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viernes, 31 de julio de 2009

Playas

Playa de Nules, Castellón

De un tiempo a esta parte a los de interior nos han puesto las playas casi a la puerta de casa. Veloces autovías nos permiten el acceso a las costas de los cuatro puntos cardinales en menos tiempo y con escaso quebranto físico. Aquello que veíamos hace escasos treinta años de mayoría de gente foránea se ha visto volteado por la presencia en las playas de hablantes de la misma lengua original del Quijote. Ello ha provocado una demanda de alojamiento en constante ascenso, con el consiguiente incremento de la oferta, a veces desmesurada, al olor del negocio fácil y de los pingües beneficios.


Me gustan algunas playas porque son incómodas de llegar: a la poca señalización se le une un callejeo por los camins asfaltados, estrechos y serpenteantes que se aproximan a la playa por campos de naranjos. La llegada te sorprende por su aspecto un tanto caótico. Nada que ver con la impoluta apariencia de la mayoría de las playas: vestidas de uniforme en sus paseos marítimos y abigarradas en sus construcciones para dar cobijo a tanta gente deseosa del metro cuadrado de arena por cabeza, donde asentar la sombrilla como si fuera poner la pica en Flandes.


En estas playas menos conocidas, se respira tranquilidad, la gente sale a las calles con las sillas al atardecer a hacer el serano, charlar con los vecinos, como en los pueblos de interior. La playa es de arena con "bolos" ( así llaman a los rollos) lo que las hace incómodas de pasear, a no ser con calzado.


No hay más que darse una vuelta por la Autopista del Mediterráneo, con la cartera dispuesta al adelgazamiento para pago de peajes, para darse cuenta de la verdadera dimensión de la agresión a las costas que se ha perpetrado en este país en el último medio siglo. Ritmo que se ha visto acelerado en la última década de bonanza económica. Hecho que ha dejado una costa llena de habitáculos vacíos la mayor parte del año, capaces de albergar el grueso de la población.


Al amparo de legislaciones anteriores más permisivas, alguna hay que data de 1914, se construyeron casitas justo al lado de la arena. A primera vista se nos antojan ilegales para nuestra época, tan machaconamente advertida del desarrollo sostenible, indefectiblemente unido a una determinada lejanía de construcciones en las costas. ¿Cuánto resistirán a la presión urbanística? Se admiten apuestas, pero mi dinero no estaría seguro apostando a su favor.