El ritmo monótono de las olas te adormece al oscurecer.
Don Quijote y Sancho aguantan como pueden el sol a plomo de La Mancha.
Parece que fue ayer cuando vaciábamos las maletas de la arena del retorno y vuelta al trajín. Primera semana consumida, como quien no quiere la cosa. Tiempo suficiente para desprenderse de la arena de la playa, de la nostalgia de los días sin obligaciones de horarios ni ataduras laborales. Jornadas lentas sin nada que hacer, tiempo despreciado.
Los romanos dejaron huella en Sagunto
Sin vender una escoba en asuntos blogueros, pisamos como con miedo los primeros cuadros de septiembre hosco para alejarnos de las cenizas de un verano olímpico, zarandeado por los incendios, la prima de riesgo, heraldo de “los crepúsculos grises del otoño” de Azorín y de los árboles en esqueleto. Cuesta tomarle el pulso, barajar de nuevo, retomar el ritmo cuando la mano ha perdido el gesto mecánico de trazar las palabras hiladas y significantes de la escritura que reanimen esta ventana si es que aún nos queda algo interesante que contar.
Los veranos en el "cortijo"dejan tiempo para estas cosas.
El verano corre –a veces- rápido como un AVE por las llanuras de La Mancha que sólo el mar del amanecer detiene al final del camino o se remansa -otras- en la pausa necesaria que requiere el ritmo de las cosas sencillas y tranquilas para crecer, para seguir viviendo.
Los tomates cuajan en rojo al final del verano.
Desenchufado por completo de las ondas, he pasado sin internet (exigente en tiempo y dedicación) ni nada de pantallas los dos meses de verano. La lectura ha llenado muchos ratos de desocupado lector. La lucha por la vida de los desheredados de Pio Baroja por las calles de Madrid, las retahílas de Martín Gaite en varias de sus novelas y cuentos (Una gozada descubrir de su mano el secreto de sus emociones) y Eduardo Mendoza han sustituido las horas dedicadas al ordenador. Bastantes ratos de Olimpiada por tv, un par de semanas por playas peninsulares con amigos, la visita anual a las raíces por las fiestas y poder no hacer nada; como contemplar ensimismado el crecimiento de los tomates, conforman el grueso del tiempo de ocio del pasado verano. Que para mí no es poco. Al menos cambiamos el aspecto de comienzo de verano de la primera página del blog.
La playa de Santander casi desierta un día de verano.

