domingo, 16 de enero de 2011

Julián Bayona y Román en la Casa del Pueblo y por las calles de Burgos.

Julián Bayona y su sobrino Román empujando sus monturas, por dignidad.


INQUIETUD EN EL PARAÍSO. OSCAR ESQUIVIAS

III – EN LA CASA DEL PUEBLO

Los acontecimientos narrados suceden en los días que van del trece de Julio, fecha de la conferencia de don Cosme en el Teatro Principal y asesinato de Calvo Sotelo en Madrid, al dieciocho de Julio fecha de la sublevación militar de los golpistas. La acción continúa en Burgos. Los escenarios concretos van cambiando a medida que los protagonistas principales van haciendo camino en la novela. Se trata de historias paralelas que van a converger en casa de la señora Anastasia que lleva tiempo muriéndose la víspera. Allí van a juntarse los protagonistas principales de los tres diferentes relatos que el autor entrelaza alternativamente con gran maestría para dejarnos una creación de gran ritmo narrativo.

A Román lo ha enviado su madre a Burgos, a casa de su hermano Julián “el Relojero”. La mala cosecha no da trabajo y hay que ahorrar bocas. No sabe leer ni escribir. Julián, que no tiene buena fama en Castrojeriz, ni tampoco hijos, lo adopta como hijo y discípulo. No le fue fácil encontrar la casa de Julián Bayona. Del pueblo fue a parar a una relojería elegante en la que le informan de que hace años que ya no trabaja allí. Un borrachín le ayuda a encontrar la casa, parece húmeda en Julio.

Por la mañana van a la Casa del Pueblo. Las calles más vacías que de costumbre. Le cuenta a Román sus batallas de Filipinas, “un lugar donde los árboles nunca llegan a secarse o a morir de viejos: antes se inflaman y revientan”. Encuentran la Casa del Pueblo cerrada y las ventanas tapadas con tablas. Los reciben a punta de escopeta. Van a arreglar el reloj de Labín, sindicalista radical que no le agrada a Julián: “Desde que volvió de la cárcel, los obreros están más tiempo de huelga que trabajando”. El de la escopeta es Benito, antiguo maestro que tuvo un desliz con los alumnos. Dice Julián que esto es un asunto de cuidado. Las cosas ya no son como antes, que los muchachos estábamos para lo que hiciera falta. Ahora tienen inmunidad parlamentaria.

Murió con sólo cinco años.

Le cuenta que Manuel Santamaría es el Séneca burgalés. Llegó a alcalde, le enseñó a leer, a escribir y le quitó de la cabeza la fijación que tenía con poner petardos a los industriales. Le instruyó también en el arte de la ortografía, que pocos sabios dominan. También en la acentuación: “Las tildes son como pajaritos que sobrevuelan las palabras y que antes de la República sólo las sabían colocar con tino los que estudiaban en los jesuitas”. Cuando le está explicando quiénes son los personajes de los cuadros que cuelgan de las paredes, les llegan piedras y algún disparo que reciben cuerpo a tierra. La Catalana, La Niña de sólo cinco años, sufre en la agresión de los talibanes nacionalistas de Albiñana. Sólo cuando se van, llegan los refuerzos. Julián da las novedades a Marcelo que proclama que no puede ser que les estén atacando todos los días, que cuando no son los legionarios de Albiñana, son los obreros católicos. Si no, los de falange. Hay que salir armados. Si no hay armas; se piden donde las haya. Porque, ¿dónde está la policía? Por otro lado informa que la huelga general ya no se puede mantener por falta de recursos. Labín está en Madrid y el gobierno ha prohibido las comunicaciones con las provincias.

Cumpliendo la sugerencia de Marcelo, Julián y Román se dirigen al club de tenis a ver a Federico Lavilla para que, a su vez, pida instrucciones a Labín, aunque le moleste hacer trabajos a la gente que echó del partido a don Manuel Santamaría. Si lo hace, es para que Román aprenda el valor de la honestidad, la lealtad y la obediencia. Lavilla es un abogado que trabaja en el tren Santander – Mediterráneo. Gracias a su afinidad de ideas con Labín, les surte de propaganda editada en “Londron”. Llevan bici sin pedales ni cadena por dignidad. En una de las paredes de la catedral los cafres han pintado VIBA RRUSIA y MUERA ESPAÑA. Como no hay suficiente disolvente, no saben qué borrar. Julián es un socialista de los que echan monedas en el cepillo de la virgen para mantener a los niños de la inclusa, como si la limosna fuera bastante para que pudieran llevar una vida digna. Le dice a Román que con una mujer “se siente lo que se siente”; que no es poca explicación para un muchacho de quince que aún está en trámites de salir del cascarón. La conversación se desliza por todos los temas que preocupan; como el amor libre y la confrontación con una sociedad atrasada y los aires de modernidad. Cristo fue el primer socialista, después sus seguidores se pervirtieron, ahí tienes a los obreros del Círculo Católico que practican la usura entre ellos con su banco – le señala Julián a su sobrino.

Para celebrar la similitud del acento y terminación en –án de sus dos nombres, se meten en un tugurio con varios parroquianos con pinta de huelguistas y cara de pesadumbre que Julián no entiende: toda la vida despotricando contra los fascistas y ahora que lo matan en Madrid, lo celebran con tristeza. A Julián no le gusta nada el panorama. ¿Lástima por el enemigo? Pensaba que “cuando corre la sangre de los políticos, pronto correría la de cualquiera”.

Venancio, el portero socialista, les franquea las puertas del club de tenis donde asiste lo más pijo de la sociedad burgalesa. Lavilla se molesta por la visita. Sólo puede ser útil si su militancia no trasciende. Los trata como una mierda. Ellos le roban los puros y cigarrillos. En vista de la poca receptividad por parte del abogado Lavilla, deciden visitar a Manuel Santamaría para que les ilumine.

Luisa va “a misa de las putas”, porque esa fue su dedicación hasta que Julián, a pesar de sus ideales libertarios, es un moralista: le pesaban los cuernos de su cabeza cada vez que la Luisa tenía relaciones carnales remuneradas con otros hombres. Al padre Ausín le habían endosado la misa de las mujeres levantiscas. Era el portero del seminario. Guardaba las llaves con tanto celo como si fueran las del infierno.

Siguiendo con su paseo por las calles de Burgos, Julián y Román van a la imprenta que don Manuel Santamaría tiene en la Plaza Mayor. Sus hijas, secas como un palo, aprendido de su guapura por los moscardones que las rondan, los empuntan a casa del millonario don Perfecto Ruiz Dorronsoro, que vive en la carretera de Francia. Asisten a una discusión entre hermanos. Su hermana Pilar, le echa en cara su ligereza en asunto de amores, por ser vox pópuli que se entiende con la hija del lechero de San Pedro de la Fuente. Don Manuel les dice que él no puede hacer nada, porque lo han echado del partido. Les recomienda que intenten hablar con Labín y ser prudentes: “Demasiada violencia hay en España como para que nosotros la aticemos más: hay que ser prudentes”.


"Marcelo le ha ordenado que haga la ronda por la calle y requiera la documentación a los sospechosos"

Román y Julián ahogaban sus penas en una tasca adosada a la muralla que daba al río Vena. Llevaban siete horas bebiendo ojén y gaseosa, aguantando el tufo de aquel tugurio maloliente cuya “clientela estaba compuesta por viejos esqueléticos que parecía enfermos sin cura. Muchos tenían siempre la bragueta abierta y olían a meados”. A los sones del ¡Alosanfan de la patrí! que para Julián era ¡Viva la Libertad! Llegan a la Casa del Pueblo de la que salieron para hacer el recado que Marcelo les había mandado. Una agrupación de socialistas se reúnen en la calle porque dentro no se oye ni a cantar. Tienen orden de Labín de no entregar la calle a los fascistas. Siguen andando por las calles de Burgos y conversando como si fueran Don Quijote y Sancho en su periplo en bicicleta sin cadena ni pedales, pero con dignidad. Ahora imponen el orden, desfacen entuertos, piden papeles a los transeúntes como si fueran la Santa Hermandad. Se topan con don Manuel Santamaría que se dirige a trabajar. Les recomienda que dejen de jugar a policías y que se vayan a casa a dormir la mona. Julián le hace caso, pero Román se va con el resto a escoltar a Rodrigo y don Cosme a llevar el viático a casa de doña Anastasia; es tarde y después del sacramento es costumbre repartir moscatel.

"Españolito que vienes
al mundo te guarde dios
Una de las dos españas
ha de helarte el corazón."



Como podéis ver, si habéis llegado hasta aquí leyendo, sólo he contado el periplo de Julián y Román por las calles de Burgos. El resto del capítulo 3, veremos de resumirlo posteriormente. Ya llega el veinte y andamos con retraso.

jueves, 13 de enero de 2011

La Reina del Páramo y Los hermanos Cazalla.

 
"En uno de aquellos envites, su mano resbaló de la tabla donde ella se sentaba y rozó sus nalgas"


MIGUEL DELIBES. EL HEREJE

LIBRO II. LA HEREJÍA

CAPÍTULO VIII

Los escenarios del relato se reparten entre el monte plagado de conejos, la casa de Segundo Centeno e hija y las iglesias de Valladolid en busca de las palabras de los predicadores por parte de CS. Los temas que se desarrollan son el acercamiento a Segundo Centeno,  como consecuencia de la atracción que CS siente por su hija. El cortejo con todo el proceso de enamoramiento de la pareja por carencia, basado en la complementariedad física y la boda con Teodomira junto al componente formal de las presentaciones de las familias tradicionales, las dotes y posterior celebración de la ceremonia y banquete. Todo ello entreverado, de la manera en la que Delibes sabe mezclar las temáticas más dispares, con sus problemas de conciencia y el acercamiento a los hermanos Cazalla. 



"No era el cuerpo fofo que hacían presumir su tamaño y palidez, sino un cuerpo compacto que no cedió un ápice a su presión"
El dibujo es de:


Un jueves a las cuatro de la tarde CS se presenta en La Manga para cazar conejos con el bicho del señor Avelino. Noventa y ocho cayeron en un rato. CS se admira de la habilidad para desnucar conejos con el canto de la mano,  tanto por parte del padre como de la hija. Ante una observación de CS, Teodomira le dice que ella ama a los animales, distingue los que nos sirven para alimentarnos del resto. Considera que las ovejas son sus animales favoritos porque siempre sonríen. El roce con la nalga de la joven al columpiarse, llena de tantos escrúpulos a Cipriano que le llevan al confesionario. Reprende a uno que entra en misa en el amén, éste le contesta que se meta en sus asuntos. De nuevo se confiesa de que han blasfemado por su culpa. El cura le advierte de los límites del apostolado, él no puede cargar con todos los pecados del mundo. Considera egoísta y no tiene ningún mérito esforzarse sólo por la propia salvación.

Le entran nuevos remordimientos de conciencia por ganar cien veces más que sus operarios. Su tío le calma justificando la diferencia como consecuencia del riesgo que asume en la inversión. El acalla su conciencia dando limosnas generosas al Colegio de los Doctrinos o a los pobres que con sus miserias poblaban las calles de la villa.


Predicador

Se aficiona por las homilías y sermones. Prefiere las dadas por curas diocesanos a las de los frailes. Se entera por su sastre, Fermín Gutiérrez, de la existencia del doctor Cazalla, predicador de tanto prestigio que el Emperador lo llevaba de asesor en sus viajes por Europa. Los viernes se abarrotaba la iglesia de Santiago para escuchar sus emocionantes homilías con momentos en los que parecía alcanzar el éxtasis. Sin embargo, para CS era más importante lo que intuía que el predicador callaba. Iba trascendiendo el fondo erasmista de sus pláticas. Se sabía de los orígenes judeizantes de los Cazalla. Para Ignacio Salcedo se trataba de un “hombre de grandes palabras y pequeñas ideas”, “una cabeza organizada en una naturaleza flaca.”

Para Segundo Centeno hay muchos salvadores, consumados herejes condenados por la gente simple sin conocimientos. Los días de invierno se espantaba el frío como habitualmente se ha hecho: sentándose a la lumbre de la cocina. Teodomira siempre con labor entre las manos. CS descubre que su hablar calmado le proporciona serenidad, además de sosiego y excitación sexual generosa de peso. La Manga se ve, cada vez con más frecuencia, honrada con la presencia de CS, atraído por la mezcla de paz, seguridad y deseo que Teo infundía en él.

Firman un acuerdo entre las partes. CS se queda con la comercialización de la lana y Segundo Centeno se compromete a suministrar tres mil conejos anuales a precio de mercado. Consciente de que no se trataba de una novedad, a CS le mueve el acicate de hacer los zamarros más baratos que la competencia morisca de Segovia. Además estaba convencido de que los negocios con su futuro suegro le concedían algún derecho sobre Teodomira. Al día siguiente se ve desbordado por “un indecible mar de placer” cuando la besa junto a la lumbre. Ella no rechaza el beso. Se muestra  receptiva, pero todo requiere los trámites dictados por la costumbre.

Que Teodomira sea hija de un perulero y que la llamen La Reina del Páramo por esquilar más rápido que ningún hombre no son las mejores credenciales a ojos de sus tutores, pero él está enamorado y ante eso nada importa. Como tampoco nada importa el desequilibrio de peso entre la pareja: ciento sesenta libras contra ciento seis ante el sosiego y la excitación que su cercanía significaba para él. Su tío trata en vano de disuadirle, exponiendo la teoría del enamoramiento por carencia; es decir, uno busca la protección de la madre que no tuvo en las prietas carnes endurecidas por el trabajo en el campo y ella alguien a quien proteger.



Dos meses más tarde don Ignacio y CS acuden al monte a la pedida de mano. Doña Gabriela excusa su ausencia con la orfandad de Teodomira. En su casa esperan don Segundo e hija con todo limpio, los pavos y perros recogidos para la ocasión y vestidos con ropas pasadas de moda. A la lumbre de la cocina, las partes firman las capitulaciones, ambos convencidos del buen trato que acaban de realizar. Ella pone mil increíbles ducados y él quinientos en concepto de arras. La boda será en la Iglesia de Peñaflor el cinco de Junio a las nueve de la mañana. De vuelta se ríen de las calzas de Lansquenete de Segundo. Don Ignacio le recomienda una visita al doctor Galache para tratar el mal de amores. CS hace caso omiso a la sugerencia.

Después de la ceremonia religiosa se celebra el banquete en el patio de la casa grande de la familia de ella, como habían acordado. Doña Gabriela no asiste aquejada de indisposición. A la vuelta ya tienen el primer encontronazo conyugal al obstinarse ella en montar a su caballo, Obstinado, tan pasado de kilos y penco como el ama que transporta.

Cumpliendo con la tradición, él la introduce en brazos al tálamo nupcial. Teo se sorprende de la fuerza del pequeño Cipriano, la misma que derrotó al Corcel en el internado.

Como si fuera Teodomira en brazos de Cipriano Salcedo.


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 11 de enero de 2011

Habla popular de Lumbrales (69)





 

Los Reyes Magos vinieron de Oriente en tarde de lluvia. Foto de Jaime Grandes.


Enjuagues: Negocios no muy limpios. “No sé en qué enjuagues estará metido, pero maneja dinero a embute.”
DRAE: 4. m. Negociación oculta y artificiosa para conseguir lo que no se espera lograr por los medios regulares.
No está en el DCT.
BDE: 1708. 





Enlanchar: Enlosar. “Nosotros solos enlanchamos todo el corral con las lanchas que trajimos del Terroño.”
DRAE: 1. tr. Sal. enlosar.
No está en el DCT.






Enllenar: Vulgarismo en lugar de llenar, muy extendido en Lumbrales.
DRAE: 1. tr. desus. llenar. U. c. vulg.
DCT: Introducir la carne picada del cerdo en las tripas para hacer chorizos.

Enmandilar: Poner una tela de saco al carnero para impedir que cubra a las ovejas.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Enramar: Inyectado de sangre. “Tenía los ojos enramaos del fiebrón que tenía.”
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: 1495

Enredar: 1.- Jugar, generalmente los niños 2.- Entretenerse, demorarse. “Me enredé con el cura al salir de misa.”
No está en el DRAE con la primera acepción.
No está en el DCT.
BDE: “Envolver en redes”1220 – 50.

Enredique: Enredador, travieso que no para quieto. “Cagon diola, qué enredique eres.”
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Enseñanta: Dícese de la vaca vieja, que enseña a otra joven que se engancha a la yunta por primera vez.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Enseño: Aprendizaje. "Ese hijo tuyo tiene mal enseño".
DRAE: 1. m. coloq. p. us. enseñanza.
No está en el DCT.

Entavia: Vulgarismo en lugar de todavía.
No está en el DRAE.
No está en el DCT. 





Entericiao: Engarañao, con mucho frío. “Estuve todo el día entericiao a la lumbre.”
No está en el DRAE.
No está en el DCT.







Entomatá: Plato típico de la zona que consiste en carne con tomate recocida mucho tiempo.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.


El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007.


Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.







domingo, 9 de enero de 2011

La conspiración

Portada del periódico Ahora del trece de Julio de 1936. Asesinatos del teniente Castillo y Calvo Sotelo

INQUIETUD EN EL PARAÍSO.
OSCAR ESQUIVIAS


II – EN LA COMANDANCIA DE LA DIVISIÓN

La trama de este capítulo gira alrededor del capitán Paisán, secretario del gobernador militar. Los hechos tienen lugar la misma noche de la conferencia de don Cosme en el teatro Principal. Son continuación de los narrados allí anteriormente. La nómina de personajes se amplía. Rodrigo y don Agustín Garrús que repiten, le dan coherencia y ligazón al relato. La trama se articula en torno a tres escenarios distintos: la comandancia militar, las calles de Burgos y la mancebía del barrio de la Alteza. En Madrid se ha entrado en una espiral de violencia de la que ya no será posible salir, a pesar del llamamiento a la cordura de muchos ; al asesinato del teniente Castillo por la extrema derecha el día doce de Julio, se responde al día siguiente con el de Calvo Sotelo por otros pistoleros afines al primero. Cuando corre la sangre de los políticos está muy cerca la de cualquiera.

El general Batet. Militar leal a la República.
En efecto, la misma noche del secuestro y asesinato de Calvo Sotelo en Madrid y de la conferencia de don Cosme Herrera, tiene lugar una reunión de militares de alta graduación en la comandancia de la VI División Orgánica. Su jefe, el general catalán, Domingo Batet, se ve sometido a una prueba de estrés en su despacho donde la atmósfera densa del humo de los cigarros y el silencio espeso se conjuntan para que se masque la tensión del momento. Los conjurados querían saber su respuesta ante un caso de incomunicación absoluta con Madrid y Pamplona. Las virtudes de recto militar y lealtad a sus superiores quedaron reafirmadas aquella noche, lo que constituía un estorbo para las intenciones golpistas de la reunión.

"Al otro lado del río se veía el Teatro Principal"

Esa noche Rodrigo tenía permiso para regresar al seminario hasta las doce y las apuró; primero, ayudando a llegar a casa al poeta don Eduardo Ontañón cuya inspiración salía del culo de los vasos y más tarde; con la rara y oscura atracción que tenía el “Paseo de los Chicos”.


El capitán Paisán pasea por otro Burgos, el marginal de los bajos fondos, que nos imaginamos a través de la magistral descripción del ambiente nocturno de los perdedores: “Pero allí dormían, como gusanos beodos envueltos en harapos, perseverando en su naturaleza degradada.” El empuje de una erección en la entrepierna le lleva a La Alteza, a casa de Conchitón. En el camino se encuentra a Agustín Garrús que también va al mismo sitio. Le cuenta que don Cosme le ha asignado un lugar de honor en su viaje de locura al más allá, gracias a su ofrecimiento de patrocinio. Afirma que su atracción por la casa de lenocinio no va más allá que su interés de filólogo, empeñado en conocer las expresiones nuevas que surgen en los lupanares poblados por gentes de mal vivir.

"Aquella era una "casa fina" y se daban cita en sus salones muchos caballeros importantes de la ciudad".

La última parte del capítulo y de la estancia del capitán Paisán en el local es un intento del autor por descifrar qué bulle en la conciencia de alguien que va a provocar la muerte a mansalva. La dueña le acusa de que su interés por las mujeres no pasa de un vaciado de testículos. En contra de su sensación de rectitud, se siente satisfecho de que sea capaz de llevar una doble vida. Está seguro de que ni Domingo Batet ni su ayudante, el coronel Herrero Company, sospechan de que él se encuentra entre los conspiradores golpistas. El capitán niega a Conchitón que los militares estén organizando algo gordo. El capitán Mingo le comunica que han asesinado a Calvo Sotelo en Madrid y le da instrucciones para que se reúna con el Gobernador Militar, general González Lara, al día siguiente.

jueves, 6 de enero de 2011

El zamarro de Cipriano



Retrato de Guiseppe da Porto e hijo con zamarros de piel. Paolo Veronese


MIGUEL DELIBES. EL HEREJE

LIBRO II. LA HEREJÍA

CAPÍTULO VII

Una vez que el joven CS obtiene su doctorado en leyes, se hace cargo de las posesiones de su padre y del negocio de la lana de la judería. Asimismo, reabre la casa familiar de la Corredera de San Pablo. Fracasa en su intento de encontrar a Minervina. La decadencia del comercio con Flandes le lleva a buscar salidas para la lana de las ovejas del Páramo. Triunfa en sus negocios al decidir la transformación de la lana en prendas de vestir en Valladolid. Su ascenso en la escala social de la época y la aparición de Teodomira, a la que se le augura protagonismo futuro, conforman la trama del episodio con CS dueño de sus pasos.
Por si algo le faltaba a la novela, Miguel Delibes nos regala los rudimentos de una lección de economía de época, no muy diferentes de la que reciben en la actualidad los alumnos de los masters más prestigiosos y caros. En unos cuantos párrafos traza las líneas a seguir para tener éxito en los negocios, por ejemplo: "Cipriano, antes que comerciante enriquecido por su tesón y esfuerzo, admiraba al que merced a su ingenio introducía una innovación en el producto.”

Qué hacer si quieres que un producto llegue a las clases pudientes; no hay más que poner precios prohibitivos a los productos que den sensación de calidad:
“Observó que, aunque bien acogido el zamarro por la clase media, no penetraba en los más altos sectores sociales. Entonces ideó dos complementos para su invento: sustituir el forro de borrego por pieles finas de alimañas y volver los puños. Tales añadidos, triplicando el precio de la prenda, constituirían para la nobleza alicientes de seguro efecto".

Visión sindical para evitar conflictos laborales en las empresas:
“Don Fermín fue autorizado para contratar personal,[…] principalmente entre las jóvenes viudas de la villa que en general pasaban más necesidad que otras mujeres.”


Los indicios de que Minervina se encuentra en Segovia, llevan a CS en dos días a lomos de su brioso caballo, Relámpago, a la ciudad del acueducto y a la decepción que le hace considerar como una utopía hallar el paradero de su madre de leche. Tras la inutilidad de sus pesquisas, Dionisio Manrique, que durante diez años había llevado el negocio de la judería, recibió con alivio la llegada del amo, con la misma alegría que unos años antes había asistido a la revitalización del negocio después de la depresión que siguió a su nacimiento y muerte de su madre.

Visita en Burgos a Gonzalo Maluenda al que considera un chiquilicuatre al que el apresamiento de dos barcos cargados de lana por los corsarios provoca risa. A su juicio se trata de un chisgarabís sin fundamento, típico ejemplo de cómo en la tercera generación, los negocios que los abuelos comenzaron con mucho esfuerzo decaen.

La visita a Segovia y su próspera industria textil le abren a la posibilidad de transformar la lana en la ciudad. Así la plusvalía revierte en la misma. El apoyo de su empleado Diego Manrique le reafirman en la bondad de la idea. En el fondo le estimulaba la posibilidad de cambiar la dinámica de una ciudad, “donde la suprema aspiración del pobre era comer la sopa boba y la del rico vivir de las rentas.”


 


El aleteo metálico de los bandos de perdices, que alzan el vuelo con pesadez al paso trotón de Relámpago, acompaña a CS en su visita a Pedrosa en busca de firmas que certifiquen su hidalguía que, añadida a su título de doctor, le permitiría el acceso a la baja aristocracia. Ello conlleva la redención de impuestos y le capacita para optar a un puesto en la administración.

Pocos meses más tarde obtiene el título de doctor – hidalgo, gracias en parte a la recomendación de su tío que le hace los trámites ante la Sala de Hidalguía de la Chancillería. Señalan las crónicas que las celebraciones en Pedrosa fueron mentadas.

En Otoño organiza y dirige el transporte de la lana a Burgos. Las cosas han empeorado con relación al viaje iniciático que dirigió su padre, ahora es necesario ir armados. Cuatro días de tensión por caminos polvorientos y el bandolero Diego Bernal merodeando por los alrededores. Seis leguas diarias de camino. De regreso devuelven las armas a la Santa Hermandad.
CS vuelve a la rutina de almacenar lana hasta la próxima entrega en Burgos. La ausencia de feeling con el burgalés Maluenda, la subida del precio de los fletes y seguros provocado por los ataques de corsarios en el mar y bandoleros en tierra firme, junto al impacto de la pujante industria textil de Segovia le llevan a intentar una idea que le rondaba la cabeza desde su visita a esta ciudad que se concreta en la transformación del popular y modesto zamarro. Sólo se hizo necesario el paso de dos años para que el zamarro de CS conquistara el mercado de invierno de las prendas de vestir. Con el añadido del forro de piel de alimaña como: jineta, marta, nutria o gato algaria que triplicaba el precio, consigue la aceptación de la nobleza. Autoriza al sastre Fermín Gutiérrez a contratar mujeres, preferentemente viudas que más lo necesiten. Con la ayuda de Tiburcio Guillén organiza una red de pelliqueros, tramperos y curtidores que le suministran las pieles para que la confección no pare. Incluso del extranjero le llega la demanda de ropillas aforradas y de zamarros con pieles de alimañas españolas, más abrigadas y menos voluminosas.








La incesante demanda de género le hace dedicar medio almacén a taller de confección. Para el invierno pone techo raso y braseros de cisco de leña de encina para evitar los sabañones de las trabajadoras que ralentizan la producción. Don Gonzalo Maluenda envidia la visión empresarial de CS que ha sabido prever la decadencia del comercio de la lana en su beneficio. Como consecuencia de la presión cinegética, las capturas disminuyen, pero al ser a la par que la demanda de zamarros, se ve libre del engorro de los excedentes. Para cuando eso ocurre, CS ya es una de las mayores fortunas de Valladolid.


 
Telar del Siglo XVI

 
Al tercer año de sus negocios, acuciado por el éxito, hace un viaje al Páramo para tratar con Segundo Centeno, indiano que había comprado diez mil ovejas. Quiere quedarse con la lana que Segundo envía a los tejedores moriscos de Segovia. Sin embargo, éste no encuentra razón para que su lana cambie de destino, los Maluenda de Burgos tendrán que quedarse sin la lana de sus ovejas de momento.

Para rematar el capítulo, Miguel Delibes nos regala otra escena magistral en el Páramo, rodeados de ovejas y mastines con collares de púas, un diálogo entre CS y Segundo Centeno en el que el autor se recrea en sus conocimientos cinegéticos y del ganado ovino entreverados con su arte de gran novelista para tramar diálogos. Haciendo la cobertura una puesta de sol en el mar del Páramo: “El sol se ponía en la llanura como en el mar. Se desplomaba sobre la línea del horizonte y éste empezaba a roerle por la base, en un crepúsculo incendiado, hasta terminar devorándolo. Las nubes, blancas hasta entonces, se tornaban color albaricoque al ocultarse aquel.”

De regreso a casa le propone usar las pieles de conejo para las zamarras, sustituyendo al cordero. Le presenta a su hija Teodomira, la Reina del Páramo, cuya piel blanca le sorprende en una campesina. CS tiene un motivo añadido a la demostración de la caza del conejo para volver.




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 4 de enero de 2011

Habla popular de Lumbrales (68)

A la solana con lumbre. Foto de Jose María Torrecilla


Engarañarse: Quedarse frío. “En invierno encienden una lumbre a la solana para no engarañarse”.
No está en el DRAE.
DCT: Quedarse los dedos ateridos o contraídos por el frío.

Engarillas: Las partes laterales del carro, que sirven para aguantar la carga. También son unos
tableros laterales añadidos en la parte superior del ojadro del carro para aumentar su capacidad cuando se cargan productos poco pesados, por ejemplo la paja.
No está en el DRAE.
DCT: Adral del carro.

Engarriao: Persona o animal enclenque, de escaso desarrollo o falto de alimentación.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Engarrio: Cosa o hecho que entretiene sin provecho. “Escarnar la cabeza es un engarrio”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Engorrar: Entretenerse con cosas de poca importancia, básicamente perdiendo el tiempo.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.
BDE: "Fastidiar, ser molesto”, principios del S. XV. Como “tardar, detener”, 1335. Éste parece salir del antiguo y dialectal engorar “incubar la gallina”, de donde estar inmovilizado” (para el cual vid. HUERO), por una alteración debida a influjo de engorra “gancho de hierro de algunas saetas, que sirve para que no puedan sacarse de la herida”, Hacia 1444.

Engorro: Contratiempo, lo que impide hacer algo con rapidez.
DRAE: 1. m. Obstáculo, impedimento, molestia.
No está en el DCT.
BDE: “estorbo, impedimento”, 1732. Derivado del antiguo verbo engorrar.

Engorronarse: Cuando una oveja se aficiona de un cordero ajeno.
DRAE: 1. prnl. rur. Ar. Vivir completamente retirado y casi como escondido.
No está en el DCT.

Engrudar: Empedernir, ensuciar, embarullar. “Vinieron los albañiles, lo dejaron todo engrudao y se fueron sin más ni más.”
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.
BDE: En el sentido de encolar, aparece el verbo en el SXIII.

Engüerar: Palabra mal pronunciada en lugar de huerar. Acción de sacar pollitos la gallina. Ponerse la gallina clueca.
No está en el DRAE.
DCT: Incubar, empollar los huevos las aves.

Engurrubiñar: Vulg. de engurruñar y engurruñir. Arrugar, encoger, hacerse canijo. “Si coges tanto al gato, lo vas a engurrubiñar.”
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Enhorabuena: La enhorabuena era un convite que se celebraba en la taberna o en casa del novio antes de la boda. “Buena la preparamos el día la norabuena”.
No está en el DRAE con esta acepción.
DCT: Canción de albricias y felicitación que cantaban los mozos ante la casa de cada contrayente antes de la boda.
BDE: Hacia 1600.

Enjaludrar: Embadurnar, ensuciar un objeto. “Ni lavando el barreñón con agua caliente, le quitaron la mierda de lo enjaludrao de más que estaba.”
No está en el DRAE.
No está en el DCT.



El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007.

Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.

domingo, 2 de enero de 2011

Planteamiento de un viaje disparatado



Portada y contraportada de la novela.


INQUIETUD EN EL PARAÍSO. OSCAR ESQUIVIAS

I - DANTE EN EL SALÓN ROJO

La foto de la Agencia Efe de la portada nos muestra que es invierno en Inquietud en el Paraíso. Un cura con sotana de las antiguas ofrece la mano para que una chica rubia la bese con una leve inclinación. Otra joven de sonrisa franca, con el abrigo abotonado hasta el cuello, se nos antoja el centro de las miradas como lo confirma la contraportada en un zoom de la primera, seleccionando y ampliando a la joven como si fuera una Dulcinea encontrada, ofreciendo la alegría que irradia su sonrisa a los lectores. Sin embargo, es el sombrero del cura y sus ropas lo que nos inclinan a pensar en bacias de barbero y las ropas estrafalarias de otro lector empedernido que en el ocaso de su tiempo se echó a los caminos para no dejar de intentar su sueño disparatado.

Una breve reseña del autor nos habla de que con veintiocho publica su primera novela. Ella y la mayoría de las siguientes seguidas de un paréntesis que da cuenta de los premios recibidos, entre los cuales destaca el Premio de la Crítica de CYL de 2005, por lo que debe significar para un autor el pasar el filtro de la excelencia de los lectores más entendidos. Todo ello con la tierna edad de Cristo.

Una dedicatoria para Care Santos y Rafael Eguílaz junto a una cita en italiano de Paradiso, Canto I, que dice en la castellana lengua:

(La gloria de quien mueve todo el mundo
El universo llena y resplandece
En unas partes más y en otras menos),

nos llevan directamente a Dante en El Salón Rojo.

Los hechos que se narran tienen lugar el trece de Julio de 1936 y ocurren en el Salón Rojo del Teatro Principal de Burgos. Es significativo que la novela eche a andar con el joven seminarista Rodrigo Gorostiza pidiendo perdón por salir del ensimismamiento que le ha producido la afirmación de don Cosme Herrera de que mientras el Paraíso y el Infierno representados en la Divina Comedia de Dante son ficción literaria, el Purgatorio es narración de la realidad vivida por Dante. Don Cosme se considera apto para repetir el viaje y guiarlo, a pesar de sus achaques. Termina la conferencia ante las fuerzas vivas de la ciudad pidiendo su colaboración y patrocinio.

En el ágape posterior se debate entre los asistentes las posturas a favor y en contra de la expedición. Dos flashbacks conceden protagonismo al joven seminarista Rodrigo Gorostiza con el fin de aclarar conceptos relacionados con su presencia en aquella sala. Observamos, con sorpresa no mal entendida, que tiene que ver con el hecho de ser el único ser humano que desde 1878 ha pedido prestado
de la biblioteca del seminario La Vida Nueva de Dante
El doctor Albiñana en Egipto y Méjico.
"Voy a hacer todo lo posible por repatriarle la sesera por el bien de España, la religión y las costumbres.
"

El personaje del doctor Jose María Albiñana aparece perfectamente trazado en la novela. Dibujado como un mamarracho radical salvapatrias, de la estirpe de los nacionalistas extremos que surgen de las situaciones de desesperación y apoyados por la ignorancia que ve en la demagogia de las ideologías excesivas la solución a sus conflictos.

María Cruz Ebro, una mujer gruesa con impertinentes y cierto aire de lechuza curiosona.

A pesar de que la acción ocurre en un teatro de Burgos y los personajes que intervienen sean reales de la época, la palabra Burgos tan sólo aparece de manera indirecta: dos veces para nombrar el Diario de Burgos y otra vez más, entre paréntesis, en la tarjeta de don Agustín Garrús, como si en las intenciones del autor subyaciera una idea de universalización del espacio. Si bien, es verdad que aparece la referencia de la Cabeza de Castilla en otras dos ocasiones.

Afirmar que la novela en este planteamiento de la misma está imbuida de ambiente quijotesco no es aventurar mucho. Los comienzos presentan características similares, comenzando por el personaje de don Cosme Herrera que pretende acometer una aventura desatinada influido por la lectura de Dante, que hace las veces de las novelas de caballería y siguiendo con Rodrigo Gorostiza, al tanto de todo y que se deja arrastrar por la determinación de don Cosme. Incluso el choque con la realidad de las sociedades en las que viven presenta similitudes evidentes. Ambas comparten, por lo tanto, la peculiaridad de tratarse de novelas de lectores, al menos en su planteamiento inicial.