"Y, diciendo esto, [...] le asió de la suya, que ella le dio con las mesmas ceremonias"
1935 - Paris
DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.48
El autor nos introduce otra nueva pirueta narrativa en este capítulo que sigue con la separación de los dos protagonistas. Faltaba el cruce de personajes de la realidad del castillo, en este caso representada por la dueña Rodríguez, vieja conocida, que hace su papel real, con los que actúan en la farsa organizados por los duques. Las consecuencias para DQ de la excursión nocturna real de la dueña no difieren en lo sustancial de la anterior aventura, esto es: más magullamiento añadido al rostro señalado, “no por la mano de Dios, sino por las uñas de un gato”. La acción transcurre de noche en la realidad de DQ, con idas y venidas de luz en la habitación, que se puede abrir por fuera, en la que convalece DQ.
"Miróla don Quijote desde su atalaya"
1880-1883Barcelona-MontanerEn una de las noches de los seis días seguidos que llevaba enclaustrado el hidalgo, el ruido de una llave al girar en la cerradura sobresalta la soledad de DQ, candado en su habitación; oculto de la mirada de los demás por no hacer más sangre de la vergüenza sobrevenida del origen gatuno de las lesiones. Desde lo alto de la cama, envuelto en una colcha, ve entrar una vela portada por la mano izquierda, que deja ver a la dueña Rodríguez con anteojos, enmantada hasta los pies que “pisaban quedito y movía los pies blandamente.” La voz de DQ hizo que se aturullara, se apagara la luz y la dueña diera con sus huesos en el suelo, enredada en la manta.
DQ conjura tal presencia ofreciendo su brazo para salvar incluso a las almas del purgatorio, para eso y mucho más sirve un caballero andante. La dueña se le presenta y dice que quiere contar sus cuitas al remediador. El hidalgo acepta remediar siempre que abandone “todo incitativo melindre”; ya no está de provecho para nadie.
"Cide Hamete dice que por Mahoma que diera, por ver ir a los dos así asidos y trabados desde la puerta al lecho, la mejor almalafa de dos que tenía."
1989-Mainz-KrahenwinkelAl abandonar la dueña la habitación para encender la vela, sucede un monólogo de DQ en el que, a oscuras, duda de las buenas intenciones de una dueña que se presenta por la noche en la habitación de un soltero. En este momento tan comprometido para su honestidad, envidia a las señoras que tienen a las dueñas de estatuas hacendosas. Se revela consigo mismo por simplemente albergar la posibilidad de que una vieja con anteojos pueda tener atractivo. Dudas tremendas que le empujan a levantarse de la cama y cerrar la puerta por dentro. La dueña se dio más prisa en regresar con la candela encendida y teme también por su integridad. No esconde aquí Cervantes sus intenciones teatrales en una escena que provocaría la carcajada del público tanto como la de Cide Hamete en el paréntesis del guión de teatro: “por Mahoma que diera, por ver ir a los dos así asidos y trabados desde la puerta al lecho, la mejor almalafa de dos que tenía.”
Cuenta la dueña que a la corte de Madrid llegó desde Asturias a servir con una señora. Se queda huérfana y un escudero “apersonado” se enamora de ella antes de casarse, que tiene una hija y que se quedó viuda como consecuencia de un “accidente laboral” en el que se vio atravesado por un alfiler de la señora. Como consecuencia de ello, fue despedido y murió a continuación.
Le toca a DQ escuchar que la hija cuenta ya con 16 años, cinco meses y tres días. Un labrador rico se enamoró de ella, se juntaron sin permiso para poco después abandonarla con la deshonra a cuestas. La dueña recurre a DQ después del fracaso de sus intentos para que la intervención del duque, que hace “orejas de mercader” medie en la deshonra. En realidad, su hija merece más atención por parte del hidalgo que Altisidorilla “que no es todo oro lo que reluce”. Incluso la duquesa tiene unas fuentes en las piernas por donde desagua el mal humor; ámbar líquido debe de ser lo que de allí mana según DQ.
"otra persona, [...] le alzaba las faldas, y con una, al parecer, chinela, le comenzó a dar tantos azotes, que era una compasión"
1964-Madrid-NacionalSe le cae la vela a la dueña Rodríguez al abrir la puerta y alguien la agarra por la garganta “que no la dejaba gañir”, mientras otra la azota con una zapatilla. DQ, mientras tanto, amonado en la cama, no le vaya a tocar algo en el reparto. De poco le sirvió porque fueron a por él y le pellizcaron durante una batalla de media hora dejándole “doloroso y pellizcado, confuso y pensativo”.
"le pellizcaron tan a menudo y tan reciamente, que no pudo dejar de defenderse a puñadas"
1833-Roma-GentilucciAhora nos vamos a la ínsula a comprobar si S remedió su hambre y volvemos a dejar a su amo en la cama, más convaleciente aún después de la recaída.
"...vendado el rostro y señalado, no por la mano de Dios, sino por las uñas de un gato"
1843-Pforzheim-Finck
Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero