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lunes, 29 de agosto de 2011

Anotaciones gráficas de un viaje por el Norte de Italia: Milán


La contemplación del Duomo y la amplitud de la plaza sobrecoge el ánimo. La fachada es una escultura inmensa que se alza al cielo de la Lombardía.


El edificio inmenso de la estación de tren recibe a los visitantes de la ciudad entre expresiones de admiración. La magnitud de Milán y las distancias de la gran ciudad aconsejan tomar transportes públicos para moverse por ella.

La moderación de la fachada de La Scala contrasta con el gran Leonardo que parece observar el teatro desde su pedestal en mitad de la plaza. Enfrente están las arcadas de la lujosa Galleria Vittorio Emanuele II







La austeridad de la basílica de San Ambrogio.




Las calles comerciales repletas de compradores y observadores en la ciudad asociada a los más famosos diseñadores italianos.


La Vía Dante es una calle peatonal que se abre a una plaza en la que destaca el monumento dedicado a Garibaldi con el Castillo Sforzesco al fondo, haciéndole la cobertura.









El biscione o "gran culebra" es uno de los símbolos de la ciudad.



Puerta esculpida del Duomo.


Una última vista de la catedral antes del regreso.

jueves, 4 de agosto de 2011

Anotaciones gráficas de un viaje por el Norte de Italia: Venecia

Desde Brescia, donde estábamos alojados, nos desplazamos en tren hasta diferentes ciudades del Norte de Italia. En Venecia nada parece haber cambiado desde el S XVIII de Canaletto.

El Orient Express acababa de llegar a la estación.

Venecia tiene máscaras.

El camión de la basura va por agua.

Continuas sucesiones de edificios civiles y religiosos de extraordinario relieve, que orillan calles repletas de turistas, se mezclan en la ciudad de los canales.

La Plaza de San Marcos recibe los enjambres de paseantes que en oleadas remansan entre el espectacular bosque de piedra.




El Gran Canal es la arteria principal de la ciudad, de ella parten calles secundarias que la recorren, flanqueadas por nobles edificaciones que hunden sus cimientos entre la humedad de los canales.


Un león manso, símbolo de la ciudad y familiarizado con tanto visitante, anima al recién llegado a llamar, pasar al interior, recorrerla y ser testigo del trabajo del hombre por ennoblecer su morada en medio de la humedad de unos edificios varias veces centenarios.

A nadie se le oculta que Venecia vive de los trece millones de turistas anuales que la visitan. A él se entrega quizás como única posibilidad de mantener a flote una estructura de supervivencia costosa.