su tutor, Jacobo Ordoñez, lleva la muerte en los pulmones, le manda a conocer mundo con Campos de Castilla para leer en la maleta. Regresa a Madrid por Navidad de 1930. Conoce a Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes, en ese momento destacado autor teatral que le parece un amanerado poeta engominado. 


 "De las revoluciones solo quedan cenizas"

A través del dialogo con su amiga Jimena nos enteramos de que Aida sigue viéndose con Asier. Los “te quiero” de Bruno cada vez son más distanciados. Jimena piensa que el quiere poner distancia. Le advierte de que los encuentros con un ex no cuentan. Más, mucho más,  le preocupa que ella se enamore de alguien que no le corresponde y que no se lo merece. ¿Será verdad que el amor es ciego y tan raro como la verdadera justicia? 

La muerte de Manuel destroza a su padre, lo ciñe a una permanente sombra oblicua, la mitad de lo que era se lo lleva el hijo en el cuerpo a la huesera. En el Sindicato apañan una versión con muchos cabos sueltos, todo había ocurrido por un malentendido, sobre todo por no hurgar en la pena y no causar más dolor en el hombre que parecía su sombra, que ya había empezado a irse. 

La repentina decisión de Efrén de abandonar a Camino sin más justificación que las palabras torpes de quien es pillado in fraganti, con las manos en la masa, la coge por sorpresa. Se siente “la otra” de la copla, la abandonada porque lo suyo no puede ser. Pero Efrén no es un héroe de película ni un ser especial. Algo le ronda por la cabeza con nombre de miligramos de cianuro. Cómo se enreda la copla y el cuplé. 


 "De pronto una pieza mal colocada en el puzle hiciera saltar por los aires la armonía del conjunto"

Paloma cuenta los despertares porque barrunta que alguno será el último, es ley de vida que la última viva de la Casa de Pomar vaya haciendo la maleta. “Morirse no debe ser tan malo”, ella que ha visto desaparecer a toda la familia afirma que al menos no tan malo como la agonía de Claudia que se pasó toda la vida sin saber dónde descansaban los huesos de su marido. Recuerda que la muerte de Manuel trajo desolación a la casa y al valle. Sidra impone la ley del silencio musical, nadie vuelve a tocar el piano en la casa. Pomar quedó en tierra de nadie, ni de los suyos ni de los nuestros. A pesar de su encaje en la clase alta del valle, quedaron excluidos de su bando por contar con un asesinado en la familia a manos de los Baizanes, camisas viejas de Falange. 


"El tiempo tiene sus propios planes al margen del deseo o la conveniencia de quienes pretenden atraparlo" 

La convivencia se fue deteriorando en la comarca minera durante la Dictadura de Primo de Rivera que da un golpe de estado en septiembre de 1923. Una banda de pistoleros anarquistas dirigidos por Durruti asaltan un banco en Gijón, las dos noticias comparten portada en el periódico. La Revolución sin víctimas es la vieja aspiración de Efrén, como si fuera posible hacer una tortilla sin romper huevos. A pesar de todas las guerras y revoluciones que asolaron el territorio peninsular durante el S. XIX, no hubo una revolución en condiciones como en Francia. Los ojos de don Benito se empañan de lágrimas cuando la mano helada se le agarra a la garganta, cada vez que recuerda los planes que tenía para su hijo una vez terminados los estudios. Don Benito sospecha que la educación de sus cinco hijas se le escapa de las manos. Mientras Almudena y Begoña responden a la llamada de la vocación religiosa e ingresan en un convento, presiente que Sidra se va a quedar para vestir santos. 

Como quieres tú que olvide
aquello que yo decía
de que el hombre "tié" razón
y la mujer es la esclava
"pa" servirlo de por "vía".
Pedro Cobos. Marisol



 


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


miércoles, 2 de abril de 2014

La saga/fuga de JB (5) Gonzalo Torrente Ballester. Imaginar es libertad





"Mujeres enlutadas lo proclaman a gritos en los apretujones de las apoteosis"

La saga/fuga de JB (5) 
Gonzalo Torrente Ballester 

"¡Cuídate de los Idus de marzo!" Cuando estos renglones torcidos vean la luz se nos habrá ido otro marzo con prisa. Nada hay más inútil que esa intersección de calle y de tiempo que nos ata de pies y manos, apretujados al subsuelo que nos asfixia, temario urgente de instantes, calendario de días consumidos. Los derechos no se regalan, se luchan. Quien resiste, al final gana. No cuentan ni el que se rinde antes de tiempo, ni el que se echa al surco de la dejadez o la indolencia. El cuchillo entre los dientes, siempre pendiente como el centinela que espera la aurora. “La vida es un recodo del espacio y del tiempo”, un accidente, un error de la línea recta, de la geometría aplicada a mano alzada. Una excepción, una rareza, el milagro de los panes y los peces. 

 Don Benito Valenzuela es la excepción que confirma la regla, paciente por naturaleza, godo de tres estallos, utrero de cuatro yerbas. Cuando el silencio te habite con su sombra, las mujeres llevarán luto por ti. Y yo que soy aprendiz de pintor de palabras, aficionado a la rústica prosa campestre te regalo mi sombrero de paja, para que te alumbre en la niebla de sol cuando hay luz sola. Va por usted don Benito Valenzuela. 



"Un sombrero cansado mi corazón te entrega con voluntad de flores. Un sombrero de niebla"

 Los miembros de la Tabla Redonda, reunidos en sesión ordinaria con don JB de añadidura, con voz pero sin voto, deciden propinar una paliza a don Acisclo Azpilcueta por mezucón. De los presentes, solo don Gowen propone sustituir el apaleamiento por ejecución nocturna en el mismo lugar y a la misma hora. De entrada JB sugiere  levantarlo con lagañas y todo y llevarlo en volandas al Mendo a cencerros tapados. Que se sepa, las lampreas del Mendo se alimentan de cadáveres de humanos, aunque también se sabe a ciencia cierta que no le hacen ascos a la carne fresca, dejando la pocha para luego, pero no se tienen noticias de que los instrumentos musicales de cuerda estén entre los ingredientes de su dieta, con lo cual, el violín que don Acisclo siempre lleva de la mano quedaría balizando el atracón de carne reciente de las lampreas, como una boya en las aguas quietas del río Mendo. 



"Así podrás Benito, capataz del silencio,/morir tranquilamente dando un corte de mangas/ al Este y al Oeste, como mueren los godos. 

 La cosa se había planteado porque el rey Artús tenía apalabrado el disfrute de visu de Minucha la del Globo, mujer de bandera que levantaba polvaredas de admiración, hasta los árboles de las cunetas le rendían homenaje al pasar, siempre previo pago de aranceles a la Zapatera,  domiciliada en la calle Sal-si-puedes. La Zapatera permitía la perforación de la pared que daba al cuarto de baño de Minucha. La actividad contemplativa dejaba para el arrastre a don Aníbal Mario MacDonald de Torres Gago Coutinho Pinto da Cámara da Rainha, lo cual causaba demora en el cumplimiento conyugal habitual. Ello levanta sospechas en La Chosca, también llamada Chocholoco, regular como un reloj en sus exigencias conyugales. En realidad el rey Artús era un monárquico portugués, con tamaño nombre no podía ser más que un linajudo de recia estirpe, huido de la guillotina republicana. Atravesó el Miño a nado por Salvatierra (qué mejor sitio para poner tierra de por medio) con los atributos al aire, pero -eso sí- con monóculo,  en una gélida noche de enero. La indigencia del inmigrante tan dotado de atributos le parece dote suficiente a Chocholoco para ofrecerle lecho legítimo y “medios para seguir viviendo al margen de la posible o imposible restauración de la monarquía, sin otra condición de seguir siendo guapo, vestir a la inglesa y de no prescindir del monóculo que tanta distinción confería a su persona.” 

La mezcla de saudade portuguesa y morriña gallega  se cura en brazos de una mujer bonita con guitarra y pañolón. La elección para ocupar el puesto vacante de rey Artús en la exclusiva Tabla Redonda le quita veinte años de encima. Vestido con una vieja capa negra al estilo y moda de Coimbra, sacada del fondo del armario, la mítica corona regia del rey Artús le viene al pelo argentado sobre las sienes. La pinta de Lord inglés provoca la siempre penosa envidia de los godos que se ríen de el. Su cuñado, hermano mayor de los Choscos, sale en su defensa y a pesar del coste que supone la educación y mantenencia del arcaísmo anacrónico de estos restos de la monarquía portuguesa, le dona, siempre a espaldas de la Chosca, una subvención de cuantía regular que le permite al portugués “pagar a la Zapatera el anticipo por el uso del agujero en la pared” además de “la cantidad apalabrada para satisfacer a Minucha por sus servicios y a la Zapatera por el alcahueteo.” 

 El Zapatero, que había accedido a la adopción de Minucha por lástima debido al desamparo y orfandad de la pequeña y a condición de ser el primero en pasarla por la piedra en el momento apropiado, quiso un día cobrarse los gastos de la educación, alojamiento y  manutención en vista de su elocuente procacidad. Minucha le dijo que verdes las han segado. El Zapatero monta en cólera y prepara la tremolina con todas las comadres a las ventanas de la calle Sal-si-puedes “a aquellas horas llenas de cabezas de obispo y tiestos de albahaca.” 

 Don Acisclo acude raudo al rescate de la moza. Un aleteo siniestro invade la calle cuando el Zapatero, cuchilla en mano, vocifera contra el clero por la pérdida de la voz de la calandria y esperanza de Castroforte de derrotar a la goda que canta flamenco en el festival anual de la canción. 




"Una mano como una garra [...] aparecía en el quicio de la puerta y se apoderaba de la mano izquierda de Minucha"

 El rapto de la Minucha a manos de don Acisclo, vestido de vampiro con el manto de clérigo atrancando calles, sume al vecindario en “el Bosque de la Tristeza, lleno de alegorías mudas que representaban La Pena, La Desolación, El llanto y varias clases de Patatuses.” 

 Es entonces cuando don JB expone oralmente su teoría sobre la inutilidad de arrojar al canónigo don Acisclo al Mendo, “un modo peligroso de perder el tiempo.”


Y a volar que el amor no es nada más 
 Y a jugar que si lo aburres marchará
 Que el vivir amando es vivir siempre imaginando 
 E imaginar es libertad. 
Victor y Diego





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


sábado, 29 de marzo de 2014

Dejar las cosas en sus días (9), Laura Castañón. Que no se quede callado quien quiera vivir feliz




"Alguien había partido en dos su vida; un corte longitudinal y perfecto que dividía su tiempo con Benilde y su tiempo con Camino"

 
Dejar las cosas en sus días (9) 
Laura Castañón 

La relación de Aida con Bruno por correo electrónico continúa. Hoy ya sería por “guasá”. En noviembre de 2007 la publicidad del periódico sufre un desplome. Mientras para el gobierno la economía juega la “champion”, en la redacción no se renueva a los contratados temporales; la plantilla en cuadro. La cabeza va del periódico al hospital. Paloma apenas ya habla y Aida necesita saber por qué los cuadernos están en su posesión y no en manos de su autora, su abuela Claudia. Ahora no tiene tiempo para dedicarle a su padre, quizás más tarde. 

 DOMINGO 24 DE JUNIO DE 1923 
"Ayer no pudimos ir a la hoguera porque se murió Manuel."

Con esta nota tan escueta tomada del diario de Claudia, recibimos de sopetón el mazazo de la muerte de Manuel. Qué manera más sabia de arrastrarnos y embebernos en la lectura. Los momentos escabrosos cuanto antes mejor, la muerte viene cuando quiere, de repente, nunca es anunciada. Pasa en la vida real y también en la ficción. ¿Por qué la autora corta con este personaje? 


 "Si llovía tal vez pudiera olvidarse de esa tontería de la foguera y esa innecesaria confraternización con toda la gente de Bustiello"

Otra virtud de la novela es que el interés no decae, no languidece. La tensión narrativa se mantiene a lo largo y ancho de toda ella. 

La primavera viste sus mejores galas de San Isidro a San Juan, poco más de un mes de amargura para Sidra. Desde "aquello" no se volvieron a dirigir la palabra. Manuel sospecha que esa actitud de su hermana se debe a que conoce lo suyo con Germán. Manuel y Sidra se despiden, el se va a Madrid hasta que Germán pueda marchar a París. 

Los Baizanes son dos hermanos gemelos, mineros recios que llaman la atención por su corpulencia. Muerta su madre al darlos a luz, los cría su abuela Queta, la del Tordu Baizán. Cría a la vez a otro nieto, hijo de Mercedes que hizo carrera en el "puti" de Mieres. 

 “Estos guajes son capaces de comer garbizos”, exclamaba a menudo la abuela mientras preparaba las ollas de fariñas para dar de comer a tanta humanidad. Descubren que para mantenerse en Bustiello es necesario  ser bravos para el trabajo y mansos y nobles con los jefes. Con esas miras y su fuerza bruta se constituyen en la guardia pretoriana de Vicente Madera, secretario del Sindicato Católico. Tienen atravesado a Germán porque sin ningún esfuerzo, solo por ser hijo de un conocido del Marqués, maneja las cuentas del Sindicato. Es un marica, pero nadie se lo recrimina. Estupenda descripción de los homosexuales que en esta época existían en todos los pueblos, forzados al silencio para sobrevivir, medio escondidos para pasar lo más desapercibidos posible, muchos dedicados al cuidado de los padres mayores y disimulando su inclinación sexual: “Después de haber alcanzado un récord mundial de pedradas a lo largo de los años de infancia, dichos sujetos permanecían lo más ocultos posible: desarrollaban trabajos discretos, vivían con sus madres, a las que atendían hasta su muerte, iban mucho a misa, cuidaban de los sobrinos y ya procuraban no dar que hablar.” 




"Los Baizanes comen a Dios por una pata"

Efrén halla en los brazos de Camino un cobijo en el que refugiarse de sus dudas. Se abraza a ella "como si al hacerlo se sumergiera en un abismo de eternidad." Vive en dos mundos paralelos, separados por algo invisible, pero efectivo, hasta el día en el que Benilde le descubre. El niega la deslealtad, pero nada evita su sentimiento de cobardía e indigencia ética por vivir en la falsedad de dos relaciones simultáneas. 

Aida recibe un mail de Ara, biznieta de Efrén y médica también en el que le cuenta que sabe por transmisión oral que su bisabuelo murió con el hígado destrozado. Se da a la bebida cuando Benilde le pone las peras al cuarto y le obliga a abandonar a la amante enfermera. La informa en el correo de la afinidad estrecha que tenía con Claudia y Andrés. Se nos anuncia que el final de Andrés será en la Guerra Civil. 

“Todos los tíos son iguales.” Exclama Aida,  decepcionada al comprobar la doblez del comportamiento de Efrén Rubiera. 


 "Le daba lo mismo porque en los ojos de Efrén solo leía un abecedario de amor"

Benito Montañés aprecia a Camino porque crio a su hija Claudia, pero la infidelidad conyugal no encaja en la línea recta de su esquema mental, de estricto catolicismo  preconciliar. Se ofrece a echarle una mano en la búsqueda de un nuevo empleo. De primeras ella se resiste a aceptar, pero no tiene más remedio que rendirse si quiere darle de comer a su hijo. 

El crimen se nos cuenta cuando ya todo ha pasado, en un gesto narrativo típico de las novelas de crímenes y acción, como si el narrador hubiera estado presente en el interrogatorio a los sospechosos posterior al crimen o hubiera tenido acceso al sumario. Huye de la distribución maniquea de buenos y malos. Al mezclar las clases sociales, reparte culpas en el asesinato. A primera vista los Baizanes tenían todas las papeletas para ser los sospechosos principales, no en vano tenían experiencia en el manejo del cuchillo, eran los matanchines del pueblo en las matanzas. Confiesan que ellos no fueron, ellos solo querían recuperar el dinero del Sindicato. Además se creían impunes, quién se iba a preocupar del paradero de  dos afeminados homosexuales. Veremos otro día cómo se desarrolla la historia . 


Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí
le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí,
que no se quede callado quien quiera vivir feliz
que no se quede callado quien quiera vivir feliz
Atahualpa Yupanqui



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.