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jueves, 26 de diciembre de 2013

Devuelta al remitente, trátame como un tonto





"Felipe me perdona deplorando que en tantos años haya escondido este terrible secreto por miedo a sus rigores"



Episodio Nacional 26 
La Estafeta Romántica (y 7) 
Benito Pérez Galdós 

XXXVI 

Don Beltrán continúa la carta anterior, dispuesto a terminar el cuento que no es tal  aunque lo parezca. La expedición real es recibida con regocijo por los pueblos en su avance hacia Madrid. En algunos se organizan juegos de cañas y corridas de toros. La tropa come en abundancia al no estar la zona centro castigada por la guerra. “La recua clerical y covachuela lo pasó tal cual ese día, pues no hubo para ella buen acomodo, quedándose algunos en cuadras pestíferas y en bodegas obscuras. Pero no faltó vino para todo el parasitismo, con lo que los duelos fueron menos y el quebranto tolerable”. El acercamiento a Madrid es una marcha triunfal. El clero salía a recibirlos, introducían a Su Majestad en las iglesias bajo palio y le entonaban solemnes Te Deum en su honor. Todo apuntaba a que “concluiría la guerra; se inauguraría el reinado de la justicia y la legitimidad, quedando encadenada para siempre la infame hidra de la revolución”. 


 "Fue que a mediados de agosto se sublevaron los oficiales del ejército de Espartero, acantonado en Pozuelo"
  
Las Reinas María Cristina e Isabel II pasando revista a las tropas liberales. 

Museo del Prado. Mariano Fortuny


Una profunda decepción y desesperación se apodera de los expedicionarios cuando corre la voz de que la Regente se ha llamado andana de sus compromisos con los carlistas. Lagrimas de tristeza ruedan por las mejillas de todos cuantos ya estaban preparados para el asalto a los sillones de la capital. Cabrera está que trina, don Beltrán deserta, aprovecha para unirse a unos trajinantes que van a Madrid. A lomos de una mula entra en la capital por la puerta de Atocha desguarnecida. Pilar lo recibe en casa con honores que le parecen dignos de reyes después de las penalidades y apreturas del camino en guerra. Promete que en cuanto dé descanso a su envejecida osamenta, volverá a Villarcayo y allí podrán escuchar sus lances con la Ojalata. 


 "Tantas palabras sonoras y campanudas se me ocurren para maldecir esta endiablada máquina de las sublevaciones militares"

Barricadas en 1837. Grabado de época


Don Beltrán explica el plante de la Regente, María Cristina. Intrigas palaciegas y sublevaciones de militares tejen la política del momento; “Fenómeno histórico que singulariza la España de nuestros días”, señala don Beltrán, que sentencia a continuación: “Es un hecho, es un vicio de la sangre, del cual participamos todos, y con él hemos de vivir hasta que Dios quiera curarnos”. 

El aura popular del Conde de Luchana, su autoridad ante el ejército, “devuelven a la Reina la confianza perdida desde la sargentada” en La Granja de San Ildefonso. El liberalismo y las logias caen. Don Beltrán disfruta en la casa adoptiva de descanso, paz y comodidades las cuales despiertan en él alegría retozona. Se siente romántico de la cepa maleante. “El mundo antiguo y el presente en él se enlazan. Por un lado llora, por otro ríe. Risa y llanto constituyen la vida, y yo no estoy ahora en disposición de llorar”. 



Constitución de 1837


A continuación don Benito juega sus cartas con ventaja y habilidad, cuenta el pasado como si fuera el futuro de la narración. Hace un resumen de gran parte del S. XIX a través de don Beltrán: “Pondrán freno a la libertad de imprenta, convertirán en un papel mojado la reciente Constitución, y este no es más que el primer paso para ir a un régimen de fuerza y autoridad”. Transforma su semblante alegre y se pone fúnebre con el joven romántico: “Cuando llegues al término de la vida, nuestras dos calaveras tendrán un careo gracioso en las honduras de la tierra... y nos reiremos”. Le aconseja que dé el paso con la chica de Castro, que se deje de melindres y repulgos, aunque no sea más que por evitarle la muerte súbita si vence la Urraca de Cintruénigo. 

XXXVII 

 “Felipe me perdona”, exclama por escrito Pilar dirigiéndose a Valvanera con admiración mal disimulada. Felipe decreta su libertad y le permite que se vaya a vivir fuera de Madrid. Ella se recrimina no haber comprendido la grandeza de Felipe, pero considera que no es culpa exclusiva suya, las almas desvirtuadas por el artificio social solo se revelan cuando se ven sacudidas por un cataclismo. Confiesa que ha sufrido inmensamente al ver su resignación y calma. Todo lo que ha percibido; su salud quebrantada y envejecimiento acelerado, lo ha visto de lejos y al acecho, no ha mediado una sola palabra entre ellos. Y ya no ha habido más tiempo: Él, confinado en la Encomienda, ella con su padre, don Beltrán, al que ha atendido como mejor ha podido, siguiendo su consejo. En cuanto se reponga,  lo manda a Villarcayo. 

Felipe la perdona. Siente que el silencio haya malogrado el matrimonio alzando entre los dos “una muralla de recelo, y confinándonos una y otro en triste soledad”. Le concede la libertad, pero le impone la obligación de residir en el palacete de Madrid para evitar los inconvenientes de una brusca separación. El vivirá en la Encomienda hasta bien entrado el invierno. En primavera derriban el palacete para construir viviendas en el solar. El vivirá en otro, ella donde quiera. Mejor fuera de Madrid. 

En este momento lo relevante, el interés para la historia reside en que Fernando pida la mano de Demetria, que  Pedro Hillo ayude en la faena y que don Beltrán aclare quién es Fernando ahora, después de la herencia. 


"Tratándose de un hecho irremediable, y sin atenuar mi enorme falta, no hay más remedio que bajar ante él la cabeza". 


XXXVIII 

Fernando le escribe una carta breve y rápida a su madre, con el pie en el estribo a punto de partir, acompañado de Pedro Hillo. Le ofrece lo más preciado que tiene, su existencia, como intento de compensación de todos los padecimientos y amarguras sufridos. Aspira a que su conducta intachable le otorgue el aprecio de la gente al no poder ofrecer claridad ni profundidad de linaje, solo la oscuridad del nombre. Manifiesta sus deseos de vivir, de agradarla en todo y tener salud para dar felicidad a la que tanto ha sufrido por él. La luz de la madre arde en su interior iluminando las estancias oscuras de su corazón romántico. Le pide calma en el asunto de Demetria, no conviene precipitar los acontecimientos hasta comprobar los sentimientos que hacia él aloja la familia. De momento promete reanudar la amistad con las señoritas, no quiere ser rival del pretendiente de la diosa, Marqués de Sariñan. 

XXXIX 

En un correo urgente, en un propio, manda Valvanera la carta para advertir a Pedro Hillo, sin que Fernando se entere, de que don Zoilo Arratia se ha presentado en Villarcayo preguntando por Fernando. Propone amistad y buena relación, pero al mismo tiempo amenaza: “Si D. Fernando no quisiera las paces, en la guerra me encontrará”. Le advierte de que tenga cuidado con el “maldito bilbaíno”. Añade Galdós de esta manera más incertidumbre al cuento ahora que se acaba. Se complica la trama con los líos de Bilbao. 

XL 

Ruge Cintruénigo contra Villarcayo y Madrid. Juana Teresa contra la alianza de su cuñada Valvanera y su media hermana Pilar: “Cuartel general de las intrigas fraguadas contra mi hijo”. “¡Si creerá Pilar que a mí me engaña! Sus enredos vienen a mi conocimiento sin que yo los busque, y a poquito que yo extienda mi tela de araña, cojo a la pobre mosca y la devoro”. 




 "Murió el año trece al pasar a caballo un río de nombre muy enrevesado"

"Death of Prince Jozef Poniatowski", prior to 1830, oil on canvas, private collection.

Juana Teresa contraataca por el lado del chismorreo, ha indagado en la correspondencia antigua de don Beltrán y ha descubierto una atractiva historia de romance de príncipe y cigarrera. Resulta que Pilar se dejaba cortejar por el príncipe polaco destronado de nombre endiablado de escribir, José Poniatowsky. No quiere que piense que es cruel por sacar trapos sucios, historias olvidadas de hace siglos y no hacer suyo el dicho: “A tanta lejanía, algo de indulgencia”. El príncipe muere en 1813. Se muestra dispuesta al olvido de esos años de locura romántica siempre y cuando ella sea comedida y no le cierre el camino a las pretensiones con la chica de La Guardia: “por Dios, que no me pise, porque al sentir el ultraje y el pisotón, me revuelvo y clavo el diente... no lo puedo remediar...” 

Admirable la forma que el autor tiene de dejarnos con la miel en los labios y dejarse la sorpresa para el final. Desvela el origen de la procedencia de Fernando, pero abre otro misterio que nos empuja a seguirle la pista en un nuevo Episodio Nacional. 


  Well tell him I was calling just to wish him well
Let me leave my number - heartbreak hotel
Oh love me tender - baby don't be cruel
Return to sender - treat me like a fool
Mark Knopfler 

 




El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

El mundo me trata mal, ¡qué desgracia!




"Su silencio me duele tanto como mi culpa"




Episodio Nacional 26 
La Estafeta Romántica (6) 
Benito Pérez Galdós 

XXXI 

Esta carta es respuesta al aluvión de homilías que durante los meses críticos de agosto y septiembre Pilar dirige desde Madrid a su amiga Valvanera en Villarcayo para hacerla partícipe del abandono definitivo de la simulación en su matrimonio. Como las diligencias o carreras de postas debían ser lentas y no del todo fiables en estado de guerra, Valvanera no había recibido aún las últimas nuevas del proceso de desengaño emprendido por Pilar y Felipe, bien conocidas por los lectores. Por eso parece una carta a trasmano y prescindible que no dice nada nuevo. Podemos considerarla como un descansillo, necesario para coger nuevo impulso con el foco puesto en la resolución de la historia que encara el tramo final. Le recomienda que “encierres con cien llaves tu romanticismo, todo ese imaginar insano que debes a las lecturas continuas, al hábito de vivir dentro del misterio, a esa fatalidad de tener drama oculto, vida de novela por dentro”. Que se encomiende a Dios porque le ayudará a enlazar el pecado y la virtud mediante un eslabón de oro entre los hierros de su condena. Le aconseja asimismo que quiera a Felipe ya que las espinas de su carácter no son profundas, están en la superficie, su corazón rebosa nobleza. 

Valvanera informa de que la presencia de don Pedro Hillo en la casa de Villarcayo es positiva para el estado de ánimo de Fernando. También le notifica que su padre, don Beltrán, ha dado señales de vida desde Albarracín y le advierte de que seguramente vaya a Madrid como parte de la corte carlista que acompaña los pasos del aspirante a Rey,  don Carlos Isidro. Le aconseja que si aparece, lo agasaje porque será de ayuda para la causa. Para despedirse, toca madera; el tuerto parece que ha decidido cambiar la dirección de su mirada: aunque parezca raro, los cinco hijos todos sanos. 



 Diligencias listas para salir en la antigua Casa de Postas de la Plaza Mayor de Salamanca

XXXII 

Después del receso de la carta anterior que permite enterarnos de las noticias de Villarcayo, volvemos con la remitente de Madrid que es donde se cuece el cogollo de la historia con sus avances y retrocesos. 

Dos días después de la espantable revelación, Pilar entra en un proceso de ansiedad provocado por el silencio de Felipe, que vive aislado al otro lado de la casona, sin contacto entre ellos, sin verse ni hablarse: “Ni me habla, ni me mira, ni me injuria, ni me mata, ni me perdona”. Otros dos días más tarde confiesa que no aguanta más la cárcel de silencio y soledad. Prefiere mil veces una tormenta de gritos y reproches a la indiferencia con que la castiga. Cortina le recomienda que se vaya a Carabanchel con una tía suya. Mientras tanto le propondrá a Felipe que haga lo propio en la Encomienda. Ella acepta de buena gana la propuesta. Calcula que cualquier cosa que la saque de la atmósfera de presidio y panteón que la rodea, le ayudará a componer su nueva actitud ante la vida. 


 "Mi alma se consume en una ansiedad monótona y sin accidentes"

La novia encerrada viva
Museo Romántico de Madrid

XXXIII 

Galdós sigue con el formato de diario que tiene como objetivo mostrarnos la evolución desmenuzada del retiro de Pilar en Carabanchel, las consecuencias de su punto final a la simulación y las subidas y bajadas de ánimo que la acompañan. Su tía Consuelo ayuda a que las penas que conlleva la explosión de libertad se suavicen en la burbuja impermeable de su finca. Aspira a que su sobrina sea feliz como la presunta felicidad de los peces  entre la estrechez transparente de las paredes de una pecera. Recibe visita de literatos y libreros que le sugieren títulos para preparar una caja de libros con destino a Villarcayo. Salamanca trae papeles para firmar en relación con la herencia de Fernando. Siempre preocupada por el qué dirán, afirma: “Ya no puede decir nadie que sólo tiene de caballero la figura, la ilustración y los modales”. Con la sospecha de que algo le ocultan, decide presentarse de incógnito en su casa de Madrid. No se puede creer que persista la atmósfera fúnebre que dejó. Pero lo que ve con sus propios ojos le hiela el corazón, es peor que lo imaginado. La visión a escondidas de Felipe, veinte años envejecido, como un alma en pena en busca de la idea de su mujer, le sume en una profunda melancolía y desesperación. Huye de la visión fantasmal. Llora lágrimas de amargura. Comienza a desvariar: “¿Será esto romanticismo? Sólo sé que es verdad. Y la verdad romántica es la revolución desencadenada en nuestras almas, el pueblo que se encrespa, los tronos que caen, la pequeñez volviéndose grandeza... No sé lo que digo. Comienzo a desvariar, y suspendo mi escritura. Me tengo miedo”. Hundida se acusa: “Estoy loca. Sólo sé sentir; pensar no puedo”. 




"Recelaba el fiero cabecilla que la aproximación a Madrid era un movimiento político antes que militar y que corríamos a un desenlace de comedia de figurón". 

 Expedición real a las puertas de Madrid
Biblioteca Nacional. Madrid


XXXIV 

Desde Herrera de los Navarros don Beltrán agradece con generosidad desmedida la prontitud de la respuesta a otra suya anterior, sobre todo reconoce el beneficio que otorga el dinero en tiempos conflictivos en que la supervivencia es un triunfo. Señala que está bien, pero que ha pasado las de Caín: apreturas, hambres, fatigas y sustos. Gracias a la amistad que le une al Infante don Sebastián María Gabriel, sigue a la corte carlista camino de Madrid. El día anterior ha habido una escaramuza con los facciosos mandados por Buerens con resultado de grandes pérdidas para ellos. El camino a Madrid, expedito. Ahora parece que de veras, “que están las cosas bien amasadas para que la discordia de las dos ramas tenga un término dichoso, y se ataje este río de sangre que en todas las partes de la madre patria brota por las crueles heridas de la guerra”. 

XXXV 

Galdós utiliza al anciano aventurero don Beltrán para contarnos la horrible y escabrosa realidad del frente. En efecto, una vez asentado en Madrid, don Beltrán continúa la explicación a Fernando de los fúnebres sucesos históricos vistos desde el lado de la “Ojalata”. Dice que se lo cuenta para que eche una mano en “extirpar la ignorancia, el más grande mal que hay sobre la tierra”. Su amigo italiano, Rapella, que anda en los entresijos del acuerdo de las dos dinastías de borbones contendientes, le ha introducido en la corte trashumante del pretendiente a Rey don Carlos, cuya actuación le está decepcionando, y le ha proporcionado la amistad del infante Sebastián. Del pretendiente anota: “El hombre no sabe ser guerrero ni político, ni posee el arte de tratar a las personas cuyo concurso anhela”. Le pronostica que no calentará el trono si en él llega a sentarse. Llama la atención el pacifismo en un hombre que se ha apuntado a la guerra de forma voluntaria: para él la guerra no es ningún arte sino “una demencia sin brillo y un pugilato salvaje”. Se figura que este periodo aciago de la historia se envolverá “en una espesa capa de silencio, y las generaciones echarán capa sobre capa, hasta erigir en honor de la guerra civil, de sucesión o como quiera llamársela, el grandioso monumento del olvido”. 


 "La incorporación de Cabrera me fue muy grata,  porque en él  he visto siempre un caudillo de verdad"

El futuro no presenta buena pinta: “Los liberales no tienen cabeza, y la de los facciosos es una cabeza de cartón”. Ve en el sanguinario Cabrera un caudillo de verdad. Don Beltrán resulta ser un golpista que no confía en un rey que mide a los suyos “por la adhesión idolátrica que le manifiestan”. Ambos pretendientes se avienen a un acuerdo al carecer de los apoyos necesarios suficientes para aplastar al adversario. Ven a la Regente secuestrada por algaradas sargentiles, masones y carbonarios liberales. 

El millonario banquero, señor Rostchild, como todo buen potentado, es pragmático, alejado de todo romanticismo, no abrirá la caja hasta “que vea claro cómo termina el grave pleito entre la revolución y la Monarquía en España”. Don Beltrán promete continuar la larga homilía al día siguiente. Se ofrece a ser padrino de la boda que se traen entre manos aunque ruja Cintruénigo. 


The world is treating me bad... Misery
I'm the kind of guy
Who never used to cry
The world is treating me bad... Misery!
I've lost her now for sure
I won't see her no more
It's gonna be a drag... Misery!
The Beatles
  




 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Alegrad vuestro corazón, cantad





"Fernando y yo visitábamos la Alhambra, paseándonos solos por sus patios y estancias, agarraditos de la mano"

Patio de los Leones de la Alhambra. 
Óleo sobre lienzo. 44 x 61 cm. 
Colección privada. 



Episodio Nacional 26 
La Estafeta Romántica (5) 
Benito Pérez Galdós 

XXIV 

De Pilar a Valvanera de nuevo. Felipe ha salido al ministerio. Ella aprovecha para escribir a escondidas del centinela de occidente de la casa. Oculta del inspector de hacienda doméstico. Galdós añade otra vuelta de tuerca a la tensión narrativa. Ahora resulta que según Pilar, que está al tanto del intercambio epistolar, Gracia está también enamorada de Fernando. Admite que lloró al leer que Valvanera le había contado los orígenes a Fernando. Confiesa que no aguanta más, la olla a presión está a punto de estallar. Reconoce que el arte del disimulo se agota de éxito. Decide visitar a un abogado y que sea lo que dios quiera. Hoy Felipe parece un Júpiter Tonante que por rayos tenga interrogatorios impertinentes. 



"Uno de ellos díjome que la enterrada era mujer en quien por encima de lo cadavérico se traslucía una gran hermosura"

El jinete y la gitana. 
Colección privada. 


XXV 

Es pleno verano, veinte de julio, cuando más aprieta el sol. El criado Sabas escribe desde Miranda. Galdós sigue explorando las posibilidades del género epistolar. Ahora es un presbítero que complementa su descarnado y escuálido sueldo prestando su pluma para poner negro sobre blanco, en castellano legible, lo que Sabas le cuenta de viva voz sobre las averiguaciones que hace de la señora de rasgos agitanados que ingresa en el hospital y muere a los ocho días, sin que él llegue a verla ni viva ni muerta porque a pesar de que “ni volando por los aires” podría haber ido más deprisa, cuando llega al cementerio, los enterradores acaban de rellenar el hoyo de tierra. 



"Para llegar a esto, dije a Cortina que aceptaré los procedimientos que él determine, imponiéndome cuantos sacrificios sean necesarios"


XXVI 

Pilar le comenta a Valvanera que ha ido a ver al abogado Manuel Cortina que hace las veces de segunda Valvanera, y que además de confesor, hace de amigo y de letrado. Pilar le cuenta todo, se vacía de nuevo con el jurista, como si hiciera tábula rasa con su vida. Una revolución que destruye el pasado y funda un nuevo régimen. Las cuatro horas de entrevista dan tiempo para esbozar una hoja de ruta. El confidente considera que es menester airear el secreto: “los hechos consumados, irremediables dentro de la Naturaleza, tienen fuerza colosal para domar las voluntades más rebeldes: de seguro hará Felipe demostraciones imponentes, de gran aparato, más escénico que real, y acabará por rendirse, prestándose a un arreglo que evite el escándalo”. 

El jurista le pide cuatro días para diseñar el plan definitivo a seguir. Trabajarán en equipo, en dos frentes distintos, pero en dos direcciones confluyentes: ella encargada de los actos sociales y morales y él de los actos de ley. Agradece la aparición del letrado que como un togado cirineo le ayuda a llevar la cruz. 

Ahora que parece que las aguas turbulentas han encontrado el cauce adecuado, le preocupa que la mujer errante resucite la pasión, los males pasados. La moderación del comportamiento de Felipe le resulta sospechosa, barrunta algo. Los cuatro días de plazo para pasar “de una vida de artificios a otra moldeada a la realidad” se le hacen siglos. Advierte a su amiga de los cariños engañosos de Juana Teresa, más falsos que Judas. Ahora que pisa suelo firme, ya no le importa lo que averigüe doña Urraca. Solo ansía birlarle la niña de Castro. Con los cinco sentidos puestos en lo que le importa, en el éxito del tránsito de una vida a otra, le aburre la chismografía social con los políticos de la época. Detesta la hipocresía del momento que obliga a la mujer a ser florero entontecido y a disimular el talento, que la fuerza a vestirse de deliciosa ignorancia para sacar provecho. Pilar quiere volar, romper el capullo que la protege. Se pone en manos de Valvanera para que haga todo lo posible con el fin de que Fernando la quiera más, tanto como la madre al hijo que le da el ser.



"Aunque sé muchas cosas que he aprendido en mis lecturas, me revisto de una ignorancia deliciosa, que es el encanto de mis amigas"

La novela romántica



XXVIII 

Fernando contesta al capellán agasajado en La Guardia a vuelta de correo. Agradece los libros que le manda, “grandes y leales amigos”. Gracias al regalo de su lectura va llenando el vacío del alma con gotitas de bálsamo consolador. Se confiesa con el capellán. Dialoga con los libros. Ellos lo compadecen pero no pueden remediar sus males de amor. Los libros imitan la vida, pero no son la vida. Le relata el pasaje de Miranda y reconoce que actuó con cobardía por no haber ido a enfrentarse a la realidad lúgubre de la descomposición de los cementerios y arrebatar la carta a la muerta. Se resigna a no pretender a Demetria (la divina Palas) porque “sólo encuentro vergüenza, cortedad, una infinita modestia ante criatura tan fuerte y grande”, una nulidad social y moral. Ella es sagrada e intocable para los mortales. No florecen las rosas entre el hielo, ni germina el amor en el frío. 

XXIX 

Pilar escribe la presente del mes de agosto y la siguiente de septiembre a su confidente Valvanera. Las cartas viajan de los calores extremos del rompeolas de todas las Españas al fresquito provinciano del norte de Burgos. Nos enfrentamos a la suerte suprema, el momento de la verdad y Galdós arriesga de nuevo en el plano narrativo. El autor continúa con la exploración de las diferentes posibilidades técnicas que permite el género epistolar, uno de los más antiguos que se conocen. En estas epístolas adopta la forma de diario para narrar día a día, casi al minuto, los avances en la trama que vienen provocados por el desgarrón del velo que cubre el misterio de su existencia. 

Pilar agradece la claridad del letrado, Manuel Cortina, el esfuerzo por explicar a una ignorante en leyes como ella la amargura de no poder pasar el título de nobleza a su hijo. Haría falta la mediación del Papa para lograrlo. El primer paso del plan es el más peliagudo, solo gracias al apoyo del Cirineo se considera ella capaz de darlo. A petición de Pilar el togado acepta ser quien traslade la información al marido. “Atenuarle la amargura del cáliz”, el encargado de parar al Miura

A medida que se aproxima el día de la prueba, el miedo se apodera de ella. Piensa en huir, pero el letrado le advierte de los riesgos. Debe encerrarse en la capilla, darse golpes de pecho, mortificarse y humillarse mientras se pone mala de verdad. Postrada en la cama debe guardar aislamiento riguroso hasta nueva orden. 

Cortina decide un aplazamiento de la hora de la verdad. Necesitan disponer de un millón de reales para dotar a Fernando de la renta suficiente con la que poder sacudirse la afrenta de ser un inclusero y al mismo tiempo evitar que la pedida de mano de la chica de los Castro-Amézaga constituya un desdoro para él y su familia. Recurren a Salamanca, la personalidad más brillante de la época en economía, para conseguir la enorme cantidad en un plazo de tres días. La llegada del día D;  “la cumbre de mi destino”, para observar si al otro lado de la cima se extiende el valle risueño o un espantable abismo, se hace de rogar. 

XXX 

La noche anterior al día crítico Pilar no puede dormir. Vela. Escribe del romanticismo que la agita como una enfermedad del cuerpo y del alma. “La ignorancia ¡ay! es una bendición; el saber un suplicio”. Sentada en un sillón sueña que Felipe la hace llamar a las cinco de la tarde, la hora del miedo, (torero Galdós). Fernando entra, como capitán, a defender la causa del Duque Felipe. A la hora de brindar los tres juntos por la salud de la familia y del nuevo defensor, la despierta su propio chillido. Luego se entrega a otro adormecimiento, la lectura de La imitación de Cristo la consuela. “Con mi engaño no engañaré las horas” de la noche, piensa, pero se queda dormida. 

El despertar es bastante más grato, lo hace descansada, con la sensación de haber dormido y la impresión de haber vivido un sueño agradable: un paseo por la Alhambra con su hijo (como hacen esta noche Isabel y Fernando en la serie de TV). El refugio en los actos de religión le proporciona serenidad, señala: “Humillándome ante Dios y sometiéndome a su soberana voluntad, he fortalecido mi alma, he serenado mi conciencia”. Se cierra en su habitación envuelta en el sofocante calor agostizo de Madrid. La atmósfera está que arde, anota con precisión barojiana que nos prepara para el momento culminante, si no fuera porque Galdós lo escribió con antelación: “El calor es hoy extremado, arde la atmósfera, y el cielo parece que está preparando rayos y centellas, quizás un pedrisco asolador. Oigo truenos lejanos.” 


"Heme acogido al Kempis, que por donde quiera que se abra nos muestra un admirable pensamiento, de pasmosa concordancia con lo que sentimos o padecemos"

La oración

A las cinco de la tarde piensa en huir, pero no lo hace por la promesa que ha hecho al togado. Se refugia en el Kempis: “Cuando el hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca a los demás, y sin dificultad satisface a los que le odian”. A las nueve y media de la noche Cortina le da cuenta de que ya están al otro lado, han cruzado al lado claro de la luna. Felipe está recluido en sus habitaciones sereno y preparado para los actos razonables: “lo que no tiene remedio debe afrontarse con valor y espíritu de concordia” sentencia Pilar con bien ponderado sentido común de Delibes. El jurista le hiere el corazón cuando le dice que “Felipe le ama a usted con locura”, ella repone que es un amor a secas. El amor es también un arte que hay que reinventar cada día. 

Por la mañana anota que le comunique a Fernando la victoria, para ella con sabor agridulce porque se queda con la pesadumbre del dolor que su decisión causa a Felipe. Se ofrece a quererle si con ello se alivian ambos de todos los años de disimulo. Por la tarde la casa parece un panteón, los dos moradores yacentes en sepulcros distintos sin comunicación entre sí. Se siente feliz y orgullosa. Le pide a Valvanera que escriba a Juana Teresa haciéndole saber su deseo de que “que se vaya a paseo”. 

 Your mother should know (...know.)
Lift up your hearts and sing me a song
That was a hit before your mother was born.
Though she was born a long, long time ago
Your mother should know (Your mother should...)
The Beatles 

 


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.
 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Ella dijo: Yo sé qué es estar muerta





"Hadiós" con hache y todo para que no digas"


Episodio Nacional 26 
La Estafeta Romántica (4) 
Benito Pérez Galdós 

XVIII 

Cambiamos de frente en el relato, nos convoca la gente de La Guardia. En un sobre dirigido a Fernando, escribe don José María para agradecerle una suya anterior, bien recibida y muy deseada. Incluidas en el mismo sobre van otras dos anotaciones de sus sobrinas, Deme y Gracia. Resulta interesante comparar y comprobar el tono diferente que el autor emplea en los tres mensajes. El estilo oscila desde la variedad semántica usada por el capellán culto - una persona que domina los niveles de lengua y puede subir o bajar el tono del escrito a deseo -, al estilo desenfadado de una adolescente que suprime las haches para no liarse al escribir, pasando por la expresión comedida de la hermana mayor. Don José María utiliza un esquema clásico, expresiones formales, frases hechas propias del lenguaje solemne, un tanto anticuado, usado en correspondencia, típicas del género epistolar. Encontramos ejemplos de lo anterior en la línea de saludo de las tres cartas: “Ilustre Señor y dueño”. Diferente a “Señor don Fernando” y “Fernandito”, encabezamiento de las otras dos cartas adosadas de las sobrinas. La carta es profusa en ejemplos que sirven de modelo para mostrar respeto, o cómo expresar el agradecimiento con un lenguaje ya en desuso: “Hágame el favor de decirle que en esta carta van cumplidos sus encargos con toda la eficacia que nos permite nuestra inutilidad”. 
 “Mi hermana María agradece a usted sus finos recuerdos, y se los devuelve con sinceros votos porque conserve usted su salud, así del cuerpo como del alma, deseando que encuentre su tranquilidad en la esfera del mundo que por su nobleza le corresponde”. 
“Y si se dignara usted honrarnos asistiendo a la boda, no tendríamos palabras con que mostrarle nuestro reconocimiento”. 

Da cuenta de la movida que Demetria forma en la casa para conseguir los mejores consejos de los más expertos profesionales de la comarca dedicados al cultivo del tirabeque y a la manufactura del dulce de tomate. 




"Recomiendo que se fijen principalmente en la elección de tomates, siempre de mediano tamaño, rechazando todos los que tengan daño o picadura por pequeña que sea, pues estos, aun los de apariencia más bonita, la pegan".


Bodegón con pepinos, tomates y recipientes de distintos usos 


    Óleo sobre lienzo, 41,6 x 62,5 cm 
    1774 
    Madrid, Museo Nacional del Prado 



En una lectura somera de la carta de Demetria puede parecer que se limita a mandar instrucciones sobre el cultivo del tirabeque, el dulce de tomate y la producción del mostillo, pero ya se apuntan entre líneas sus intenciones sentimentales cuando señala: “distráigase y lleve con paciencia su mal, que este no es de los incurables, y casi estoy por decir que quizás sea de los benéficos, o que, pareciendo que matan, lo que hacen es dar a la larga mejor vida. Usted me entiende”. O cuando le recomienda hacer lo mismo que hacía su madre con el mostillo: “Su sistema era empezar de nuevo lo que una vez salía mal, sin tratar de enmendarlo. Y tenía razón, porque las equivocaciones rara vez pueden corregirse, y lo mejor es aprovecharlas como enseñanza... y a otra”. Y su entrega en la despedida: “Y usted, Sr. de Calpena, disponga de su amiga Demetria”. 

Desde la línea de saludo se advierte el tono distinto del mensaje de Gracia. Una adolescente que escribe como los ángeles, con estilo sencillo y desparpajo inusitado, mezcla de limpieza, fluidez y gracia. Frescura sin retorcimiento. Directa al grano, aparece en la epístola como un ciclón, la campana de la alegría. Le dice que la perra lo echa de menos. Ahora que falta ya no busca flores frescas para el jarrón, le pone cardos borriqueros que dan menos trabajo y duran para siempre. Le reprocha que no haya venido a casa para curarse de su mal de amores que no es tal, pues “más pronto se cura un corazón flechado que una pata erida de bala”. Este año la cosecha de cerezas ha sido abundante, ha habido para dar y regalar “incluso para los de la vista baja”. Sus gustos literarios siguen la moda romántica: “Yo quiero relaciones de galanes y damas, amores con lances muchos, y trapisondas y contratiempos, que acaban en casarse, pues cuando se matan o no les casan me entristezco tanto, que lloro como si los ubiera conocido y fuesen de mi familia. Que aya mucho interés y sorpresas, me gusta; que se pase miedo y zozobra, siempre que al fin se casen”. No como dos que ella sabe bien que se quieren pero que no se lo dicen porque les da vergüenza. Así un tonto cualquiera le puede quitar la novia. 



"No creas, mi querida Tostada, que las dimensiones de tus cartas puedan serme enfadosas". 

La carta. 1875. 
Óleo sobre tabla. 24 x 18 cm. 
Colección particular. Obra de José Villegas 


XIX 

Valvanera responde a las cuatro cartas seguidas que Pilar le escribe como un repentino turbión creador de literatura o como un “sacudimiento extraño” epistolar que se le viene encima en el mes de abril. Revela que lejos de sentirse abrumada por su estado de gracia y fertilidad literaria al estilo de El Tostado, le declara la admiración que le profesa. Su sinceridad asusta, le señala: “En tus cartas estás como eres: traviesa, sutil, amante, nerviosa, voluble”. Le informa de la línea directa que ha conseguido con las chicas de La Guardia gracias a la horticultura, al asunto de los tirabeques. En relación al secreto que se traen entre manos no piensa que haya otro peón sobre el tablero. El verdadero peligro para el plan proviene de Fernando y el honor mancillado. Se resigna a comprender que en este punto está todo perdido. Los hombres lo dejan todo por rescatar princesas o desfacer entuertos: “Un hombre, un galán, un caballero no puede desamparar en trance aflictivo a la que fue su dama, aun teniéndola por culpable. La caballería, tal como Fernando la ve, es la suprema justicia, superior a todas las justicias de nuestras leyes divinas y humanas”. Cuando le menta a Pilar, su madre, y le dice que morirá “de pena si él, por meterse en lances de poesía teatral, comprometía su existencia”, Fernando serena su ánimo un poco y le promete que solo procederá como caballero en caso de necesidad, si el drama viene en su busca. 

Como ya hemos apuntado, Valvanera confiesa la admiración que profesa a su talento innato y portentoso ingenio para la creación literaria. Fernando también la admira, admite haber leído veinte veces la carta en la que se hace pasar por Miguel de los Santos. Fernando no se creyó nada. Fue el instinto del hijo que recién nacido busca la leche de la madre de buenas a primeras lo que le llevó a descubrir la broma. 




"Lo ha leído veinte veces, celebrando tu ingenio; el legítimo orgullo se le sale por los ojos en llamaradas".

La confidente.1910. 
Óleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. 
Colección Masaveu. Obra de José Villegas 


XX 

La presente viaja de Cintruénigo a Villarcayo, de Juana Teresa a Valvanera que se congratula de las buenas noticias sobre don Beltrán que “allí donde matan, él vive y triunfa”. Le pide cuatro onzas para compartir los gastos del abuelo en El Maestrazgo, “para que se reparta equitativamente la persona del primer noble de Aragón”. Informa de que las conversaciones entre Rodriguito y Demetria se han reanudado hace dos semanas y a su parecer presentan cariz positivo. Para ella se trata del eterno “no quiero, no quiero, échamelo en el sombrero”. “Si el “sí” de las niñas tiene mucho que estudiar, no son menos intrincados y misteriosos los “noes” de estas muchachas trabajadorcitas y que no quieren ser marquesas...” Le exige información sobre la estancia en su casa de Fernando. ¿Acaso no hay fonda en Villarcayo? Que no la tomen por tonta en lo relacionado con Pilar. Lamenta la separación con su media hermana y la invita a la posible boda. Es lista y tiene mala leche. 





"Veinte días hemos tenido a la pobre criatura entre la vida y la muerte"

Las Parcas. 1913. 
Óleo sobre lienzo. 156 x 147 cm. 
Colección particular. Obra de José Villegas 

XXI 

Fernando muestra a Pedro Hillo una alegría desbordante por la recuperación de los dos pacientes, hijos de Valvanera. La vida triunfa sobre la muerte. No solo han ganado la batalla al tabardillo, también ha sentido el espesor del calor familiar. En los días de incertidumbre ha respirado el mismo aliento que los padres: “Ellos me daban su temor, yo les daba mi esperanza”. 

Valvanera le revela el enigma de sus raíces. El desgarrón del velo que tapaba el misterio de su origen le sume en un estado cercano al idiotismo. Llora al sentir el desconsuelo que le provoca que su madre tenga que esconderse como si fuera un delito. Se dedica a la papiroflexia para entretener al enfermito. Con tanto internet ya no hay quien se dedique al noble arte de hacer pajaritas de papel. No se considera digno de “disputar al marqués de Sariñán la excelsa niña de Castro”. Solo siente admiración por ella. “Me achico cada día más, me siento enano, microscópico”. Si no hubiera sido por la madre “no habría bien como la muerte”. Envidia la paz de los que duermen en los sepulcros, protegidos de la luz por el peso de una lápida. Le advierte que no malinterprete sus lúgubres amistades con la muerte, pues ahora quiere vivir, no dar disgustos, que las personas que aman su vida la tengan, aunque le pese. Antes de despedirse le queda tiempo para pedirle que se acerque a Boix y se haga con libros en francés de Victor Hugo, Dumas y Walter Scott. También de Lope y Schiller. Se alegra del runrún que sobre el arreglo entre Demetria y Rodrigo llega a Villarcayo . Le solicita noticias desde La Guardia. 

XXII 

El marido de Valvanera descuelga la pluma para contestar a Juana Teresa, su cuñada y Marquesa de Sariñán. Disculpa a su mujer por no ser ella quien lo haga en persona por el cansancio que arrastra debido a los cuidados que la enfermedad de sus hijos requiere. El señor Juan Antonio templa gaitas en una carta breve, pero ello no le impide aclarar que Fernando proviene de buena familia, además de ilustrado afrancesado y liberal. Le sugiere que rectifique “juicios temerarios, originados quizás de vulgares hablillas”. Como ha llegado a sus oídos que Rodrigo se presenta a diputado por Tudela le desea éxito porque lo será también para todos y así “España se levantará del suelo ensangrentado en que yace, recobrando su dignidad y poderío”. 


"Si e de decirte la verdad,  me pareció gitana"

Pura, la gitana. 1906. 
Óleo sobre lienzo. 81 x 65.5 cm. 
Museo de Bellas Artes de Bilbao. Obra de Isidro Nonell


XXIII 

Sabas regresa a Villarcayo. Gracia envía una carta a escondidas para Fernando por mediación suya. En ella le pide que se declare de una vez y deje de hacer tiempo, de mirar a la higuera con la boca abierta a ver si la breva cae directa en la boca. Le urge a que deje de ponerse baboso y pesado porque la enamorada se va a aburrir de tanto esperar y lo puede perder todo. Después no le va a quedar más remedio que tomarse el veneno como Ernesto de Mellville en La Eponina. Le informa de que una señora con rasgos agitanados se presentó en casa preguntando por él para entregar una carta que no quiso dejar. Iba con otros dos hombres de malas trazas. Después supieron en la casa que la señora enfermó y la llevaron al hospital de Miranda. No firma la carta porque no le da la gana, para que él no se dé tono con ella. 


She said I know what it's like to be dead
I know what it is to be sad
And she's making me feel like I've never been born

I said who put all those things in your head
Things that make me feel that I'm mad
And you're making me feel like I've never been born
The Beatles



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.