jueves, 29 de diciembre de 2011

Siete espinas, flor del adulterio

"Yo cerré la puerta de la celda con llaves y cerrojos y, andando sin ruido, fui a entreabrir el blanco mosquitero con que se velaba"


SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (4)

El desembarco en Veracruz coincide con las primeras luces del amanecer. El Marqués intenta justificar la prodigalidad de su corazón. El recuerdo de la sonrisa gloriosa de Lilí resurge aumentado en los labios de la Niña Chole. Bradomín busca semejanzas en los mártires que también sufrían el acoso del diablo: “Pasé por el mundo como un santo caído de su altar y descalabrado”, a pesar de su intento por equiparar su valentía con los soberbios conquistadores antiguos, hay otro detalle que nos indica que la voluntad del autor es rebajar la categoría del linaje del Marqués con el objeto de que la conquista de la Niña Chole sea más valorada: “Por aquella playa de dorada arena subimos a la par, la Niña Chole entre un cortejo de criados indios, yo precedido de mi esclavo negro”. La situación de partida para la narración del proceso de seducción sentimental de la Niña Chole comienza -de este modo- con Bradomín descabalgado de su pedestal; desde un pretendido desnivel social, pero su valor probado en la lucha y una manifiesta incapacidad para el compromiso: como un conquistador que siente “terror de amar”. Lo dice ahora, desde su caballera tonsurada por “la nieve de tantos inviernos que cayó sin deshelarse sobre mi cabeza” y recordando los abanicazos de los negros pajarracos que enlutaban el sol de aquella playa dorada al alzar el vuelo.

En Veracruz reúne una escolta de escopeteros, antiguos bandoleros de lealtad legendaria con el amo que les paga. Junta sus hombres con los criados de la Niña Chole y sitúa su destino, los Llanos de Tixul, en el mismo camino que sigue la dama y que también significa el comienzo del largo camino del asedio a la fortaleza que terminará en rendición y conquista: “Con las manos trémulas le calcé el espolín”, mientras ella le ruega que se detenga en los umbrales porque él le besa “el pie con apasionado rendimiento”. Dice Paco Umbral con relación al atractivo de los pies: “Los pies de la mujer, asimismo, por distantes del corazón, de la cabeza, de los ojos, son un territorio remoto que el amante puede adorar, pensando en la amada como en una deidad lejana. El amor se nutre de lejanía, come lejanías, y empezar a adorar a una mujer por los pies es iniciar un largo viaje”.


"Se alzaban algunos jacales, que entre vallados de enormes cactus, asomaban sus agudas techumbres de cáñamo gris medio podrido"
París-Secretaire-1938

Nada les sucede digno de mención en el camino. La comitiva llega a las puertas de un convento. Bradomín y la Niña Chole “distraídos en plática galante”, durante la jornada fatigosa y larga a través de paisajes desérticos con dunas y arenas movedizas que avanzan y anticipan el abandono de las pequeñas aldeas con campanarios poblados de nidos de zopilotes en lugar de cigüeñas. Los nativos de piel cobriza y la derrota en la mirada observan, indiferentes e inmóviles, el paso de la lenta procesión, al tiempo que las columnas de humo de las chimeneas se confunden con las nubes del atardecer.




Monjas donadas de hábito blanco les reciben. “Sobre los sepulcros, donde quedaban borrosos epitafios, nuestros pasos resonaron. Una fuente lloraba monótona y triste”. Valle no deja perder el hilo conductor y tema central del relato que no es otro que el de la seducción de la reina del trópico. Deja pequeñas notas de que el proceso sigue: “Y le besé la mano” y ella con una sonrisa cruel le advierte de las consecuencias si llega a oídos del General Bermúdez. Rezan para dar gracias por la jornada sin incidentes que termina entre la irreverencia y el sacrilegio del sexo en el convento. Ella se presta sin ningún rubor a seguir la comedia, que es enredo y -a la vez- cortejo sentimental. Bradomín habla por ella en la escena de la fuente, le inventa un pasado linajudo de bulas papales que convence a las monjas de que son Marqués y consorte. La conquista está asegurada al tildarla de Niña Marquesa que “prefería saciar la sed aplicando los labios al santo surtidor de donde el agua manaba”, de irreverente doble sentido erótico-religioso tan del gusto del autor.

"-Santígüese no más. Es agua bendita, y solamente la Comunidad tiene bula para beberla".

La Niña Chole excusa la cena. A la luz blanca de la luna que entra por las ventanas recorren el largo corredor que les lleva a sus aposentos. No todas las monjas son iguales: La Abadesa, “con su hábito blanco, estaba muy bella, y como me parecía una gran dama, capaz de comprender la vida y el amor, sentí la tentación de pedirle que me acogiese en su celda, pero fue sólo la tentación”. Un Don Juan que se precie nunca debe rehuir un reto difícil y la blancura virginal del hábito lo es, y le tienta.

Pero la Niña Chole espera en su lecho tras una gruesa puerta maciza, bien atrancada con candados y cerrojos que ceden al paso de Bradomín. En este punto y final de capítulo me imagino la avidez con la que los lectores se abalanzarían sobre el vendedor de prensa del día siguiente para comprobar la continuación del lance. Y su satisfacción porque Valle no defrauda con dos páginas gloriosas donde somos testigos de la consumación entre rezos, temores, rechazo, sollozos, despecho, temblores de labios, grillos que rompen el silencio, redoble agónico de campanas, lloros y miedo que precede a la entrega definitiva, cuando las manos maestras del Marqués comienzan a desflorar unos senos que son la desembocadura en los siete sacrificios copiosos; entre el triunfo y la derrota; la vida y la muerte.


"Con siete espinas de la flor del adulterio,
siete carreteras delante de mi;
siete crisantemos en el cementerio,
siete veces no, siete veces sí"
Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero

martes, 27 de diciembre de 2011

Habla popular de Lumbrales (109)



Generaciones de cuadrillas de parederos antiguos tejieron el tiempo de piedra eterna. Guardaron de las miradas indiscretas el trabajo del hortelano. Sus manos piadosas huyen del bullicio y se refugian en el silencio que se respira tras los altos paredones y la puerta sin aldaba, que esconde el misterio creador de la vida de las plantas.


Penco: Torpe.
DRAE: 2. m. Persona rústica o tosca. 3. m. Persona inútil.
DCT: Caballo viejo.
BDE: “Penca de hortaliza”, de donde “persona despreciable”; “jamelgo”, 1836.

Pendi: Ejemplo de acortamiento. Apendicitis. “Tuvieron que operarle de la pendi, después de dolerle la barriga más de una semana.”
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Pendón-na:
Persona de poco fuste que anda de acá para allá. Vaca pendona: que le gusta ir
de guteo.
DRAE: 1. adj. despect. coloq. Dicho de una persona: De vida irregular y desordenada. U. m. c. s. 2. m. y f. Mujer cuyo comportamiento es considerado indecoroso. U. c. insulto.

DCT: 1.- Persona callejera, juerguista. 2.- Mujer de mala reputación.
BDE: Hacia 1140. Del francés antiguo penon íd., derivado del latín PINNA “pluma”, por comparación del pendón de la lanza con el penacho del casco. El vocablo sufrió el influjo de pender, por estar el pendón colgante.

Pendoneo (estar, ir de): Estar de fiesta.
DRAE: 1. m. Acción y efecto de pendonear.

No está en el DCT.

Penitente:
1.- Dependiendo del contexto puede significar persona de pocos alcances, pobre hombre. 2.- Dependiendo del tono, también puede ser astuto o travieso. “Menudo penitente está hecho, se fue a la taberna en lugar de ir a cuidar las vacas”.

No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: 1495. Tomado del latín PAENITENS –TIS.


Peñiscar:
Pellizcar. “No me peñisques que me salen cardenales”.

No está en el DRAE.

No está en el DCT.

BDE: Pellizcar: Hacia 1400. Resulta del cruce de dos sinónimos: 1º, pizcar “pellizcar”, 1737, voz de creación expresiva, cuyas variantes se emplean en varios lenguajes (catalán passigar, castellano dialectal pecigar. Italiano pizzicare, rumano pitigà, piscà); 2º, vellegar, procedente del latín VELLICARE íd., de donde portugués beliscar íd., italiano vellicare “hacer cosquiñas”, catalán dialectal esvellegar “rasgar, desgarrar”.

Peñiscón: Pellizco.
No está en el DRAE.

No está en el DCT.


Peonza (a):
A pie. “Tuvimos que ir a peonza pues se nos estropeó el coche”.

DRAE: 1. loc. adv. coloq. andando (‖ dando pasos).

No está en el DCT.
BDE: Hacia 1475. Probablemente sacado de peoncillo, diminutivo de peón, que tiene el mismo sentido, principios del S. XVII, por comparación del movimiento de un soldado a pie.

Perda:
Pérdida o destrozo causado por algún fenómeno desfavorable. Ejemplo de eliminación de una sílaba."Este año las perdas han sido muchas y pocas las ganancias". “Vaite por el camino Los Jarales, no tiene perda”.

No está en el DRAE.

No está en el DCT.
BDE: Pérdida: Hacia 1140. Latín perdita por vía semiculta.


Perdilón:
Que lo pierde todo."No se te puede encomendar nada; eres un perdilón”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

¡Perendengues tiene!: Se utiliza esta expresión para indicar que alguien se da mucha importancia. Los perendengues son los lóbulos del gallo.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT con esta acepción.

BDE: “adorno mujeril”, 1674. Término popular y afectivo, de formación incierta, aunque de todos modos relacionado con pendientes y con dengue. Probablemente metátesis de penderengue (comp. El gallego pendrengue), derivado de pender, que se alteraría en parte por influjo de dengue. También se dice pelendengue, finales S. XVIII.



Perico: En Lumbrales así se llamaba al caldero utilizado para coger los cagajones de las caballerías durante la trilla.
DRAE: 6. m. Orinal de gran altura, y con tapadera.
DCT: Recipiente en que se recogen las heces humanas.

BDE: Del diminutivo Pero (por Pedro) con el cual se llamaba al papagayo, por su charlar casi humano.


Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.


La foto B/N es de la página de Ricardo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Chi vivrà verrà. Veremos

Felices días de Navidad a todos los visitantes y, por favor, intenten ser felices, que como bien reza el refranero: "La vida es corta y pasarla alegre es lo que importa".


Es lo que hicieron los miles y miles que por aquí vinieron a reunirse y celebrar no se sabe qué, porque el patio no está para muchas celebraciones, pero -eso sí- por anticipado por si después no hay lugar. Lo que toca es unirse al coro de los buenos deseos y de los gestos de bondad, paz y felicitaciones, sólo sinceros si reflexionamos sobre nuestra actitud ante la felicidad de los que no la tienen ni por asomo, que son legión en estos días de privaciones y austeridad que son y que se avecinan.



He encontrado este artículo de José Sánchez Rojas, discípulo de Unamuno, y del que ya hemos hablado aquí antes, publicado en El Adelanto el día 30 de diciembre de 1910. Como si fuera hoy. Hace cien años también había crisis y yernos:

La Crisis

La crisis; he aquí el tema de actualidad. Saldrá Burell; saldrá Merino; saldrá Calbetón. Otros dicen que saldrá Aznar. Otros quieren que salga Arias de Miranda. De Ruiz Balarino nadie se acuerda. De García Prieto tampoco. Y suenan nombres para todos los gustos, fechas para todos los calendarios y derivaciones políticas para todos los discutidores de café.

Julito Burell es seguro que salga. No ha de lamentarlo mucho el propio interesado. La gente aspira, no a ser ministro, sino a ingresar en la masonería secreta de los exministros.

No se trata de cobrar, entre sustos y sobresaltos, seis mil duros; se tira a cobrar las siete mil quinientas pesetas en paz y en gracia de dios. Merino saldrá sin gloria ni provecho, como entró, siendo tan yerno de su suegro y tan conde de Sagasta y tan cacique de León como el primer día. Calbe
tón, fuera del banco azul, será la gallarda y amplia figura de otras veces. De Cobián se dice finalmente, que saldrá del caserón de la Calle de Alcalá, para reponer su quebrantada salud.
Enlace
La gente ministrable se mueve que es un placer. Gasset, Alba y Fernández Latorre, cuentan hoy con grandes posibilidades de endosarse el uniforme y el incómodo sombrero. Francos Rodríguez también quiere dejar la pesada carga de la alcaldía por la dulce poltrona de Instrucción Pública. No falta quien quiera llevar a este Ministerio a nuestro buen amigo don Ángel Pulido. Hay más días que longanizas y más candidatos que poltronas vacantes. Chi vivrà verrà.


Detrás de los ministrables zumba, como abejas en colmena, el menudo mundo de los subsecretarios, directores generales, inspectores, jefes de negociado, gobernadores civiles y diputados novatos sin dietas. Los asaltos a la puchera nacional han de ser, seguramente, pintorescos. No nos regeneraremos, pero estrecharemos la mano de tantos y tantos ciudadanos que tienen como ideal disponer de cien empleos, el de dejarse llamar usias por mil porteros, el de dejarse sobar por todos los hampones castizos de la villa y corte.

¡Bien poca cosa, en efecto, pero todos somos contentadizos y modosos en este país!
Publicado en El Adelanto de Salamanca
José Sánchez Rojas.

Madrid, diciembre 1910

jueves, 22 de diciembre de 2011

La vida es una golondrina en movimiento

"Sólo de tiempo en tiempo alguna ráfaga cálida pasaba entre las jarcias y hacía flamear el velamen"



SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (3)

Bradomín se embriaga y nos invade con los recuerdos de la Niña Chole, con la melancolía del sexo en una auténtica orgía de los sentidos: las caderas donde no se pone el sol, giratorias y gráciles como las de una bailarina; pies de niña, hombros desnudos, formas turgentes de diosa yucateca que se entreabren como rosas frescas de los jardines de la Tierra Caliente. Sueños gloriosos que respiran “el perfume voluptuoso que al andar esparcía su falda, con ondulaciones suaves”.

"Sobre mi cabeza sonaban voces confusas y blando pataleo de pies descalzos todo acompañado de mucho chapoteo y trajín. Empezaba el baldeo".

Al rayar el día su imagen se refleja en el fondo de los espejos: “Las luces del amanecer cabrillean sobre los cristales”. Los días pasan tediosos y aburridos en el Mar de las Antillas. Sólo unas pequeñas ráfagas de aire esporádico flamean el velamen. El autor recurre al contraste narrativo a la manera de Cervantes para sacarnos a empujones de los sueños e imponernos la realidad: El baldeo de cubierta nos baja de la nube erótica. Pero no por mucho tiempo porque, bajo palio sagrado, aparece la reina del trópico, la Niña Chole, alba como la nieve, la sonrisa inquietante de una egipcia y las pestañas misteriosas de una turania. Gana la fragata en brazos de un hercúleo coloso de color negro de cabellos ensortijados.


“Sobre el dormido cristal de esmeralda, la fragata dejaba una estela de bullentes rizos”. Y Bradomín recuerda la canción americana de Nieves Agaz con la que de niño le arrullaban hasta quedarse dormido a ritmo de danzón. La canción cuenta la historia de otra Niña Chole y le vienen a la memoria las lecturas de los viejos conquistadores que quemaban las naves para cortar la retirada a los cobardes. Sólo valía vencer o morir.




Fondean en Veracruz. Los nativos que en canoa se acercan a la nave hablan un español a gritos que los mercaderes sajones y chinos de a bordo no entienden: “Ajustan, disputan, regatean y al cabo, como rosario que se desgrana, van cayendo en el fondo de las canoas […]” Se echa la noche americana de los poetas y la Niña Chole no aparece para desesperación de Bradomín.


De nuevo la acción trepidante rompe las horas de tedio y calma a bordo del velero en el Mar de las Antillas. Un negro que mata tiburones con cuchillo pide protagonismo a codazos. Un duelo a matar o morir en la arena del mar. Víctimas de la sonrisa cruel de una diosa que gesta el conflicto, hace y deshace a su antojo con el brillo del metal y el desdén en la mirada, como premio a la sumisión del esclavo. Bradomín se confiesa hechizado por esa sonrisa salida de algún antiguo rito diabólico. El veneno de los celos le muerde el corazón. Aún siente los temblores del amor ante una mirada y una sonrisa lanzadas por los ojos y labios de la Niña Chole.

Brillante en la metáfora del negro mercenario, grande como un gigante, que mata a cambio de un estipendio. A bordo del barco viaja un marinero negro, miembro de la tripulación que se lanza al mar a privar de la vida a los tiburones. Es el héroe que se juega la vida en el envite por cuatro monedas. Que vive en el filo de la navaja. Que pervive en el recuerdo, en la bruma de la memoria de los seres del traje gris. Que alcanza la inmortalidad porque al morir matando renueva el rito diabólico de la vida: matar para seguir viviendo. O manifestación de la liturgia de la naturaleza.

A Valle le costará levantar la novela tras el impacto, pero lo consigue hilvanando el relato teniendo como punto de apoyo el desembarco en Veracruz, la tierra firme. Veremos.



"La vida no es un block cuadriculado

sino una golondrina en movimiento

que no vuelve a los nidos del pasado

porque no quiere el viento.


Y jugar por jugar

sin tener que morir o matar,

y vivir al revés
que bailar es soñar con los pies"


Joaquin Sabina





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero

martes, 20 de diciembre de 2011

Habla popular de Lumbrales (108)


El hondón de la memoria se asienta en la firmeza y solidez de las construcciones antiguas; busca refugio en la experiencia acumulada, escondida en los pliegues de la historia que se toca con la mano, despejada de la neblina de un futuro incierto.


Pelechar:
Referido a las personas significa medrar, mejorar de fortuna. “Desde que entró en la diputación, bien se le vio pelechar”.
DRAE: 3. intr. coloq. Comenzar a medrar, a mejorar de fortuna o a recobrar la salud.
DCT: Caérseles el pelo a los animales en la primavera para defenderse mejor de los calores del verano.
BDE: 1495. Propiamente,”echar pelo”.



Pelechón: Cuando un animal tiene buen aspecto. “Los burros en primavera están pelechones”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.






Pelitorda:
Mujer de dudosa reputación.
No está en el DRAE.
DCT: Mujer ligera de cascos.



Pellá: La cantidad de heno que se coge de una vez con la tornadera. “No cojas una pellá tan grande que no puedes con ella”.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: La voz castiza pella viene del latín PILULA diminutivo de PILA. De pella: Pellada: “capa de yeso en la pared que se está construyendo”.




Pelle: Montón alargado que se forma en la era una vez trillada la mies para limpiarla.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.





Pellica:
Abrigo tres cuartos, hecho de piel de borrego con los pelos para fuera. Era prácticamente la única prenda de abrigo que tenía la gente hasta bien avanzado el S. XX.
DRAE: mismo significado.
DCT: Pellejo de vino.
BDE: 1680. Viene de piel, del latín PELLIS.

Pelliquero: Pielero. “La madrugá del pelliquero, le daba el sol en la cara y decía que era el lucero.” Es una contestación típica a alguien que te dice que madrugas mucho.
DRAE: 1. m. y f. Persona que hace o vende pellicas.
No está en el DCT.

Pelo: En pelo bueno. Dícese de los pajarillos del nido que ya han emplumado del todo.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.
BDE: Hacia 1140. Del latín PILUS.



Pelona: Helada. “Vaya pelona que se ha caído esta noche, hay carámbano de cuarta”.
No está en el DRAE con esta acepción.
DCT: mismo significado.
BDE: De Pelo. 1438.





Pelujo, pelujón:
Despeinado, peludo.
No está en el DRAE.
DCT: mismo significado.

Pelusco: Mal peinado, pelujón.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Pencillete: Mozo motril, algo descarado e insolente.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.


El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007.

Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.


La foto del burro es de Jaime Grandes. La foto B/N es de la página de Ricardo

domingo, 18 de diciembre de 2011

Jardín de diciembre

Estas alegrías lucen sus últimas galas. Saben que tienen tasado el tiempo que les queda por vivir, se apartan de la tristeza y de su ocaso, conscientes de que arrastran su vida en un tiempo de descuento que ya permite pocas alegrías.



Los acantos ya parecen desesperezados del verano que los agota. La temperatura suave y las lluvias de noviembre que avivan las plantas y ceban los veneros, favorecen un crecimiento que se verá entorpecido de nuevo por las temperaturas crudas del invierno de la meseta.




También estos claveles chinos saben manejarse en condiciones desfavorables.



Las caléndulas son unas de mis flores favoritas porque descubrí que salen cuando todas las demás escasean o rindieron su vigor. Son plantas desdolidas que requieren pocos cuidados (como a mí me gustan) y saben aprovechar la ausencia de otras más elegantes para lucir su rústico encanto. Adornan el jardín a destiempo.



La hortensia tenía color verdoso de bronce antiguo. Las flores aguantan, cambian de color y luchan, antes de rendirse al frío que las arrebata y las reduce a la nada.


Las fotos están tomadas el día cuatro de diciembre. El membrillero aún conservaba las hojas de otoño avanzado, de tonos amarillentos. Esta mañana lo encontré desnudo, desprendido ya de su cubierta, las hojas en el suelo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Ser cobarde no vale la pena.


"Los barqueros indios, verdosos como antiguos bronces, asaltan la fragata por ambos costados".


SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (2)

A media mañana hacen escala en San Juan de Tuxtlán. La fragata fondea a tres horas de canoa de la costa para no embarrancar, movida por la lentitud exasperante del remo de un negro africano. Así debía ser el tránsito de las almas en la barca de Caronte a las puertas del Hades, afectados por el calor procedente de la fragua de Vulcano. Ya en tierra Bradomín quiere visitar las ruinas de Tequil. A la sombra de una pirámide contempla por vez primera a la Niña Chole, hija de la tierra fecunda y bella como una diosa maya salida de lo más hondo de la India misteriosa y desconocida. (La razón de mostrarnos a la Niña a la sombra de algo que no la da porque la pirámide se come su propia sombra representa un enigma y da que pensar). Su sonrisa le recuerda a Lilí, amada y aborrecida; causante del desamor que le hizo huir de España y buscar refugio en América.





"Cuando arribamos a la playa, se levantaba una fresca ventolina, y el mar, que momentos antes semejaba de plomo, empezaba a rizarse".

El arte de la insinuación y sutileza preside el relato del primer contacto visual con la Niña Chole. El autor recurre al erotismo y exotismo indígena mezclado con la belleza clásica, hierática y serpentina, sin olvidarse de que los lectores españoles entienden mejor el casticismo del “zagalejo andaluz o del fustán”. Todo lo mezcla con el misterio de su cuerpo adivinado. Como no le ve el rostro de primeras, se entretiene en describir lo que no vela el rebocillo: “Admirando cómo se mecía la tornátil morbidez de los hombros y el contorno del cuello”.


Con la sangre al galope, Bradomín se llega a las ruinas de Tequil. Entre Sicomoros y verdosos reptiles inquietos aparece la Niña Chole, belleza bronceada en mimética simbiosis con la naturaleza ardiente. La sombra del cedro gigante le hace entrar en trance, como la erupción que precede al éxtasis místico y a fundirse con la madre tierra que se estremece. Los humanos son fieras en celo surgidas de las entrañas de la tierra virgen, abrigados por el vaho caliente que desprende la madre naturaleza, exuberante de verdes rabiosos en la selva mejicana.

Mucho me temo que Valle- de escribir hoy- tendría serios problemas para mantener su ya mermada integridad física. Por menos irreverencia de la que hace gala en sus relatos, le declaran la guerra santa a cualquiera que pase por allí por meterse en las arenas movedizas de las creencias de religiones que no te incumben: las huríes del paraíso están reservadas a los mártires que mueren matando infieles. Como los Cruzados iban a Tierra Santa a defender los lugares sagrados del ataque de los otros infieles.


"¡No se arrugue, valedor!... Si quiere pasar, ahí merito, sobre esa piedra , arríe la plata. Ándele, luego, luego"

Al atardecer la tierra emana erotismo: “La naturaleza, lujuriosa y salvaje, aún palpitante del calor de la tarde, semejaba dormir el sueño profundo y jadeante de una fiera fecundada”. Los ojos de la Niña Chole le hacen recordar amores ya vividos. Regresan a la mar bien metida la noche. La fragata atracada a lo lejos aún no había zarpado. La sorpresa del ritmo trepidante en la narración cumple la misma función que la caída del caballo desbocado de Don Juan Manuel en las tierras gallegas de Sonata de Otoño. Ahora es el brillo de la faca, el frío del acero del arma de un nativo el que rasga el aire y hunde el veneno de la víbora en un árbol cercano lo cual resalta el valor del marqués que no le rehúye. Se encara con el bandido de piel cobriza antes de embarcarse de nuevo.



"Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena"


Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero

martes, 13 de diciembre de 2011

Habla popular de Lumbrales (107)

Con el frío llega el tiempo de apañar aceitunas.


El néctar de los dioses que procede de la molturación de las aceitunas en los lagares de San Felices o Ahigal se guardaba en cántaras metálicas como ésta.

Pavona (salto la): Juego de niños consistente en saltar por encima de otro que está encorbado, mientras cada uno dice un verso de lo siguiente:


EL SALTO LA PAVONA
El salto la pavona,
brinco por encima esta mona
La mona que está debajo,
le pica el escarabajo.
A la una anda mi mula
A las dos, la campana y el reloj
A las tres, Martín Cortés
A las cuatro, un buen salto
A las cinco, un buen brinco
A las seis, macho el ajo y el aurel para componer
y me macho las uñitas para nunca más volver
A las siete, salto y planto mi grandísimo carapuchete
A las siete y media lo recogeremos
A las ocho, la niña pidió un bizcocho
A las nueve, parir quiere pero no puede
A las diez, parida es
A las once, llaman a casa del conde con campanillas de bronce
(ocho y tres... once)
A las doce, le responde
A las trece, le amanece
A las catorce, en un cofre
A las quince, lamparilla
A las dieciséis, corneta por el culo te la metan
A las diecisiete, cornetín por el culo te lo metí
A las dieciocho, el burro mocho
A las diecinueve, culá pero bien plantá
A las veinte, culón pero bien plantón
A las veintiuna, pido saltar con una sola uña
A las veintidós, sopitas en un barreñón
A las veintitrés, sopitas en una sartén
A las veinticuatro, sopitas en vino blanco
A las veinticino, sopitas en vino tinto
A las veintiséis, San Andrés
A las veintisiete, San Vicente
A las veintiocho, San Ambrosio
A las veintinueve, estolique inglés
y la ramita para echar a correr
A la centi, centinela, alerta, alerta está
¿Qué oficio le daremos?
Ven acá y te lo diremos
Justo Herrero

No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Pega: Pájaro grande, blanco y negro de pico largo. Es un córvido; en otros sitios llamada urraca. "Fuimos a llevar las vacas a la Cortina los Oliveros y encontramos un nido de pega con
peguitos chicos".
DRAE: Urraca: 1. f. Pájaro que tiene cerca de medio metro de largo y unos seis decímetros de envergadura, con pico y pies negruzcos, y plumaje blanco en el vientre y arranque de las alas, y negro con reflejos metálicos en el resto del cuerpo. Abunda en España, se domestica con facilidad, es vocinglero, remeda palabras y trozos cortos de música, y suele llevarse al nido objetos pequeños, sobre todo si son brillantes.
DCT: Pájaro de unos 50 cm de longitud, de plumaje negro con reflejos, pechuga y vientre blancos y cola larga.
BDE: Hacia 1495. Está en relación con el latín PICA. Pero el tratamiento fonético de las voces romances prueban que no son descedientes de esta palabra latina, sino nuevas creaciones a base del radical onomatopéyico PIC (C)-, que indicaba la idea de “golpe”. Y de ahí la de “señal” (dejada o no por un golpe), aludiendo en este caso a las manchas y colores varios de la urraca.

Pegalón: Lo suelen decir los niños. Que tiene la mano larga y lista.
DRAE: pegón, na.
1. adj. coloq. Aficionado a pegar golpes a otros. U. t. c. s.
2. adj. coloq. Cuba. Dicho de un alumno: Estudioso y aplicado. U. t. c. s.
No está en el DCT.

Pegar de: Empezar a hacer algo. “Voy a pegar de mondar las cuadras”.
DRAE: 19. intr. Pan. y P. Rico. Empezar a hacer algo de repente y con fuerza. Pegó a gritar.
No está en el DCT con esta acepción.

Pegiguera: Manía, costumbre. Uno es un pegiguera cuando es raro lo que le cuadra, a todo le pone pegas sin aportar soluciones.
DRAE: 1. f. coloq. Cosa que sin traernos gran provecho nos pone en problemas y dificultades.
No está en el DCT.
BDE: La acepción “embarazo, dificultad” se explica por el sabor picante de esta planta.

Peinar: Peinar el carro es una labor que se hace cuando está cargado de heno, pasando la tornadera a modo de peine para conseguir que quede igualado y que la hierba no se caiga por los caminos.
No está en el DRAE con esta acepción.
DCT: Pasar el rastrillo por las espigas de hierba para quitar la que sobra o pueda caerse.
BDE: Hacia 1335. Del latín PECTINARE.



Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.

La foto de la pega es de la Wikipedia.

Las del Salto la Pavona son de internet. La primera es un detalle de Juegos de Niños de Brueghel El Viejo


domingo, 11 de diciembre de 2011

Vela en este entierro

Estos pequeños tigres bejaranos son amigos de todos los días.


RIÑA DE GATOS.
EDUARDO MENDOZA. (y 13)

Lilí está en casa, preocupada por la misteriosa desaparición de su madre. Su espíritu rebelde de adolescente le ha hecho rechazar la oración y las enseñanzas religiosas. Sin ese consuelo, se siente enloquecer. Su padre llama desde el hospital para decirle que con la llegada de la madre ha surgido el milagro. Guillermo ha despertado del coma y debe ir a celebrarlo con toda la familia. Antes de marchar en taxi al hospital acompañada de Julián, el mayordomo de anchas patillas salido de las páginas del Cossío, ordena al servicio que rece el rosario. A Julián no le resulta fácil encontrar un taxi: “Te queman el tasis y te han jodido vivo”- le repetían los taxistas-

Ya en el hospital, Lilí se sorprende de que su hermana no se inmute de la llamada de Jose Antonio a casa diciendo que el inglés está bien.

La madre se fue a visitar a su paisano de Priego (y también de Antonio Aguilera), Don Niceto Alcalá Zamora, al que sus amigos y enemigos llaman El Botas y que ve menos que un pez frito dentro de un baúl. Quiere que el político haga lo posible para que detengan a Jose Antonio, origen de todos los males que le aquejan porque ha sorbido el seso a la familia entera. Allí recibe la noticia de que Guillermo está en el hospital. El Presidente llama al ministro Amós con instrucciones de detención del falangista. Si hay bulla, que lo manden a Lugo o a Alicante.

Un sifonazo en la cara devuelve a la realidad al inglés. Jose Antonio le comenta que unos agentes de su amigo Marranón han matado a Guillermo a las puertas de su hotel. La policía se presenta en el bar y detiene a los dos, poco después de que el falangista se haya desarmado para que no aleguen posesión de armas y lamenta el desprecio con que el pueblo ha recibido sus ideas: “¿Qué diferencia hay entre sacar en procesión la imagen del Sagrado Corazón y quemarlo? Este es un país cavernario, hundido en la miseria, la atonía y la falta de higiene”. Le pide que se vuelva a su país y explique su lucha. AW repone que saldrá con él del bar porque con él entró, “pero de las ideas por las que estáis dispuestos a mataros los unos a los otros, de eso no quiero ni oír hablar”. Los detienen y los meten en dos coches distintos. A AW lo conducen al hotel. El tren sale a las 14 h. El Teniente Coronel le advierte de que haga todo lo posible por no perderlo; la guardia civil suele disparar antes de preguntar.


Juan de Pareja. Velázquez

Harry Parker
le despierta a las nueve de la mañana para llevarle a la embajada. Nuestro viejo amigo, Lord Bumblebee, le informa del incendio en el sótano del palacete de la Castellana. El principal damnificado, el cuadro. La mala noticia se compensa con la buena. Edwin Garrigaw le pone al corriente de que el cuadro no era de Velázquez, tampoco una falsificación. Lo pintó su ayudante, Juan de Pareja, un esclavo al que luego liberó. Lo acaban de saber de Londres. Pedro Teacher tenía la documentación; era un agente doble, suyo y de los nazis. De Kolia, nada se sabe. De hecho, una vez desaparecido el cuadro; ni él, ni AW tienen el menor interés. Quizás Pedro Teacher y Kolia fuesen la misma persona. El intento de matarle en el almacén de la Puerta de Toledo fue una pantomima. Higinio es un agente de la seguridad inglesa. Tantas y tan repentinas revelaciones le alborotan la resaca, le causan revoltura de estómago y le levantan dolor de cabeza. Parker le recomienda que regrese a Londres y se reconcilie con Catherine: “Las mujeres son una lata, pero es lo mejor que tenemos. La política en cambio es horrible. Los comunistas y los nazis son unos monstruos, y nosotros, que somos los buenos, no pasamos de canallas”.



Madre Jerónima de la Fuente. Velázquez

Como andaban sobrados de tiempo, Mendoza concluye con un EPÍLOGO para no dejar cabos sueltos. Deja a Anthony Whitelands en el Museo del Prado. Quizás sea la última oportunidad que tenga de visitarlo en años. En el interior le espera la sorpresa de Paquita. Le participa que la familia está contenta por la recuperación de Guillermo. El percance les ha hecho ver el escaso valor de los objetos materiales. Lilí no para de llorar, se considera responsable del incendio. Han decidido mandarla al campo, a una finca de Badajoz para recuperarse. Jose Antonio llamó cornudo al ministro en la DGS y sólo salió de chirona en la caja de madera. Ella está decidida a retirarse del mundo. Ingresará en un convento de clausura de Salamanca.

AW llega a pensar que por su culpa Madrid se queda sin gente. Un extraño influjo hace que las mujeres cambien de vida y costumbres: la Toñina, Lilí y Paquita. Tras la revelación de la clausura, Paquita encamina sus pasos al retrato de la Madre Jerónima de la Fuente del pintor sevillano. En el silencio del convento decidirá sobre su futuro.



Eduardo Mendoza no podía dar por terminada la novela sin una última referencia al pintor cuyos cuadros le han servido para llenar tantas páginas. Ni a su obra maestra en el Museo del Prado. De la misma forma que Cervantes tuvo que darse prisa por cerrar la muerte de Don Quijote cuando ya tocaba la suya propia con la mano, escribió el testamento –el suyo y el de su criatura literaria- en el capítulo más emotivo, resumen de sus vidas y de su personal visión del mundo. Velázquez difumina el poder en Las Meninas, fuera del mundo real, pero al mismo tiempo controlándolo todo desde el espejo.



Las Meninas de Manolo Valdés en la Plaza Mayor de Salamanca.

A las catorce horas sale el tren. Por nada del mundo lo puede perder. Anthony Whitelands huye de unas gentes dispuestas a despellejarse unos a otros y de una realidad que supera el disparate de la ficción, como tantas otras veces. Quiere mucho a este país, pero nadie le ha dado vela en el entierro.

Al mismo tiempo concluimos el comentario que nos ha entretenido trece semanas, desde el 18 de septiembre, de una novela localizada en unos tiempos en que la muerte no tenía duelo, por el poco precio que se ponía a la vida. Sobre todo si era la de los demás, en unos tiempos tan revueltos como aquellos. La amenaza de los mercados y el acoso a la economía europea semeja el miedo a los ejércitos de Hitler y de Stalin armados hasta los dientes en las fronteras. ¿Sabremos capear el temporal algo mejor que entonces?


"Hoy, moviendo la cola, se acercó como un perro
A pedir que le diéramos vela en este entierro
[...]
El torpe maletilla que hasta ayer afirmaba,
Que con las banderillas nadie me aventajaba,
Ahora que corto orejas y aplauden los del siete
Ya no dice que cito tan bien como Antoñete.
La propia Caballé que me negó sus favores,
La diva que pasaba tanto de cantautores
Llamó para decirme: “Estoy en deuda contigo,
Mola más tu Madrid que el Aranjuez de Rodrigo.”
Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero

jueves, 8 de diciembre de 2011

Mujeres de fuego, helado metal

"Cuando el sol declinaba [...] libre de importunios, pasábame las horas viendo borrarse la estela de la fragata"


SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (1)

Valle prosigue con el relato de las memorias del Marqués de Bradomín. Un Don Juan gallego y carlista de la más recia estirpe, que ha adoptado la seducción como modo de vida. Con unas cuantas pinceladas, breves y difusas, nos traza las coordenadas espacio-temporales de la narración. La lectura del mutilado gallego es exigente. Hay que estar con las orejas tiesas, concentrado y literalmente zambullido en su lectura para comprender la intensidad literaria de Valle-Inclán. A cambio se te ofrece el misterio que se desvela en cada frase, la satisfacción del descubrimiento del camino que te lleva de la mano al deleite literario.

“Los decadentismos de la generación nueva no los he sentido jamás”. Nos advierte este Don Juan que se resiste al encasillamiento de su manera de ser.

Como si de un preámbulo se tratara, nos pone en situación, nos da cuenta de las razones de su viaje. Bradomín – al mismo tiempo voz narradora - viaja a Méjico huyendo del desamor y del frío vernáculo. Nada mejor que “recorrer el mundo en romántica peregrinación” para desaprender unos amores desgraciados. Ungido de su espíritu rebelde y de la defensa de las tradiciones, ya se había exilado en Londres después de la rendición, de la traición del Abrazo de Vergara entre los generales Maroto y Espartero. Sus pasos le dirigen a Occidente, atraído por los colores crepusculares y el misterio que se sepulta junto a la tumba del sol, colores que se confunden con los tonos cobrizos y turbadores de los amaneceres en el remoto Oriente, en el lado oculto del planeta donde cada día se reaviva el milagro del alba y de los atardeceres incendiados de fuego.

Le atrae lo opuesto, los orígenes de una civilización distinta a la suya. Siente en su corazón aventurero la llamada de sus antepasados, los ancestros de su estirpe, antiguos conquistadores que marcharon a la Tierra Nueva a desbrozar caminos, roturar selvas y fundar conventos.

Fiel a su estilo provocador y escandaloso desde el principio, aboga por la vida licenciosa y disoluta de las mujeres que se ajuste y favorezca la perdición de los hombres: “A las mujeres para ser felices les basta con no tener escrúpulos”. Un arrepentimiento en última instancia, justo antes del embarque final, es suficiente contrición para saldar cuentas con el todopoderoso. A fin de cuentas es lo que hacen las marquesas gentiles con su confesión de los viernes por la tarde, antes de comulgar la vida la noche del domingo. Algo tan español como poner una vela a Dios y otra al Diablo.


"Hice el viaje a vela en una vieja fragata que después naufragó en las costas del Yucatán"

Bradomín
viaja por olvidar. Malherido el corazón, no sale del camarote de la fragata, La Dalila, más que nada por no sentir “vergüenza zoológica”. Restos del oprobio y del dolor por la Armada Invencible. Aún incrédulo -después de los siglos-, de que los huracanes se pusieran a favor de los herejes, vergüenza de los de su especie. Los recuerdos de viajes anteriores no le ayudan. Recuerda uno de peregrino a Tierra Santa junto a bigotudos mercaderes griegos enrojecidos por el sol, monjes armenios, príncipes napolitanos, toreros españoles o judíos rusos cuya algarabía le producía vértigo y mareo. De este viaje no soporta la “taifa luterana” de herejes y mercaderes sajones. Sólo al oscurecer, ausente la farándula, sube a cubierta y se pasa las horas muertas pensando en la popa. Arrullado por el silencio de la noche, ve engullirse en la inmensidad del océano la estela del velero, de la misma manera que desaparece de la arena, tapada por más arena, la huella del perdido sorprendido por un siroco en mitad del desierto: “El mar de las Antillas, con su trémulo seno de esmeralda donde penetraba la vista, me atraía, me fascinaba, como fascinan los ojos verdes y traicioneros de la hadas que habitan palacios de cristal en el fondo de los lagos”.



"Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres de fuego y helado metal,
hay mujeres consuelo, hay mujeres consuelo,
hay mujeres consuelo, mujeres fatal."
J. Sabina. Jaume Sisa





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.