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jueves, 26 de abril de 2012

Me cansé del run run de los palmeros y los caireles





Urtain 
Adaptación para televisión de la obra teatral coproducida por Animalario y el Centro Dramático Nacional, que narra la historia del boxeador, encarnado por Roberto Álamo, desde su muerte hasta sus orígenes. 

El padre de Urtain muere en la taberna de la aldea y la luz del escenario se hace negrura. Apagón y soledad. Es primavera en Cestona, tiempo de sementera. Se funden los años y de la nada surge el misterio de la vida; la muerte como génesis de un nuevo vástago vigoroso. El eterno diálogo entre contrarios: la existencia que se abraza como un paréntesis a la eternidad. La armonía, resultas de la tensión entre el principio y el fin que cierra el ciclo vital y abre las compuertas a nuevas generaciones futuras. 

En 1992, Urtain vive solo en Madrid, cercado por la depresión, abrumado por las deudas, su autoestima mermada hasta niveles de alma envenenada. Harto de hacer de saco de boxeo que se golpea con su propio puño, decide quitarse de en medio para dejar de estorbar y, desalado, cae. 

Los mismos jadeos rodeados de soledad, los estertores convulsos del padre agónico le despiertan. Sólo tres palabras salen de su boca aturdida para hacer acto de contrición: “Soy un asesino” y pide perdón como un rey con once palabras: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. De esta forma, pidiendo perdón, abrocha su vía crucis personal de pasión inversa, desde su crucifixión en las calles de Madrid al beso de Judas de los orígenes, como un humilde nazareno rebelde, hijo de un carpintero, que se enfrenta al poder último e igualador a la nada del tiempo. La vida es riesgo. Constantemente te exige la toma de decisiones que te guían por uno u otro camino. El elige el sendero del boxeo, pero son otros los que le adjudican el papel a jugar en la tómbola de la vida, manejado desde fuera como si de un guiñol se tratara. Lo aturden ejércitos de palmeros y caireles. Y otros son los que le sacan del ring y lo dejan caer. 

En la obra, en su conflicto, la tensión narrativa se hilvana alrededor del choque de dos irrealidades: el punto de vista prehistórico y arcaico con los intentos de diluir identidades desde fuera. En el código de actuación de ambos no se contempla alternativa, no hay lugar al arrepentimiento ni segundas oportunidades. O irradiamos pureza de sangre de generaciones o no somos. Es el apego a algo sumamente atractivo para cualquiera,  como si las propias creencias fueran lo único y excluyente.


 La popularidad del boxeador guipuzcoano llegó hasta el lejano oeste peninsular. 
Recorte de La Gaceta.



 

El ocaso del boxeador Urtain coincide,  por imperativo biológico, con el del general al mando y con el nacimiento del diario El País en otra primavera de 1976. Nace y crece de la mano de la Democracia. Nada ha sido fácil desde aquel cuatro de mayo para ninguno de los dos recién nacidos. En la foto los firmantes del Pacto de la Moncloa. El tiempo ha demostrado que esos políticos (algunos ya desaparecidos) estuvieron a la altura de lo que quería de ellos la mayoría de la población. Parecen Winston Churchill si los comparamos con los actuales.

Maitena nos contaba en 2001 cómo habíamos cambiado en los 25 años  desde el nacimiento de El Pais: 



 


 




En mayo de 1996 el diario El País publicaba el especial: El PAÍS 20 AÑOS. He recogido algunas palabras de un pequeño glosario de nuevos términos que iba cosido en su interior, obra de Alex Grijelmo. Con la perspectiva que dan los años -dieciséis en concreto- ya podemos hacer balance de los neologismos que tuvieron éxito y se consolidaron en la lengua o los que, por el contrario, cayeron en el olvido. 

 Contrato basura: Dícese de cualquier tipo de contrato que no sea indefinido. La relación trabajo- capital está viciada. Para el capital son escasos los trabajos que producen lo suficiente para llegar a indefinirse. Hemos ido para atrás como los cangrejos. Malos tiempos para los que sólo tienen la fuerza de los brazos para tirar palante.

 Euro: La futura moneda europea, aprobada en la cumbre de Madrid en diciembre de 1995. La sepultura de la peseta. Hoy día, la gente sigue comprando  el piso en millones de pesetas, pero cambia kilos de arroz y gasolina por euros y sus céntimos de euro.

Palabras en desuso o que pasaron de moda:

 Enlace sindical: Nada de comités de empresa ni sindicatos obreros. En los tiempos del franquismo (y todavía cuando apareció El País) los representantes de los trabajadores en una empresa se llamaban “enlaces sindicales”. Su misión era enlazar la empresa con la plantilla, para que se hiciese lo que deseara la empresa. ¿No es lo mismo que ahora? 

Magnetofón: Los lingüistas preferían “magnetófono”. Tanto una como otra palabra dejaron paso al “casete” (castellanización de “cassette”). Los casetes son más pequeños que los magnetófonos, que funcionaban con dos grandes ruedas (“cinta abierta”) y se enredaban a menudo. En América, con mejor sentido del idioma español que en España, en vez de “casete” se dice “grabadora”. ¡Qué tiempos aquellos en los que nos metíamos a ingenieros a arreglar radio casetes y desenredar cintas! Y se arreglaban las cosas, mientras ahora ya lo puedes tirar y volver a la tienda a por otro.

Derrapé 
en las noches duermevela de los moteles 
pagando aranceles. 
Me cansé 
del run run de los palmeros y los caireles,
 con lo que eso duele. 
Y después de ti luna y lunares 
la vuelta al calcetín, las sábanas impares,
 la baba de las putas sin pedigri, 
la cicuta de los bares. 
Joaquín Sabina 





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 19 de abril de 2012

Sigo siendo el rey




Urtain 

Adaptación para televisión de la obra teatral coproducida por Animalario y el Centro Dramático Nacional, que narra la historia del boxeador, encarnado por Roberto Álamo, desde su muerte hasta sus orígenes. 

 En los años sesenta todo está por hacer en España. Sólo los hijos de un puñado de pudientes pueden seguir estudios más allá de los catorce años. A ellos se les une el grupo de jóvenes espabilados de las zonas rurales, que a menudo son captados por las congregaciones religiosas para ingresar en los seminarios y que los padres ven como un alivio y única manera de escapar a las extenuantes jornadas de sol a sol en los trabajos del campo, que con técnicas medievales daban para malvivir. Poco o nada importa que ya sólo puedan arrimar el hombro en los periodos de vacaciones. Franco cede las riendas del estado a los tecnócratas del Opus Dei. Ellos crean los polos de desarrollo que coinciden, con leves modificaciones, con los lugares en los que más industria hay en la actualidad y a la par ponen las bases del desarrollismo tardofranquista, que a nivel popular se sustancia en el seiscientos, la televisión con UHF en blanco y negro, el frigorífico, la lavadora y el teléfono de Gila en las casas. Todo ello actúa de efecto llamada. Provoca un éxodo masivo a las regiones periféricas y a Madrid, que consecuentemente va despoblando las zonas rurales de interior poco a poco, en una sangría que aún no se ha detenido casi medio siglo más tarde, dejando extensas zonas con tasas de población saharianas. 

 Para entonces, Urtain es un joven vasco, noble, rebelde y orgulloso que ha decidido aprovechar su fuerza extraordinaria y dedicarse al boxeo. Antes ha abandonado el seminario, el trabajo en los Altos Hornos y el levantamiento de piedras en su aldea y en las fiestas de los pueblos de alrededor. Más tarde no tiene más remedio que abandonar también a su familia porque su mujer, Cecilia, le fuerza a elegir entre volverse a Cestona con ella y los hijos o quedarse en Madrid. “En Madrid sólo hay gentuza” le grita. En ese momento representa el grito visceral del arcaísmo, del privilegiado que tiene miedo al contagio con el diferente. Para la gran mayoría; sin embargo, Madrid es la tierra prometida, la oportunidad para mejorar, la superación de la miseria que se sufre en las zonas rurales. La esperanza. 

 La adaptación de la obra para televisión se estructura como un combate de boxeo. El speaker del recinto es la voz narradora. Los asaltos numerados representan los capítulos de la biografía novelada del boxeador contada hacia atrás, como si fuera un flashback invertido. O los actos de una obra de teatro inversa. La voz narradora hace las veces de un locutor de radio, recupera la vida del personaje protagonista, cuenta los hechos al tiempo que los personajes los representan en el ring. Se trata de un juego ingenioso, un ejercicio narrativo nada fácil de definir porque no estamos acostumbrados a contar las cosas hacia atrás. Una utilización de los recursos antiguos para darle al producto un resultado innovador.

Maitena nos contaba en 2001 cómo habíamos cambiado en los 25 años  desde el nacimiento de El Pais:






El siete de mayo de 1957, en plena Feria de San Isidro de unos años con más crisis y miseria , Mingote  ya nos dibujaba así. Porque no nos engañemos,  aquí lo que importa esta semana no es que haya seis millones de parados, ni que los aviones de bajo coste despeguen de los aeropuertos españoles llenos de jóvenes emigrantes, sino  la Feria de abril de Sevilla y la semana de pasión del fútbol. Echen una ojeada  si no a los índices de audiencia de la Champion League y del próximo enfrentamiento en la cumbre Real Madrid-Barça.


En mayo de 1996 el diario El País publicaba el especial: El PAÍS 20 AÑOS. He recogido algunas palabras de un pequeño glosario de nuevos términos que iba cosido en su interior, obra de Alex Grijelmo. Con la perspectiva que dan los años -dieciséis en concreto- ya podemos hacer balance de los neologismos que tuvieron éxito y se consolidaron en la lengua o los que, por el contrario, cayeron en el olvido.

Gorrilla: Guardacoches ilegal. Se hicieron famosos en los años ochenta en Sevilla, pero los hay por todas partes. Con la crisis hay invasión de gorrillas "pidepelas". 

Pins: Antes fueron “insignias” o los elegantes “alfileres” de corbata. De Estados Unidos llegaron los pins, que hicieron furor durante los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992). Son a la vez insignias y alfileres, y suelen mostrar motivos divertidos o anagramas de entidades o sociedades. La moda se va pasando. Ahora la gente busca imanes para pegarlos al frigorífico. 


Palabras en desuso o que pasaron de moda:

Hit parade: Los discos más vendidos, la lista de éxitos. En otro tiempo, esta palabra parecía tan imprescindible como ahora “best sellers”. Como ya casi nadie compra música porque la regalan en internet, tendrían que hacer un hit parade de los discos más pirateados de la semana o del mes. Sería un seguro trendic topic en el twitter.

Progre: Aún se dice, pero menos que entonces. Se trata del apócope de progresista, y se pronunciaba con sentido irónico. Un progre era aquella persona que se fijaba mucho en las apariencias del progresismo: la barba y el pelo largo (caso de varones), el pelo larguísimo y sin excesivos lavados, nulo maquillaje (caso de mujeres), la trenka, los porros, los símbolos guevaristas, el Guernica en la pared, el amor libre… Por dentro, en algunos casos, pervivían las herencias de aquella sociedad. Sobre todo en el último tema. Un progre ahora lleva un bulto como prolongación de la mano que le sirve para comunicarse con los de su especie, quedar y juntarse para luego,  nada importa que los termines de dejar, el caso es comunicarse. Gila y su teléfono se quedó pequeño ante tanta inmediatez y complicidad con el enemigo. 


Donde los reyes más goldwin meyers 
de la baraja 
chulean a Mortadelo con crecepelo 
de las rebajas. 
El niño de Scotland Yard 
torea regular 
y por consiguientes 
Sherlock Holmes se acompleja, 
para cortar las orejas
 hay que tenerlos como Torrente. 
Joaquín Sabina





 

Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 5 de abril de 2012

Harto de las fronteras, va pidiendo escaleras


Urtáin. Juan Cavestany
Adaptación para televisión de la obra teatral coproducida por Animalario y el Centro Dramático Nacional, que narra la historia del boxeador, encarnado por Roberto Álamo, desde su muerte hasta sus orígenes.


Somos la suma de los recuerdos y de los olvidos del pasado. Las imágenes antiguas del NODO, ajadas y amarillentas como las hojas de un periódico atrasado, rompen las leyes del olvido y del decoro para acercarnos las sombras de personajes y hechos siniestros, ocultos como polizones temerosos en las bodegas personales del dolor de la memoria.

La adaptación para televisión de Urtáin es un combate por la vida hacia atrás. Un bucle que busca la posición horizontal del personaje protagonista para nacer y morir. La simiente echada en los surcos bien trazados o torcidos de nuestros antepasados que dan fruto de vicios y virtudes en el vástago descendiente que quiso volar como un ángel caído de pie. La obra se sustenta en un trabajo exhaustivo de visionado y lectura de documentos y fuentes originales de finales de los sesenta y setenta. También de los ochenta, perfectamente trasladado a escena e interpretado por el autor y personajes.

Los que vemos cómo el futuro se nos achata cada día porque la avenida del pasado es cada vez más amplia, nos reconocemos en los cambios de usos y costumbres que se narran en la obra. De rezar el rosario al amor de la lumbre de la cocina toda la familia junta, a las redes sociales de internet, ejercicio verdaderamente individual en el bunker independiente de tu habitación. De escuchar por la radio el parte único y sectario del día, a la inundación instantánea de información a un click de distancia que te atrapa y que, por inabarcable, te abruma.

La llegada de la democracia en España coincide con el declive deportivo del personaje protagonista. Mientras en Europa se cambia de forma gradual y lenta, aquí la adaptación suponía incertidumbre, era un salto al vacío. No había modelos en los que fijarse. Y salió bien de milagro, dicho sea con la perspectiva que da el tiempo y a pesar del interés que existe por parte de algunos en que lo vivido no haya sido más que el intermedio a lo que nos reste de futuro.

1970 es - a la vez- el año de su fulgor y comienzo de su cuesta abajo. Conquista el título de Campeón de Europa en Madrid y lo pierde en Londres, en un intento de llevarle a las bolsas importantes del mundo del boxeo que están en los enfrentamientos con los púgiles americanos, como antes había hecho Paulino Uzcudun en los años veinte y treinta. La acción se detiene en ese año. Nos muestra a un Urtáin pletórico que sólo sabe de tangos, nada de tongos. La fuerza le viene de la leche cruda que bebió de chico en su aldea. Repite como un mantra que dedica los triunfos a su mujer y sus hijos. No recuerda ese año porque fue el de la derrota contra Cooper que le marcó, el campeonato del mundo ya es una quimera inalcanzable. España se paraliza durante sus combates pero el futuro se le funde en negro. Los que le han ensalzado, le critican y los negocios se tuercen para él.

Su mánager no necesita escaleras para subir más alto y darle el beso de Judas. (Vaya cuatro: Don Antonio, Camarón, Joan Manuel y Tomatito)


¿Tanto hemos cambiado? A ninguna empresa en su sano juicio se le ocurriría hoy repetir esta maravilla del ingenio ibérico, ni felicitar con un toro arrebujado con El País. A menos que los tuviera bien puestos para aguantar los mordiscos a la yugular de tanto estupendo intratable por ahí suelto.

Maitena nos contaba cómo habíamos cambiado en los 25 años de nuestras vidas desde el nacimiento de El Pais:







En mayo de 1996 el diario El País publicaba el especial: El PAÍS 20 AÑOS. He recogido algunas palabras de un pequeño glosario de nuevos términos que iba cosido en su interior, obra de Alex Grijelmo. Con la perspectiva que dan los años -dieciséis en concreto- ya podemos hacer balance de los neologismos que tuvieron éxito y se consolidaron en la lengua o los que, por el contrario, cayeron en el olvido.

Chupa: En los años setenta se empezó a usar este vocablo para designar las modernas cazadoras de cuero, normalmente negro. Pero la palabra existe desde hace siglos, para un significado similar: la prenda de medio cuerpo-a menudo vieja y deslucida- que vestían antiguamente los clérigos, ignorantes de que en el futuro serviría de identificación rockera. Si ellos hubieran utilizado la chupa con ese propósito, alguien les habría puesto como chupa de dómine.

Zulo: En vascuence “agujero”. Al español ha pasado como sinónimo de escondrijo de armas, incluso aunque no sean de la ETA. Se ha llegado a escribir: “Ha sido localizado un zulo de las Brigadas Rojas” (en Italia). Un ejemplo del atemperamiento de significado que da el paso del tiempo a algunas palabras. De tener un matiz tenebroso, que daba miedo usar, en el principio, ha evolucionado a ser una palabra común de la lengua. ¿Quién no tiene un zulo en casa para meter zaleos? Esas cosas inservibles que vas almacenando poco a poco hasta que un día te da, y mandas todo al contenedor. Ha pasado a sustituir o a ser sinónimo de trastero o desván.



Palabras en desuso o que pasaron de moda:

Cine de arte y ensayo: El tardofranquismo autorizó determinadas películas de corte intelectual en las que se podía ver algún pecho por ahí suelto. Eso sí, en salas de “arte y ensayo”, generalmente reducidas y controladas. Se podía entender muy bien lo de “arte”, pero lo de “ensayo” parecía imposible. Hombre si se hubiera tratado de teatro… Recuerdo haber asistido a alguna de aquellas películas seguidas de una especie de debate (atraído por el aire de intelectual que te daba decir que habías ido) en la que hablaban siempre los mismos porque la gran mayoría no habíamos entendido casi nada de lo que allí se había proyectado. Tampoco es que con las explicaciones nos enteráramos de mucho... Siempre me acuerdo de las interpretaciones y significados de las películas de Buñuel para los entendidos. Era alucinante.

El Parte: Cuando nació El País todas las emisoras ofrecían unos noticieros comunes: llegadas las señales horarias, conectaban con Radio Nacional de España y difundían a la vez la misma información (oficial, por supuesto). Todavía como en la guerra civil, eso se llamaba popularmente El Parte. Desde 1977, cada emisora elabora sus propios informativos. Pero alguna parece seguir conectada a Radio Nacional.


Mi primo el Nano,

que no me toca nada y es mi hermano.
Harto ya de estar harto de las fronteras
va pidiendo escaleras para subir
de tu falda a tu blusa, toca madera:
tendría que estar prohibido un fulano así.

J. Sabina





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde
La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


jueves, 29 de marzo de 2012

Violento como el perfume del desengaño


Urtain. Juan Cavestany

Adaptación para televisión de la obra teatral coproducida por Animalario y el Centro Dramático Nacional, que narra la historia del boxeador, encarnado por Roberto Álamo, desde su muerte hasta sus orígenes.


Un boxeador sin rostro calienta en los prolegómenos de un combate. Arrebujado en una toalla blanca cumple con el vistoso ritual del gallo de pelea. Como si hiciera guantes con su sombra, la respiración profunda y entrecortada; extraña para el supuesto ritmo regular de un deportista. El escenario es austero: un cuadrilátero de boxeo y una luz cenital. Un fogonazo que deslumbra persigue al personaje. La danza simulada del actor se hace visible para los espectadores vociferantes que desde la penumbra del contraste le jalean.

Fermín Cacho gana la medalla de oro de 1500 en Barcelona 92

Es el día de Santiago, patrono de España, del mes de julio de 1992. En el Estadio Olímpico de Monjuich la flecha de un arquero da en el blanco que pone en marcha el mejor y más esperado espectáculo del mundo. La voz en off del narrador canta las hazañas olímpicas de los deportistas grabadas en bronce noble y eterno, permanente e indeleble en la memoria de aquellos que las vivieron.

Cuatro días antes, Urtain, acosado por las deudas, se desploma sobre el suelo desde el piso en el que vive. Allí yace el antiguo peso pesado, reventado sobre el asfalto como un saco de escombros. Cansado de vivir cuando no había cumplido los cincuenta, se negó a envejecer. Esa
misma mañana lo habían visto comprar el periódico en el mismo quiosco de todos los días. Tampoco encontró nada en él que le diera sentido a su existencia, que le acercara al mundo de los vivos y tomó la decisión definitiva: el ángel de las sombras le abrió la ventana, él las alas y se zambulló en el agujero del aire para ver volar a los peces de colores. No es más que uno entre el millón que se quita de en medio por las bravas cada año.

Urtain descumple los años por las aceras de su pasado, desanda las pisadas. El mundo está inundado de Barcelona y Olimpiada del 92, al ritmo de la rumba de Los Manolos en “Amigos para siempre”. Lo último que recuerdan de él en la redacción de Marca es que quería recuperar una foto suya con Franco. Le llora un ojo por culpa de un derrame. Suda hasta debajo de la nieve. Sonado. Se llama José Manuel Ibar Azpiazu. Responde a la pregunta del rincón de los golpeados: tiene hijos, pero la mujer se fue con otro. Desorientado. Los nombres de Jurgen Blin y Peter Weiland se le agolpan en el recuerdo. El británico Henry Cooper le hizo daño de verdad, le arrebató el título y le bajó de las nubes a mamporros. Un experimentado boxeador que antes había tumbado a Cassius Clay.

No hay vida después del boxeo para él. No está hecho para los negocios. Se arruina varias veces. Bebe y se emociona cuando Marisa, su segunda mujer, le dice “Te quiero”.


En 1996, Maitena valoraba los cambios en los modos de vida de los españoles después de veinte años de Democracia, los mismos que tenía el diario El País. Fueron casi los mismos años que vivió Urtain después de abandonar la actividad que le encumbró:











En el 29M. El "Cojo Manteca", icono de las revueltas estudiantiles de 1987.


En mayo de 1996 el diario El País publicaba el especial: El PAÍS 20 AÑOS. He recogido algunas palabras de un pequeño glosario de nuevos términos que iba cosido en su interior, obra de Alex Grijelmo. Con la perspectiva que dan los años -dieciséis en concreto- ya podemos hacer inventario de los neologismos que tuvieron éxito y se consolidaron en la lengua o los que, por el contrario, cayeron en el olvido.

Abertzale: (plural castellanizado, abertzales). En vascuence, “patriota”. Se designa así a todos los nacionalistas vascos, aunque una minoría de ellos haga poco honor al significado de la palabra.

Bakalao: Música machacona que no hace ningún bien al pescado que le presta el nombre, que no suele repetir si se cocina como es conveniente. Cuando se puso de moda, la seguían los que cortaban el bacalao en el ambiente discotequero, y a lo mejor hasta de ahí procede la expresión.

Carroza: En jerga, siempre significó “homosexual viejo”. Ahora, solamente viejo.

Toque: En fútbol, el estilo de juego que consiste en pasarse muchas veces la pelota entre los jugadores de un equipo a la espera de que, de manera casi natural, se descubra un hueco en la defensa contraria. Lo empezó a practicar el Barça de Cruyff en 1988. Lo siguió, con modificaciones, Jorge Valdano como entrenador del Real Madrid. Y lo criticó Javier Clemente, seleccionador español. Después todos sabemos quién fue el ganador del Campeonato del Mundo de 2010 de Sudáfrica y qué es el Tiki-taka: modo de jugar que todos los equipos del mundo quieren imitar, pero pocos lo consiguen porque no cuentan con Xavi, Iniesta, Villa, Casillas, Alonso, Ramos, Navas ni cualquiera de los jugones campeones.

Walkman: Magnetófono portátil, para andar con los cascos puestos.
¿Quién se acuerda de esta innovación con cinta?

Alex Grijelmo publicaba en 2001 un Diccionario de las palabras muertas. Vocablos y expresiones que existían en los setenta pero que dejaron de utilizarse con la llegada del milenio.

Ambigú: Se llamaba así al bar de los teatros y los cines, tomando la palabra del francés. Pareció imprescindible en su momento, pero ahora casi nadie la usa.

Gachí: Decíase de la mujer esbelta, espectacular; algo más que guapa. Según el diccionario, es el femenino de gachó, pero no parecían equivalentes.

PENENE: Profesores no numerarios. Procede de las iniciales PNN, y se convirtió en palabra común. Dieron mucho juego en la información universitaria: combativos, conflictivos, imprescindibles. Uno de los gobiernos de Suarez se llamó “el gobierno de los penenes”. Pero las palabras que crea la Administración y o el pueblo corren siempre peligro. Fueron abolidos.

Simca: Tal vez el coche más popular, después del seiscientos. La palabra procede de las siglas de Sociedad Industrial de Mecánica y Carrocería del Automóvil, empresa francesa que luego se integró en Talbot. El grupo Los Inhumanos grabó una letra donde se decía: “Que difícil es hacer el amor en un Simca mil, en un Simca mil”. Muchos padres que habían cantado esas estrofas algunos años antes descubrieron poco después lo que habían cambiado los tiempos desde que ellos fueron niños. Al escuchar esa música, sus hijos les preguntaban: “Papá, ¿qué es un Simca mil?” Sobre la expresión “hacer el amor” no necesitaban aclaraciones.

Telón de acero, países del: La división política de los tiempos de la guerra fría, “desde Sittin, en el Báltico, hasta Trieste, en el Adriático” según definición que acuñó Winston Churchill en 1946. Él fue quien inventó esta expresión, y dijo en inglés “iron curtain”. En España se tradujo como “telón de acero” en vez de “cortina de hierro” (es verdad que suena mejor “telón de acero” aunque no resulte una traducción precisa). Ya ni se cita como referencia histórica, porque casi siempre se habla del “Muro”. Pero aún nos queda Joaquín Sabina: “Más triste que un torero al otro lado del telón de acero”. Es curioso que haya quien conozca la expresión por Sabina, pero no tiene ni idea a qué se refiere. Lo comprobé hace poco con una amiga bastante más joven.

"Inútil como un sello por triplicado,
como el semen de los ahorcados,
como el libro del porvenir,
violento como un niño sin cumpleaños,
como el perfume del desengaño…,
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
Más triste que un torero
al otro lado del telón de acero".

J. Sabina



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.