Eutimio Sánchez
DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.41
El término de la historia del viaje de DQ y S a lomos de Clavileño por las regiones del aire que lindan con el fuego, provoca una sonrisa de oreja a oreja a los lectores, ocupados y desocupados. Y nos sonreímos por la actuación de S como un vengador que se recrea en la burla de los duques y la observación final de su amo sobre los sucesos de la Cueva de Montesinos, que hace bueno el dicho de alquimia de que todo lo que es arriba es abajo. A partir de aquí la novela debería pegar un giro, ya sabemos que S conoce la farsa, pero mucho nos tememos que su ambición sea mayor que su impulso de abandonar estas historias de engaños mutuos.
DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.41
El término de la historia del viaje de DQ y S a lomos de Clavileño por las regiones del aire que lindan con el fuego, provoca una sonrisa de oreja a oreja a los lectores, ocupados y desocupados. Y nos sonreímos por la actuación de S como un vengador que se recrea en la burla de los duques y la observación final de su amo sobre los sucesos de la Cueva de Montesinos, que hace bueno el dicho de alquimia de que todo lo que es arriba es abajo. A partir de aquí la novela debería pegar un giro, ya sabemos que S conoce la farsa, pero mucho nos tememos que su ambición sea mayor que su impulso de abandonar estas historias de engaños mutuos.

"a deshora entraron por el jardín cuatro salvajes, vestidos todos de verde yedra"
1883 - Roma - Gentilucci
S se nos presenta lloroso y convencido de la conveniencia de acompañar a su amo donde sea menester, si con ello puede evitar que el verano se les eche encima con las dueñas aún barbadas. Media hora después de que las sombras abandonen los cuerpos que las sustentan, entre cuatro salvajes meten en el jardín el caballo de madera, inmediatamente después vuelven sobre sus pasos los portadores, no sin antes hacer firmar la hoja de entrega y dejar el manual de instrucciones del artilugio: dos, y vendados, deben ser los jinetes hasta que relinche Clavileño o se presente Malambruno que será la señal de fin de trayecto .
La Trifaldi interviene ante DQ que se apresta a subir al caballo sin perder tiempo en ponerse las espuelas ni en aparejarle. S objeta a las pretensiones de ambos; le preocupa la mala imagen que dará a sus insulanos un gobernador flameado por los vientos cual pendón henchido. Qué vuelen las brujas en su escoba que tienen más práctica. El duque tercia en la disputa insinuándole al escudero que todo cargo acarrea su servidumbre. Con tanto protagonismo, atención y cortesía que se le dispensa no puede negarse. El duque que conoce su ambición, no tiene más que recordarle la ligazón insula – viaje para que se encomiende a todos los santos y acceda.
Viendo cómo S flojea, en un aparte, DQ le sugiere que puede irse dando una tanda de azotes antes del viaje. S no quiere lastimarse las posas ahora que le espera el duro banco de los lomos de Clavileño; a la vuelta se dará prisa. “Aunque tonto, eres hombre verídico” es la contestación de DQ a un “debe ser menguado” que le propina S a su amo dolido por la propuesta del vápulo.
"...parece que con mil fuelles me están soplando."
1780 - Madrid - Ibarra
El asunto de taparse los ojos primero es el siguiente motivo de retraso. DQ propone que sea el escudero: “que quien de tan lueñes tierras envía por nosotros no será para engañarnos, por la poca gloria que le puede redundar de engañar a quien dél se fía” S le repone que primero ha de vendarse quien monte adelante. Accede DQ a que la dueña Dolorida le tape no sin antes alegar la conveniencia de echar una ojeada al vientre del caballo, por si hay alguien en su interior como en el Caballo de Troya. Dolorida da fe de la buena fe de Malambruno. Agotadas todas las excusas a DQ ya no le queda más que subirse primero, no fueran a dudar de su valentía. S, de mal talante, atrás a mujeriegas por no sentir tanto la dureza. Se dejó vendar no sin antes volverse a descubrir para rogar que rezaran por él. DQ le reprende y le recuerda que no está en las últimas: la linda Magalona ya ocupó su lugar para ser luego reina de Francia.
A la fuerza ahorcan, convencido S, se cubre los ojos. A la par que DQ gira la
clavija, todos los presentes, agrupamiento de dueñas incluido, gritan cómo que vuelan, S se aprieta contra su amo. Con el viento de popa que proviene de unos fuelles levantan el vuelo, a pesar del descreimiento de S que oye gritos cerca. DQ se entretiene en demostrarnos sus conocimientos de astronomía: “debemos de llegar a la segunda región del aire, adonde se engendra el granizo, las nieves; los truenos, los relámpagos y los rayos se engendran en la tercera región, y si es que desta manera vamos subiendo, presto daremos en la región del fuego, y no sé yo cómo templar esta clavija para que no subamos donde nos abrasemos” S cree que ya han llegado a lo caliente ya que sus barbas le huelen a chamusco. Los de fuera prenden la cola de Clavileño que explota al estar relleno de cohetes junto a los dos jinetes que vuelan, ahora sí de verdad, desplomándose sobre el suelo chamuscados y maltrechos. Un pergamino les indica que han cumplido la misión, por lo tanto, las dueñas vueltas a su estado natural desaparecen para disgusto de S que le habría gustado ajustar algunas cuentas. Dulcinea, encantada, pendiente de los azotes por dar de S. 1833 - Roma - Gentilucci
un cuarto más que su amo en la Cueva de Montesinos. Mientras tanto el caballo de madera, quieto, demostrando buena doma.
DQ, bien tapado, no vio nada. Duda de que S viera las cabras porque no pasaron por la región del fuego; al menos, no se abrasaron como correspondería. S da pelos, señales y colores de las cabras celestes, pero que no vio macho cabrío de cuernos mayores que los cuernos de la luna.
Los duques se dan cuenta de que S hila fino sin haberse movido del jardín y cambian de tema. DQ ve la ocasión propicia para pasarle factura a su escudero por su incredulidad de los sucesos de la Cueva de Montesinos.
Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma

