
1836-1837-Paris-Dubochet
Seis días después de que DQ y S hubieran abandonado la venta en la que decidieron encaminarse a Barcelona sin tocar Zaragoza, con nada digno de ser contado, como si todas las aventuras de Aragón ya las hubiera narrado Avellaneda. Es la maldición del autor; Cervantes no quiere que les ocurra nada más en la tierra del autor falsario, en contraste con la entrada en Cataluña, preñada de aventuras.
La escena de la pelea de DQ y S crea malestar en el lector de espíritu más recio. La escena se culmina de noche; S, que se retira a cumplir la penitencia de los azotes, se topa con unos pies colgados de una encina que bailan al son de la orquesta que toca la música del vals de los ahorcados: bandoleros ajusticiados. Aparecen Roque Guinart, famoso bandido de la época; Claudia Jerónimo, que trae consigo la sangre, la muerte violenta y una visión paternalista, altruista y solidaria del bandolerismo al relato. Asimismo, el camino les da la oportunidad de toparse con gentes que van a embarcarse al gran puerto del Mediterráneo.
En una fresca mañana del mes de Junio, salen de la venta nuestros héroes camino de Barcelona. La preocupación de las cosas por hacer provocan el insomnio de DQ. Desesperado por la tardanza, indolencia de S en propinarse los azotes, pretende acelerar el proceso del azotamiento suministrándole unos dos mil a cuenta y así acortar el tiempo de Dulcinea encantada que ya se le alargaba según su parecer, que no es el mismo que el de S que lo impide, dejándole claro a su amo que sólo sirven los azotes que son voluntarios y cuentan los de mosqueo.

1742-London
1905-1908 Madrid
Al amanecer, cuarenta bandoleros de los vivos los cercan, los pillan por sorpresa sin que DQ tenga la oportunidad de empuñar las armas. Habrían desplumado a S de no ser por su jefe, Roque, que se lo impidió. Se lamenta DQ de que lo hayan pillado con la guardia baja. No habría sido tan fácil reducirle si hubiera estado vigilante, como así le obliga la caballería andante. Roque achaca la condición de DQ más a locura que a valentía.
A caballo aparece Claudia, hija de Simón Forte y ultrajada por Vicente Torrellas, de una banda rival, que viola, requebrola, hablole, enamorola, prometiole matrimonio, olvidósele la promesa y matole justo el día antes de consumar el ultraje "abriéndole las puertas por donde envueltas en su sangre saliese mi honra". Le ruega que la pase a Francia donde tiene parientes y que no permita la venganza sobre su familia. Roque quiere cerciorarse primero de la muerte de Vicente. DQ, apoyado por S, se ofrece a defenderla, algo que Roque no tiene en consideración, dejándonos la estampa de DQ relegado de protagonismo, simple comparsa de la historia.
En el lugar de los hechos hallan sangre y a sus criados que lo transportan aún vivo, pero pidiendo que lo dejen morir. Vicente desmiente que él fuera a casarse con Leonora y le pide la mano en señal de desagravio. Se desmayan ambos sobre la sangre. El ya no vuelve del mortal "parasismo", se le acabó la vida. Se le saltan las lágrimas al forajido curtido en mil batallas. Claudia, sin salir de sus desmayos, confiesa sus deseos de profesar. No acepta el ofrecimiento de Roque de acompañarla. Los criados se llevan el cadáver y el bandido vuelve con los suyos a tiempo de escuchar los consejos de DQ a sus hombres, relativos a abandonar esa vida tan peligrosa. Clamaba en el desierto DQ, al tratar con gente tan "rústica y desbaratada" que a punto estuvo de golpear con el mocho de su arcaduz a S que reclamaba los tres tocadores valiosos para su amo. S promete no volver a abrir la boca en el tiempo que estén entre ladrones. Sólo la intervención del jefe impide el castigo al escudero al exclamar: " Es tan buena la justicia, que es necesaria que se use aun entre los mesmos ladrones" al ser testigo del reparto tan equitativo del botín.
Roque sonríe ante el ofrecimiento de DQ de unirse a su oficio de caballero andante con el fin de acelerar el proceso de curación de bandido. El hidalgo ha debido de intuir algún indicio de continuación de la saga de caballero andante al hacer de confidente de las causas, ansias de venganza, que abocaron al bandolero a echarse al monte, a un modo de vida tan inquieto y sobresaltado.
Todavía un último episodio que tiene como protagonistas y víctimas de los bandidos unos personajes que van a Barcelona a embarcarse con destino a Italia. Entre ellos está la mujer y una hija del virrey de Nápoles, dos capitanes de infantería y unos peregrinos que a pie se dirigen a Roma. A todos se les trata y despluma según el recto parecer de los ladrones, excepto a los peregrinos que reciben en el reparto. También S, que acepta diez escudos para que haga de cronista favorable (oficio antiguo el de los "trincones" del sobre).
A uno de los bandidos que expresó su desacuerdo con el reparto, le abrió Roque la cabeza en dos como una calabaza por deslenguado y atrevido. Seguidamente se retira a escribir una carta de salvoconducto para DQ y S en su camino a Barcelona. Quiere que el solazamiento con su gracia sea monopolio de su bando, aunque confiese las escasas posibilidades de que no sea general. Convertir a DQ y S en el hazmerreir de la malsana curiosidad ciudadana solo se le podia ocurrir a catalanes, aunque sean forajidos, en similitud con la prohibición de la nada que estos días han legislado, porque la nada es hacer leyes en contra de no más de una docena de corridas de toros. El verdadero daño a los toros bravos ya se hizo durante más de veinte de jordipujolismo.
1938-Paris-Secretaire
Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D. Pedro Ojeda Escudero. Sigo sin Internet en casa por obras, seguiré haciendo los resúmenes del Quijote y subiéndolos cuando pueda, pero no podré comentar en los vuestros. Cuando esto termine, esperemos que todo pueda volver a la normalidad. Este lo subo desde un ciber en el Algarve donde las cosas del ordenador no son iguales .















