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sábado, 4 de mayo de 2013

Apuesta por lo que amas * Actualización




 "Te dejo,  amor,  en prenda el mar"


La marca del meridiano. Lorenzo Silva (4) 

La acción constituye un elemento sustancial de la novela policiaca y el autor, siempre atento a los tópicos del relato, nos sorprende con una escena de acción trepidante a la mañana siguiente. Un X5 sigue a Lucimara en su rato de deporte habitual. Ellos evitan que se la lleven en un número de película. Los hechos se precipitan, el ritmo de la historia se acelera. 

La enorme cantidad de datos personales obtenidos por la policía a través de la “pizarra en la nube” de las redes sociales, unidos a la habilidad del equipo de Bevilacqua para lanzarlas como una avalancha repentina,  descomponen las débiles defensas de la joven brasileña, la desarman, mostrándose dispuesta a colaborar. Una llamada de López le lleva a Santander al día siguiente. En un portal de vuelos baratos encuentra un billete desde Reus. El trabajo se amontona, el caso se enreda con varios frentes abiertos. Como Vila no es Dios y entre sus virtudes no consta el don de la ubicuidad, delega en Chamorro la parte catalana. Los protocolos y la coordinación entre los diferentes cuerpos policiales requieren mano diestra y tacto para evitar que los celos profesionales manden al garete la investigación. 

López le recibe en el aeropuerto de Santander. Durante la comida le pone al día del operativo. Nada como una botella de Rioja por pareja para desatar las lenguas y limar aristas en el encuentro. Acostumbrado a mandar y dirigir, experimenta un alivio al ponerse a la orden. Incluso le requisan el móvil para que la relajación sea más completa. 

Diecinueve agentes de las fuerzas especiales de la Guardia Civil ocupan una casa contigua desde primera hora de la mañana. Tienen planeado actuar contra un alijo de drogas a la luz de la luna. La operación del asalto a la casa se realiza con rapidez y pulcritud. Caen seis guardias civiles –Salazar entre ellos-, cuatro narcos y trescientos cincuenta kilos de coca. La visión de los guardias civiles cazados en la operación, humillados y cabizbajos, le deja un poso de tristeza, “una mezcla de desazón y repugnancia; desazón por ellos y por su hundimiento y repugnancia por el mundo que buscaba y lograba corromperlos”. 

Llegan a Santander capital con los detenidos bien entrada la madrugada. Con tanto trajín nocturno el amanecer se les echa encima sin contemplaciones. Tienen que interrogar a los detenidos. López resulta un experto interrogador, forjado en los días de plomo del norte cuando todo tenía que estar bien atado, “teniendo enfrente a leguleyos batasunos entrenados para descuartizar picoletos”. A media mañana interroga a Oleiros, un cabo que trabajó durante diez años con Robles en el norte y eso une de por vida. Confiesa que se ha metido en esto porque el sueldo no le llega. Tiene una mujer enferma, un hijo discapacitado y trampas que pagar. Para Bevilacqua estos son los casos más difíciles porque el detenido lleva treinta y cuatro años intachables de servicio y la derrota en la mirada. 



 "Mientras caminaba sobre la arena, mi memoria se retrotajo a los años que había pasado a la orilla de aquel mar"


Bien diferente es la actitud de Salazar. A media tarde, después de una siesta reparadora, López le pone en suerte a un Salazar insolente, exaltado como un cocainómano y lanzando denuestos a diestro y siniestro. Bevilacqua sigue la táctica del poli bueno, Robles se la enseñó y da resultados. El brigada va directo al grano, solo le interesa la parte que tenga que ver con Robles. Acusa el golpe, se duele en el castigo cuando le cuenta que suya es la última llamada registrada en su móvil. Duro de pelar, no se viene abajo. Perro viejo, dispone de recursos y contraataca: “Coño ahora lo veo. ¿De qué vas, con la suavidad esa que te gastas? Me estás haciendo chantaje, ¿es eso? Acabáramos. ¿De verdad piensas que voy a caer así como así? Ya habrás visto que tengo abogado”. Sin embargo, la posibilidad de verse entre rejas, acusado de asesinato, desmorona su defensa.  El guardia malo canta, le pone el nombre de Roberto sobre la mesa, éste había llamado a Salazar para que tranquilizara a Robles inquieto al observar que en el lío de la prostitución había menores involucradas y eso era delito de los gordos. El interrogatorio se lo apunta el policía, constituye una muesca más en la culata del revólver del vaquero Bevilacqua. 

Una vez concluido el trabajo de Cantabria, nuestro policía protagonista regresa en avión a Cataluña. Su equipo le espera en el aeropuerto de Reus. Un río de melancolía se desborda ante sus ojos al comprobar que sus enseñanzas no han caído en saco roto. Se siente orgulloso de la madurez y competencia que han alcanzado sus hombres en los quince años que lleva transmitiendo las mismas enseñanzas que a él Robles le enseñó. Contempla las cuatro generaciones de investigadores como una cadena a la que falta el primer eslabón, el que corresponde a Robles, roto. 

A partir de la operación cántabra los acontecimientos se precipitan, apuntan al desenlace. La cúpula policial decide actuar sin dilación para evitar que los sospechosos borren pruebas. Caen quince hombres –Roberto entre ellos-, siete mujeres y dos policías en la redada. Vila se salta las reglas con Jessi, una de las descarriadas detenidas, le aconseja al soltarla: “Vuelve con tu gente, dondequiera que esté, […] Olvídate de todo esto. Nunca estuviste. Nunca sucedió”. 

Algo escondido, hasta ese momento apaciguado, se le revuelve en los adentros cuando Roberto suelta el nombre de Tomás Valero, el Travolta, durante el traslado. Éste es el hombre, el animal que todos llevamos dentro, los demonios del pasado que apresan el aire y te cortan el resuello. Bevilacqua se confiesa con Virginia. Le da cuenta del alivio que supuso su llegada a Barcelona después de tres años de ambiente hostil en el País Vasco, sintiendo en la nuca el aliento frío del odio, “alacranes capaces de plantar cara hasta la última bala cuando ibas a por ellos, y morir matando”. Robles le descubre la manga ancha, hacer la vista gorda a cambio de información y “favores” que él siempre rechazó. Conoce a una chica, su mujer se entera y divorcio al canto: su mejor compañera convertida en su peor enemiga de la noche a la mañana y un giro radical a su modo de vida. Virginia le agradece la confianza tomándole la mano (en el primer contacto físico del relato entre los dos). 



"Solo la arena y el mar. La arena sobre la que cayó el hidalgo, el mar que le vio perder su ventura". 

 Herreros. 1964


Tras el desenlace luctuoso, ajuste de cuentas según el código de conducta de la justicia paralela del hampa (no revelemos más por no restar suspense a los lectores que hayan llegado hasta aquí, y no hayan leído la novela), el autor propone una coda final que se corresponde con la importancia que la víctima adquiere en una novela policiaca. Una explicación del silencio del protagonista, hilo conductor del final del relato y -al mismo tiempo- un as guardado en la manga del autor para meternos en la lectura de una novela bien ligada y dotada de una vivacidad, fluidez y ritmo narrativo extraordinarios desde la primera página. Un secreto perturbador que capta la atención de los lectores desde los primeros pasos del relato y que desentraña, con guiño cervantino incluido, sobre la misma arena y frente al mismo mar testigos mudos ambos de la derrota de don Quijote en lucha con su alter ego, el Caballero de la Blanca Luna. La lucha entre el bien y el mal que todo hombre lleva en las entrañas en la que Robles lleva la peor parte: paga con su vida su inclinación hacia el bien al no querer convertirse en un canalla. 

Imágenes poderosas, no exentas de emoción,  acompañan el final, como lo es ver al curtido brigada llorando frente al amor, abrazado a Virginia lo suficiente para sentir y sentenciando: “Ningún hombre que se muera sin haber llorado alguna vez frente al mar puede decir que ha vivido”. 

Y antes de que La marca del meridano haga mutis por el foro, antes de que el señor de los blogs nos eche de su casa por pesado y por pasarnos de largo de la extensión normal de una entrada, me gustaría reseñar la belleza de los términos sacados de la tauromaquia y la naturalidad con que el autor los utiliza en esta novela tan viajera, amén de la riqueza léxica que le otorga al relato. Es probable que al autor le dé igual la vaca y el hijo de la vaca brava, pero con el uso de este léxico hace mucho más por la conservación del animal más libre que pasta en la península que muchos que viven de su cría. He anotado: 
Lidiar con este embolado (19) 
Ya lo dijo el torero. Ha de haber gente pa to (37) 
A la juez te la pongo en suerte cuando quieras (57) 
Echarnos un capote (216) 
Vestidas para matar o morir (246) 
A las once os lo pongo en suerte (349) 
Con la misma mansedumbre de un Miura (362) 
Sus mozos de espadas (371) 
Me echó un capote (378) 
No le pierdas la cara nunca.

* Este mundillo de los blogs que ocupa nuestros días como una adicción,  da diariamente muchas satisfacciones que vienen de parte de los lectores habituales y comentaristas -por supuesto-. A veces y sin pretenderlo porque el cupo de vanidad del yo personal ya está más que bien cubierto por los fieles,  ocurre lo sorprendente. Los autores demuestran que también son personas normales que pisan el suelo de los vivos y restándole tiempo a su actividad de escribir, se bajan del ficticio pedestal de la fama, usan la herramientas de internet para  recuperar y sumar ese tiempo al acercarse  a los lectores: Gracias a Lorenzo Silva por sus palabras y enlaces tan generosos en nombre del grupo de lectura de La Acequia  



"YOU LOCK THE DOOR
AND THROW AWAY THE KEY
THERE'S SOMEONE IN MY HEAD BUT IT'S NOT ME.
AND IF THE CLOUD BURSTS, THUNDER IN YOUR EAR
YOU SHOUT AND NO ONE SEEMS TO HEAR.
AND IF THE BAND YOU'RE IN STARTS PLAYING DIFFERENT TUNES
I'LL SEE YOU ON THE DARK SIDE OF THE MOON".
Pink Floyd



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 25 de abril de 2013

Las flores de tu gracia


"En cuanto la noche cayó sobre ellos no se oía otra cosa que el rumor de las olas"

Jose María Torrecilla

La marca del meridiano. Lorenzo Silva (3) 

El primer café de la mañana se empareja con las luces del alba camino de Barcelona. Chamorro y Arnau, arropados por el aroma agradable del café recién hecho del área de servicio de Calatayud, escuchan el relato y diagnóstico del jefe acerca del contacto con López: trama de polis corruptos. Ya no dependen de ellos solos. Estar en manos de otra persona en el curso de una investigación desagrada al orgullo de todo detective que se precie. 

A dos horas de coche de Barcelona pasan por debajo de un arco que cruza la autovía. El GPS marca automáticamente Este donde antes se podía leer Oeste. Nunca falta quien dedica su existencia en hacer de las líneas imaginarias paredes estériles de hormigón armado. 

La investigación avanza por teléfono. López intercepta un mensaje de Salazar. Le han engañado. Se deduce que no quiere saber nada de los autores del crimen a un compañero de profesión. Las averiguaciones tienen servidumbres; Bevilacqua se vale de los tiempos muertos que el largo viaje en coche proporciona para contar su cuento por teléfono cuatro veces además de a los suyos, a saber: la juez, Reinares, López y su comandante. En la Ciudad Condal se presentan a la teniente Morata, de unos treinta y cinco años, lo que quiere decir que no es de academia, conoce la calle. Gil es un agente “pícaro rijoso”, viejo conocido con olfato de buen cazador. 



" [...] Otros tiempos, en los que la noche había sido un territorio de amargura y amenaza"

Amanecer en la playa de Vilanova. Jose María Torrecilla 

Bevilacqua lleva a los suyos a comer de menú a la playa de Castelldefels. Los edificios son un ejemplo de la arquitectura del horror playero de los años setenta y ochenta, del todo vale con tal de hacerse millonario de forma rápida, como si fuera un aluvión. Entrevistan a Consuelo, la viuda de Robles, en uno de los chalés desparramados por la ladera de la montaña que mira al naciente, de cara a la Bañera de Ulises. Salta a la vista que con un único sueldo de funcionario en la familia, el beneficiario es un claro candidato a estar empeñado la vida que le reste y dejar una herencia de deudas para terminar de pagar el préstamo. “Puedo decir que soy pobre, pero sin ese dinero extra, acabaría desahuciada, como tantos ahora”.- Confiesa ella a las insinuaciones de los investigadores que de buena forma podrían ser unos periodistas recabando información sobre desahucios y desahuciados en la actualidad. 

La habilidad de Vila desmorona la defensa de Consuelo que le entrega el móvil con la imagen de la extranjera de las últimas llamadas. El escarnio surte de desamparo a la mujer abatida que admite la deslealtad de su pareja. El caso se despeña por las cloacas de la legalidad, el sumidero de los bajos fondos, el lado oculto de la ley. Sus sospechas cobran corporeidad y le duele que tenga que ser él quien escarbe en la herida abierta de un amigo y compañero. López le da el nombre del sargento Nuño destinado en Vilanova. 

Antes de la medianoche, ya en comandancia, Virginia llama a la puerta de la habitación del brigada jefe. Mantienen una conversación en la que ella pone más, es la mujer quien le roba el escenario al protagonista. El autor nos sorprende con una escena en la que nada es lo que parece: “Vamos no te cortes. No soy ese verraco de Gil. Como dijo Kafka, admito la posibilidad de que algunas oportunidades sean demasiado buenas para aprovecharlas” Cómo no vamos a querer a este policía culto (por ende a su creador) que domina y mezcla los registros de la lengua para hacer literatura. He aquí un ejemplo perfecto de cómo una persona culta es capaz de mezclar a Kafka, quintaesencia de la progresía intelectual, con las expresiones más vulgares. Virginia le ofrece su confianza más allá de la obediencia, le reafirma su lealtad en una escena apasionante, pero sin tocarse, un amor platónico. El autor construye una escena conmovedora que tiene la virtud de emocionar al curtido brigada, más que un discurso patriótico antes de la batalla. Saber que puedes contar con alguien hasta las últimas consecuencias, cuando más lo necesites, va más allá del amor. En los encuentros a solas,  lo que se calla es tan importante como lo que se plasma en palabras. Y el autor posee la cualidad de la complicidad, de decir sin decir: de verter “esos silencios hondos llenos de tantas voces” que dijera el poeta. 

Los acordes patrióticos del himno de la legión le despiertan a las siete en punto de la mañana. Le infunden un chute de valor, no puede defraudar la confianza de los suyos, la fe ciega de Chamorro en el jefe. 

El intendente Ruidavets pertenece a los jefes de la policía autonómica catalana. Se conocen de otro caso anterior. Se ha enterado por la sargento Balderas de que Vila está en Barcelona. Ella será el enlace entre las dos fuerzas del orden. Balderas entra en la policía a través de la Guardia Civil. Se pasa a los Mossos para evitar traslados forzosos. Dispone que sean Gil, un veterano, y Romero, joven especialista en artilugios electrónicos y redes sociales los que les echen una mano en lo que sea menester. Les pone al corriente del negocio de la prostitución en la zona. Permitida por tratarse de delincuencia de tono menor. Para la bien pensante sociedad no deja de cumplir una peculiar labor social, siempre que meta poco ruido. 

Una vez echadas las redes y el amplio operativo desplegado, solo queda esperar que los peces vayan cayendo como fruta madura. A mitad de la novela Silva hace recapitulación del relato. Nos da a conocer un borrador en el que expone los diferentes frentes abiertos, como si fuera el esquema sobre el que la historia tiene que continuar y no perderse, que sirve a su vez de guía a los lectores. Así comprobamos que Bevilacqua está al frente de un despliegue que cuenta con Reinares y su gente en Logroño. En Madrid dispone de las agentes Salgado y Lucía entregadas al caso. Ellos en Barcelona, con la colaboración de Balderas que hace de enlace con los Mossos y toda la policía del país tras la pista del Seat León. 

López le pone al corriente de Nuño. Hábil. No tiene nada a su nombre. Su mujer, tres apartamentos en Gerona. Cuenta con un Porsche Cayenne, el coche mastodonte que sirve para fardar y que gasta y contamina cuatro veces más que uno normal. En vista de las bajas por depresión que presenta en el trabajo, debe estar deprimido de continuo. Lleva una doble vida, una vida secreta que hay que sacar a la luz. La entrevista es la primera situación comprometida a la que se enfrenta el equipo. Se trata de un armario empotrado de más de un metro ochenta de altura. Chamorro le acorrala cuando se le ocurre decir que lo único que sabía de Robles era que echaba unas canás al aire, como cualquiera. 

- ¿Cómo cualquiera? –indagó, con cara de colegial. 

Tampoco se cree Chamorro que uno de sesenta nunca presumiera de una conquista brasileña de veinte. Comienza el baile. El Touareg rumbo a Castelldefels a toda mecha, Gil y Romero han descubierto a la chica. Por su Facebook averiguan que es brasileña y se llama Lucimara. Bevilacqua admite estar desentrenado de los viejos métodos, la rutina de los polis cutres: horas de vigilancia llenas de aburrimiento donde nunca pasa nada. Con buen criterio el autor vuelve a sacar partido de la parada narrativa para describir el entorno. En unas cuantas, breves y precisas pinceladas de luz y sombra negra nos informa  - entre otras cosas - de que al arrimo de la montaña y el mar apenas queda espacio para tres hileras de edificios. 


 "Allí solo, a merced del mar y de la noche, tuve una sensación de desnudez que tampoco me pareció desagradable"

El mar. 1961-1970. Obra de Antonio López García

Un Mercedes recoge a las chicas a las diez de la noche, algo que ya suponían por el estudio de la hora y procedencia de los datos del móvil. Llevan pinturas de guerra, vestidas para matar o morir como en una representación de la tragedia. Bevilacqua confiesa que nunca le gustaron los clubs de señoritas de vida descarriada. Y eso que en su memoria se acumulan recuerdos de locales de alterne debido a las características propias de su trabajo. A menudo los negocios,  por cuyo control la sociedad le paga el jornal,  se hacen y deshacen en lugares oscuros, al menos ahora libres de humos, que impregnaban la ropa del aroma típico de la taberna durante días y días. 

Chamorro es polifacética, maneja sus armas de mujer para franquear entradas a locales con gorilas dotados de pinganillos a la puerta. Sus conocimientos de geometría sorprenden al brigada jefe, los utiliza para adivinar trazados invisibles tapados por cortinas de color incierto, desvaído por los humos perpetuos de los tugurios de mala nota. 

En el interior charlan con una jovencita española que les cuenta que Lucimara tiene éxito entre el personal masculino. El lado paterno de Bevilacqua le aconseja que deje esa vida. De la misma forma que aconsejaban a Don Quijote que abandonara su locura y regresara a casa: “No te quedes aquí, vuelve a casa. Hay otros mundos, pero no están en éste”. 


"Tú que sembraste en todas 
Las islas de la moda 
Las flores de tu gracia, 
¿cómo no ibas a verte 
Envuelta en una muerte 
Con asalto a farmacia?"
J. Sabina



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.     

martes, 16 de abril de 2013

Anillo de quita y pon

La marca del meridiano. Lorenzo Silva (2) 

Un grupo de ocho guardias civiles reflexiona sobre la tortura ante el informe de la autopsia y las fotos de Robles después de muerto. Bevilacqua, siempre escrupuloso en el cumplimiento de los protocolos oficiales con los detenidos, pone en el mismo plano el linchamiento de Gadafi y el asesinato de su antiguo amigo el subteniente. Se conjuran para encontrar a los asesinos: “Te juro que si a los que han hecho esto no les pasa nada, le devuelvo el tricornio al contribuyente”- manifiesta Vila con rabia dirigiéndose al capitán Reinares que en su horizonte profesional se dibuja un traslado a la Brigada Central. 

Van a ver a la juez, le piden los permisos necesarios para que la investigación avance. Viste vaqueros y blusa blanca. Además usa metáforas al hablar. De aparente aspecto frágil; sin embargo, pica piedras: tiene montoneras de papeles por leer y estudiar sobre la mesa. Qué diferencia con los severos jueces bigotudos de sabor antiguo y venerable apariencia que vemos en las imágenes de antaño. 

Ante su amigo de cuerpo presente y la viuda cavila sobre la capacidad del amor para mezclar en su regazo la razón más pura y lógica con el veneno desbordado de la irracionalidad que nos arrastra hacia alguien extraño, a la búsqueda espiritual de una comunión profunda que mate los demonios de silencio y soledad. 

De nuevo en coche, otra vez de viaje. El conductor que le lleva con su gente a la Comandancia ha mamado el espíritu del Duque de Ahumada desde la cuna. De padres a hijos, su padre es también subteniente. Rememora los doscientos y pico caídos en lucha contra la ETA. Ahora los malos están en otros sitios del globo, ignoran que saltarse la ley es como echarse encima a ochenta mil hombres armados hasta los dientes con toda su mala leche. 

Los miembros de su equipo son incansables, trabajan al ritmo frenético que demandan las NNTT. Pegados al ordenador, investigan a pleno rendimiento. Las llamadas desde el móvil son una fuente de información, a través de ellas descubren que Robles llega hasta Bilbao y desanda el camino para ir a morir en Briones, un pueblecito de la provincia de La Rioja. Por las cintas de vídeo de la gasolinera saben la hora y los posibles coches que tomaron para huir del BMW. Por los restos de flora bacteriana en los zapatos del asesinado se podrán investigar los lugares por los que anduvo. 

Ahora disponían del fin de semana libre antes de despedirse de Madrid durante una temporada cuya duración quedaba a expensas de la marcha de la investigación. Bevilacqua tenía una cita con su hijo de dieciocho para ir al cine y hacer deporte juntos, una vez que el retoño se había convencido por sí mismo de que sus habilidades no daban para ganarse la vida dedicándose al fútbol a tiempo completo. 



 "Pierden de vista que de ángeles custodios pasan a ser demonios con cuernos y rabo"


Trabajan el sábado porque urge dar a la juez motivos que justifiquen el pinchazo de teléfonos. Recibe la llamada de la cabo Salgado. Uno de los números pertenece a una joven brasileña que circula por Casteldefells; el otro, ya está pinchado por una unidad diferente de la policía. Distribuye el trabajo y quedan a las seis de la mañana del lunes para ir a Barcelona. La mañana del domingo va a la Casa de Campo con un libro de Houellebecq (más difícil de escribir que Bevilacqua, que ya es decir). “El miedo al gendarme es la verdadera base de la sociedad humana” es una frase entresacada del libro y subrayada por su lector que coincide con el pensamiento de los locos por naufragar en las aguas turbias de las prohibiciones y orden impuesto por la autoridad hipócrita. Pero la ansiada soledad lectora del domingo por la mañana no se le logra a nuestro protagonista. Queda con el agente López de la SAI (Servicio de Asuntos Internos) para charlar de trabajo. De él, le atrae lo poco que su apariencia llama la atención. López es uno de esos  hombres de aspecto gris, de bajo perfil que pasa desapercibido por los sitios, excepto para nuestro protagonista. Suma puntos quien pronuncia su apellido correctamente a la primera. Sin perder el tiempo le muestra en el Ipad unas grabaciones de vídeo. En ellas aparece el agente Julio Salazar, última persona en hablar con Robles vivo, veintiún años de servicio en la benemérita de Cantabria. Ha sucumbido al vil metal. Se ha pasado a los malos, al lado oscuro de la vida regalada en la que el dinero se amontona en muladares y se carga a paletadas. 

López, con dos divorcios y una hija, tiene en común con Bevilacqua más cosas de las que parecen. Ambos se gastan el jornal en artilugios electrónicos para usar en el trabajo. El Mac que distingue a los usuarios, une a sus portadores más que ser brigadas y llevar trabajando veinte años bien cumplidos en la misma empresa. Nuestro protagonista se siente en deuda con el agente López porque él puede ofrecer bien poco a cambio de su valiosa información. Su investigación está en pañales. 

Recuerda que hace veinte años había costumbres en el servicio, pecados veniales, vicios adquiridos no merecedores de castigo que en los tiempos actuales serían pecado mortal de necesidad. 

Va al cine con su hijo Andrés. Paga las entradas con el dinero que le dan por unas clases particulares a dos tarugos de la ESO. Al final los aprueban con tal de que lean el enunciado y respondan algo que se le parezca. Después del cine ven Breaking Bad en la tele de casa. Para el brigada se trata de una puesta al día de sanchos y quijotes, por eso le gusta. Deja a su hijo a la puerta de su antigua casa y escucha un CD que López le había dejado antes de caer en los brazos de Morfeo. El resplandor de la amanecida los encuentra en el área de servicio de Calatayud camino de Barcelona. 

"y si de verdad me amas 
no habra casorio ¿para qué? 
con dos en una cama 
sobran testigos, cura y juez”
 “y viviremos lejos 
del trafico y la polucion 
mejor llegar a viejos 
a la sombra de algun sauce lloron” 
le regaló un anillo 
de quita y pon, que unen sin atar, 
y levantó un castillo 
de arena fina junto al mar… 
sus dos hijos dudaron 
entre en dinero y el saber 
llamaron al primero 
Caín y al benjamin Abel. 
J. Sabina 






Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.   

Fotos de Jose María Torrecilla. 

lunes, 8 de abril de 2013

Luto y nieve





"A Barcelona y a Madrid las separaba esa línea que venía a situarlas en distintos hemisferios y les asignaba coordenadas opuestas"

La marca del meridiano. Lorenzo Silva 

Las líneas de longitud (meridianos) son líneas verticales que atraviesan los Polos. Estas líneas imaginarias que rodean todo el planeta ayudan a localizar un lugar en los mapas. Así razona el brigada Bevilacqua el porqué del título de la novela: “Habían construido sobre la autopista un arco de color claro que sobrevolaba de extremo a extremo, para señalar el punto exacto por el que pasaba aquella divisoria imaginaria entre el oriente y el occidente”. A dos horas de Barcelona está la marca de separación. Aquellos que luchan por el reconocimiento de una nación que no existe, la desean de hormigón infecundo: de luto y nieve, el norte del sur. 

Una cita enigmática extraída de Lapidario de Alfonso X al comienzo de la novela nos deja de un aire. La obra resulta conocida. Es uno de esos títulos que no sabes dónde ubicar en una biblioteca escolar. Durante bastante tiempo estuvo esperando a que alguien le diera el lugar apropiado, más de una vez lo hojeé y con las mismas retornó al mismo sitio,  a la espera de la inspiración de alguien. San Google viene a echarnos una mano, a sacarnos de la ignorancia. En pocas palabras, la obra es una traducción al castellano de un texto del árabe que a su vez estaba traducido del antiguo caldeo. Trata sobre los poderes de las piedras según los grados de los signos del zodiaco. Referirse al toro en su noveno grado tiene la cualidad de despertar la curiosidad de este lector desprevenido por lo que representa de encuentro, de regreso a los mitos, vinculado al evidente homenaje a los albores de la lengua castellana. Es inevitable que un escritor cargue con toda la tradición literaria de una lengua que le permite pasar a limpio sus sentimientos, los buenos y malos humores, el amor, el desamor, la vida y el final de los finales: la entrega del alma. Y ganarse la vida combinando sus palabras. Un guiño a sus ancestros en el corazón del campo charro salmantino, Sanchón de la Sagrada, donde pasta libre el toro bravo. Robles comparte las raíces del oeste peninsular con Bevilacqua por parte materna. Es decir, el protagonista coincide con el autor en tiempo y espacio de ascendente salmantino. 


El toro de los orígenes de la cultura mediterránea en esta miniatura de la catedral de Gerona. Siglo X

Rubén Bevilacqua es un guardia civil de cuarenta y ocho años (el autor camina hacia los cuarenta y siete). Veinte de los cuales los ha pasado investigando asesinatos. A Chamorro le quedan pocos de los treinta. Quince años juntos les acompañan. El protagonista se hace querer por su forma de ser y sus circunstancias vitales. Pasa de ascensos, su única ambición es hacer el trabajo lo mejor posible, a pesar de las bajadas de sueldo y eliminación de pagas extraordinarias. Hace tiempo que dejó de correr para conseguir cosas. Un hijo que empieza la universidad y un divorcio a cuestas que casi lo deja en la indigencia, sus credenciales. El brigada Bevilacqua cae bien porque respeta las canas de sus subordinados. Bien sabe que en su trabajo los veteranos son fuente de sabiduría; hablan poco, pero de ellos se puede aprender. En la milicia la veteranía es un grado que a nadie se le ocurre trasgredir aunque no esté escrito en norma ninguna, como si fuera mandato divino, por la cuenta que le tiene al trasgresor. 

Han salido de Madrid, van en coche camino de Logroño (los personajes cogen mucho el coche en esta novela, el guión les exige estar de viaje). Tienen un caso que resolver. Un subteniente jubilado de la guardia civil ha aparecido colgado de un puente. El autor maneja la intriga con maestría. Hay un misterio, algo que no sabemos ni los lectores ni los acompañantes del coche de Rubén, algo que nos empuja a seguir leyendo para descubrirlo porque es natural que queramos saber. “Un hombre siempre oculta algo, siempre lleva a cuestas algo que preferiría no haber hecho o dicho o sido”. Apunta el brigada al que le molestan los que llegan antes de tiempo a las citas para después dárselas de puntual, sobre todo si tienen chófer. 

La voz narradora del relato está en primera persona. Las paradas narrativas son utilizadas por el narrador, a veces, para hacer literatura del revoltijo de sus emociones y cavilaciones, momento aprovechado por el autor para explicar qué va a ocurrir a continuación. Resulta notorio que la investigación de un caso criminal ha cambiado con el asalto de las nuevas tecnologías. No está de más conocer el manejo de móviles, Facebook, GPS o Google Maps para seguir el hilo de la intriga. Los malos lo saben y se desprenden de los artilugios como si fueran la navaja ensangrentada o la pistola humeante. Los policías ven las fotos de los maleantes plasmadas en la pantalla de un ordenador, de un Ipad o Ipod. Qué lejos quedan las fotos manoseadas de tanto pasar de mano en mano en las novelas policiacas de antaño, de no hace tanto tiempo. Otra de las cosas en las que se nota el paso del tiempo es en los gustos musicales. Siempre pasa. La música acompaña la narración como si fuera el politono de un móvil. Le ocurre a Bevilacqua con el agente Arnau. La música de sus preferidos Vangelis, Battiato, Johnny Cash, Serrat o Leonard Cohen le parecen dinosaurios al veinteañero agente de la guardia civil. 

Cuando el envío de la Brigada Central de Madrid llega a Logroño, las fuerzas del orden de la ciudad tienen todo organizado. La muerte de un guardia civil jubilado ha movilizado a toda la gendarmería. Son recibidos por un comandante que confiesa estar harto de pisar papeles en la oficina, añora la calle y manifiesta sus conocimientos de cine al repetir con casquivana desvergüenza las palabras groseras de Robert de Niro en Érase una vez en América: “El hedor de la calle te la pone gorda, cosa que otros…”. Y recela de los listillos que vienen de Madrid a dar órdenes y salen en la tele. 

El capitán Reinares se hace cargo del operativo. La víctima ha sido torturada y como si hubieran matado la muerte, lo han colgado después. La viuda y su hijo, soldado profesional veterano de Afganistán, al volante se presentan en el lugar del crimen. No tiene ni idea a qué se dedicaba porque él no se lo contaba. “Es mejor que no sepas”, le repetía una y otra vez. En los matrimonios, a cierta edad, se llega a un ten con ten soportable para ambos. 



Hacen noche en la Comandancia. El coche de Robles, un BMW grande, aparece en un aparcamiento de Tudela. Le han quitado el GPS. Bevilacqua se queda de recuerdo con el CD de éxitos de Serrat que el subteniente llevaba en el coche y que solo tenía sus huellas en él. Un SMS le pone al día, están a veinte de octubre de 2011: la ETA abandona los atentados terroristas. Antes de que el sueño le gane para su causa, ve en el portátil las imágenes que dieron la vuelta al mundo del asesinato de Gadafi. 

"Un año cualquiera 
al norte del sur, 
Aitor y Carmela 
deciden en una taberna gudari 
de San Juan de Luz 
que, en vez de guitarras, 
dentro del fly case, 
la pólvora etarra 
imponga su ley. 
Estrategias del destino, 
luto y nieve en la ruleta del 
camino. 
Salida de misa, 
viernes de pasión 
un yonki agoniza 
en technicolor. 
Península histérica, 
borracha de sol 
heridas de guerra 
que nadie ganó.
Sabina y Paez





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.   
  
La imagen del toro del Lapidario es de aquí.
Las demás, escaneadas.